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Vidas e historias a la puesta del Sol

Qué diría usted si un amigo o un familiar lo invita a encontrarse en un cementerio al atardecer? Lo pensaría o tal vez dudaría de la cordura de quien le formuló la propuesta.

Un paseo cultural por el Cementerio Británico, el más cosmopolita y el único privado en Montevideo. Foto: L. Carreño
Un paseo cultural por el Cementerio Británico, el más cosmopolita y el único privado en Montevideo. Foto: L. Carreño
Un paseo cultural por el Cementerio Británico, el más cosmopolita y el único privado en Montevideo. Foto: L. Carreño
Un paseo cultural por el Cementerio Británico, el más cosmopolita y el único privado en Montevideo. Foto: L. Carreño
Un paseo cultural por el Cementerio Británico, el más cosmopolita y el único privado en Montevideo. Foto: L. Carreño
Un paseo cultural por el Cementerio Británico, el más cosmopolita y el único privado en Montevideo. Foto: L. Carreño
Un paseo cultural por el Cementerio Británico, el más cosmopolita y el único privado en Montevideo. Foto: L. Carreño
Un paseo cultural por el Cementerio Británico, el más cosmopolita y el único privado en Montevideo. Foto: L. Carreño
Un paseo cultural por el Cementerio Británico, el más cosmopolita y el único privado en Montevideo. Foto: L. Carreño
Un paseo cultural por el Cementerio Británico, el más cosmopolita y el único privado en Montevideo. Foto: L. Carreño

Sin embargo, desde hace un par de años los llamados "Encuentros a la puesta del sol" en el Cementerio Británico, se han convertido en un paseo cultural al que acuden cientos de personas, que llegan a ser varios miles en fechas como el Día del Patrimonio (4.000) o la Noche de los Museos (1.500).

La propuesta va por su tercera edición consecutiva y el año pasado el camposanto de Avda. Rivera y Nicolás Piaggio fue galardonado con un diploma de reconocimiento "por su gestión integral y su vínculo con la ciudad y sus nuevas generaciones", otorgado por la Red Iberoamericana de Cementerios Patrimoniales.

Shakespeare y santos.

El arquitecto uruguayo y gestor cultural Eduardo Montemuiño, luego de haber recorrido y comprobado el atractivo turístico que constituyen los cementerios de varias ciudades de América y Europa, elaboró una agenda temática cuyo eje central es la vida de personajes y personalidades que están sepultadas en el Británico. Presentó su proyecto a las autoridades de la Sociedad Civil sin fines de lucro que preside el antiguamente denominado Cementerio de los Ingleses, que lo vio como una oportunidad de relacionarse con la comunidad y el barrio de una manera diferente. No dudó en aprobarlo.

A la hora de bautizar su propuesta, Montemuiño apeló a un eufemismo: Encuentros al atardecer y también a Willliam Shakespeare o más concretamente a su obra de teatro Macbeth (la tragedia de la ambición), estrenada en 1606. Recordó su primer acto, cuando se levanta el telón y tres brujas prometen volver a juntarse en el yermo "cuando acabe el estruendo de la batalla y unos pierdan y otros la ganen; y antes de ponerse el Sol".

Originariamente el Cementerio Británico estaba en el ejido, exactamente donde hoy se levanta el Palacio Municipal. Allí eran enterradas las personas que no profesaban la religión católica. En 1884, el dictador Máximo Santos expropió el gran predio que era propiedad de la Corona de Gran Bretaña para lo cual el Estado uruguayo pagó una cifra que las crónicas de la época ubican en 20.000 libras oro.

Fue entonces que el nuevo campo santo comenzó a construirse en lo que en aquellos años era un yermo, muy lejos de la ciudad. Un lugar donde todos los vientos que subían desde el lindero Río de la Plata, constituían sus únicos vecinos. El nuevo terreno tenía casi cuatro hectáreas y había sido adquirido en 1875 por la Sociedad Inglesa.

Hace 130 años, en 1885, y en un operativo que insumió meses, comenzó el traslado en carros tirados por bueyes de los cuerpos y, en muchos casos, de las tumbas íntegras con su ornamentación. Desde entonces y hasta hoy, el Británico es el único cementerio privado que existe en Montevideo.

