Daniel Scheck (1929-2015)

Una vida definida por imaginación y sensibilidad

Hay vidas y trayectorias que quedan como luminoso ejemplo y dejan una impronta inspiradora porque sus ideas y realizaciones marcaron hitos en diferentes ámbitos y trascendieron a su tiempo. En esa definición se refleja y destaca todo lo que hizo y logró con pasión, inteligencia, sutileza, sentido innato del humor e impulso emprendedor Daniel Scheck, quien falleció ayer a los 85 años de edad.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Daniel Sheck.

Hizo de cada día de su brillante trayectoria una oportunidad para imaginar, crear y realizar, en el periodismo, desde sus comienzos como cronista y comentarista deportivo de El País, en cuyos artículos ya expuso su agudo sentido de análisis, hasta que llegó por conocimiento y méritos propios al cargo de Administrador de la empresa en cuya etapa fundacional su padre, el Cr. Carlos Scheck había sido protagonista junto con Leonel Aguirre, Washington Beltrán y Eduardo Rodríguez Larreta. Se convirtió en un innovador permanente del periodismo y contribuyó de manera decisiva a que el diario conquistara la posición de liderazgo que mantiene hasta el presente, pero sin descuidar otra vocación como fue el humor, en el que accedió al primer plano de popularidad en la televisión de Uruguay y Argentina.

Daniel Scheck había nacido en 1929 en el seno de una familia, en la que su padre, hijo a su vez de un laborioso inmigrante alsaciano, trasmitió la consigna de no ahorrarle ningún esfuerzo a sus hijos para que se hicieran hombres comenzando desde abajo, tradición que continúa en la familia. Completó sus estudios secundarios en el Liceo Bauzá y su carrera de Doctor en Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad de la República. Pero, no tuvo oportunidad de ejercer. O, sobre la base de esa sólida formación, descubrió otras vertientes en las que encontró la posibilidad de encauzar su capacidad expresiva y de orientador y líder.

No solo en las páginas de El País, en la crónica deportiva y como redactor político, forjó su trayectoria periodística, sino también lo hizo en la fundación junto a su hermano Jorge de la Revista Lunes, en 1955, donde, por ejemplo, hizo "La lección de historia", una sección que escribía bajo el seudónimo de Profesor Viriatto, que fue disfrutada cada semana por los lectores. También incursionó por la Revista Reporter, entre 1959 y 1961, una publicación de análisis informativo de la que fue principal colaborador y redactor responsable.

Sin duda, fue en El País, donde encontró el ambiente ideal para promover un proceso de renovación y modernización, no solo de los conceptos periodísticos, sino también tecnológicos que afianzaron al diario en la vanguardia de los medios de comunicación en el mundo.

Los logros son elocuentes. Con sus hermanos Carlos Eugenio y Eduardo, creó El Libro de los Clasificados, una publicación que cambió los parámetros de comercialización en Uruguay, tanto desde la oferta de bienes, servicios y empleos, como desde la demanda, y que continúa hasta el presente con vigor en la edición dominical impresa y en su versión digital en la web.

Pero, también se anticipó a su tiempo al introducir lo que luego se hizo habitual: el concepto de que el diario, además del caudal informativo, cultural y de entretenimiento cotidiano, debía ofrecer como complemento obras de diverso tipo que fueron inmediatamente valoradas por un público que estaba ávido de recibir nuevas propuestas. El primer impacto fue el Diccionario Larousse, editado en una veintena de tomos de entrega semanal, que alcanzó gran repercusión en la sociedad, marcó un incremento significativo del ya amplio alcance de El País, y fue utilizado por docentes y alumnos en los centros de estudio, así como en miles de hogares uruguayos.

Otras colecciones, de historia universal, de arte, ciencia y una enciclopedia, siguiendo esa misma línea de aporte a la formación ciudadana, también se constituyeron en éxito.

Siempre estuvo atento a los cambios tecnológicos que surgieron en el mundo con ritmo incesante, a partir de la revolución digital, que marcó una realidad diferente a todo lo conocido desde la introducción de la imprenta, y planteó desafíos hasta ese momento desconocidos a los diarios en todo el mundo. Siempre alerta a los cambios, viéndolos como oportunidad y no como un problema, alentó el comienzo de El País Digital, el sitio web que al igual que el diario impreso, creció hasta conquistar a una enorme audiencia y posicionarse también como líder en la nueva era.