Su construcción coincidió con el reinado de Victoria y el comienzo del apogeo de la presencia e incidencia fundamental de Inglaterra en la economía uruguaya. Aun así, la colonia británica en Uruguay no superaba las 3.000 personas y si bien era la más poderosa, resultaba muchísimo más pequeña que la italiana y la española.

Entrar al Cementerio Británico es ingresar a un cuidado jardín donde ligustros y lavandas matizan el verde intenso de los árboles y del césped prolijamente cortado y surcado por limpios senderos. Todo allí es sobrio. El parque es la antesala del cementerio propiamente dicho, donde también imperan la sencillez y la pulcritud.

Cualquier asociación necrofílica que se quiera hacer con los Encuentros a la puesta del sol, está muy lejos de la realidad. Porque recorrer el Británico junto al arquitecto Montemuiño, como lo hizo El País el viernes último, resulta una experiencia enriquecedora. Allí están los sepulcros de muchas figuras que fueron protagonistas de la historia y la cultura uruguaya. "Se trata de hablar de las personas y sus vidas y con respeto", dijo Montemuiño a El País, al explicar el sentido de los paseos culturales.

El arquitecto, no sólo demostró tener un bagaje muy importante de conocimientos sobre los hombres y mujeres que allí yacen, sino también acerca del significado de los símbolos y figuras que adornan muchas de las tumbas.

Soldado desconocido.

El Británico es el único cementerio militar que existe en el país. En un sector claramente delimitado, están enterrados muchos marinos y soldados ingleses, norteamericanos, franceses y alemanes. En dicha área se encuentra la Tumba del Soldado Desconocido, en homenaje a los marinos ingleses que murieron en la Batalla del Río de la Plata, en diciembre de 1939.

Contrariamente a la que existe en París, debajo del Arco de Triunfo, ésta solo tiene una pequeña lápida vertical de mármol gris de menos de 50 centímetros de altura.

La tradición de la Marina de Inglaterra es arrojar al mar los cuerpos de los muertos en combate; pero en el caso de la Batalla de Punta del Este, en la que los británicos sufrieron más de 70 bajas y los alemanes 37, el mar se encargó de devolver a la costa uruguaya a varios de esos combatientes.

No sólo militares tienen su última morada en el Británico. Hay artistas, industriales y deportistas como la golfista uruguaya Helen Fay Crocker, ganadora del Open de USA en 1955, o Enrique Lichtemberger, fundador del fútbol uruguayo y del Club Albion. También descansan allí John Harley, primer técnico del seleccionado uruguayo, y el inglés William Leslie Poole, fundador de la Asociación Uruguaya de Fútbol.

De mujeres, música y fútbol


El próximo viernes 27 de marzo, cerrando las actividades del Mes de la Mujer, “Encuentros a la Puesta del Sol” estará dedicado a mujeres uruguayas que tuvieron un gran protagonismo en la música: Madame Suhr, Renée Bonnet de Pietrafesa y Mercedes Olivera, serán evocadas por el profesor y concertista Julio César Huertas. La cita es a las 18:30 horas. El 29 de mayo próximo, el profesor Alfredo Etchandy dará una conferencia titulada “A 105 años de la Celeste”.

EL CEMENTERIO EN CIFRAS


Un campo con 2.800 sepulcros


El Cementerio Británico ocupa cuatro hectáreas, cuenta con 2.800 sepulcros y desde su traslado a su actual emplazamiento de la avenida Rivera y Nicolás Piaggio, en 1885, se han realizado 9.000 entierros, según informó a El País, su administradora, Marta García.

Seis personas trabajan en el mantenimiento del predio, quienes además cumplen la función de sepultureros. Cuenta también con tres funcionarios que cumplen tareas administrativas.

El cementerio está abierto los 365 días del año. García subrayó que allí hay sepultadas personas de 50 nacionalidades y de todos los credos. Una de las tumbas más interesantes está ubicada a la izquierda de la capilla con el memorial de los combatientes ingleses en la Primera Guerra Mundial. La tumba pertenece a Stella Lavinia Spencer (Inglaterra 1884-Montevideo 1930). Para el arquitecto Eduardo Montemuiño, revelar el misterio de quién era la mujer de 46 años allí enterrada, es un deber que tiene. El epitafio, dedicado por su esposo, la describe como “una pionera e incansable trabajadora por la emancipación social y política de la mujer, poeta, artista, cuya devoción por el bien y la belleza fue el esfuerzo constante de su vida. Incluso en la adversidad”.

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