El aporte de su ingenio definió y se reflejó en las campañas publicitarias que realizó El País para difundir el diario, sus suplementos y publicaciones adicionales y coleccionables, y llegar al público con el mensaje exacto, en términos claros para todos, y de profundo contenido. Con pocas palabras expuso lo que no fue eslogan, sino la expresión elocuente de la realidad del panorama periodístico: "El País, ¡Primero Siempre!"

Esos son algunos de los numerosos logros que tuvo como Administrador, desde que asumió el cargo a partir del retiro de su hermano Carlos. Logros que, por cierto, no se limitaron al territorio de Uruguay, sino que tuvieron alcance internacional, porque en su visión la integración con otros medios del continente era una herramienta fundamental para afianzar la libertad de información y de expresión, así como continuar promoviendo la actualización conceptual y tecnológica de las empresas periodísticas. Esa percepción le llevó a desempeñarse como Presidente del Capítulo Uruguayo de la International Advertising Association, fundada en 1938, única asociación mundial que nuclea a medios de comunicación, anunciantes y agencias de publicidad, así como después fue representante de El País en la Sociedad Interamericana de Prensa, Director Ejecutivo y Presidente del Grupo de Diarios América —asociación integrada por diez diarios líderes del continente americano.

Su acción también marcó rumbos en la Asociación de Diarios del Uruguay, de la que fue presidente durante 17 años y desde la que contribuyó al fortalecimiento del periodismo y la defensa de sus valores fundamentales.

Su sensibilidad se tradujo en el apoyo a las artes plásticas como Director Ejecutivo del complejo MAC (Museo de Arte Contemporáneo) y la obtención del Premio Fondo Nacional de las Artes de la República Argentina.

Daniel Scheck manifestó su otra vocación en la televisión y el humorismo. Durante 18 años fue Presidente del Directorio de la Sociedad Televisora Larrañaga, Canal 12 de Montevideo, aportando sus conocimientos e inquietudes a ese medio dirigido con certero derrotero por su hermano Horacio.

Sin duda, su fallecimiento deja en orfandad al periodismo, pero también al humor. Hay quienes se destacan desde que su producción se interrumpió, pero ninguno llega al nivel que desde el arranque consiguieron los hermanos Jorge y Daniel Scheck, "Los Lobizones". Sobrevive Quino, que es algo posterior, lo mismo que Les Luthiers, cuyas "Noches Cultas" casualmente nacieron en Telecataplum como una continuidad de un sketch cuyo "presentador" era interpretado por Raimundo Soto.

En su libro "Estamos en el Aire", el argentino Carlos Ulanovsky destaca que el de Telecataplum fue el humor más inteligente de su tiempo y Jorge Nielsen recuerda en su historia de la televisión argentina, que "a partir de un lenguaje hasta allí desconocido… exigía concentrarse frente al televisor para no perder detalle de los gags y las ironías verbales".

"En casa —recordaba en vida Daniel— todos amábamos el humor y el espectáculo desde mucho antes de tener la responsabilidad de Teledoce. Papá nos reunía en la sala y allí aparecíamos con libretos que armábamos entre todos; la más graciosa era mi hermana Chicha", decía. "Y Lalo (por el Arq. Eduardo Scheck) era un gran imitador. Cualquiera de nosotros pudo crear Teledoce", señalaba con humildad.

Los premios que obtuvo junto con su hermano Jorge avalan la riqueza de su labor humorística: Telecataplum obtuvo el premio Ariel al mejor programa del año en 1962, a lo que seguiría el mismo lauro en los dos años consecutivos, así como el Martín Fierro en 1965, medalla de oro de Argentores al mejor libreto televisivo y el premio del Fondo Nacional de las Artes de la República Argentina.

Desde 1969 y hasta el final del periodo electoral de 1971, editó en El País una hoja satírica denominada "Página Cero". Concurría por la noche a verificar el armado de la página y aprovechaba para dialogar con los periodistas que estaban en la redacción a esa hora y con el personal gráfico.

Porque esa fue otra característica definitoria de la personalidad de Daniel Scheck. Siempre estuvo atento a los problemas personales que pudieran enfrentar los empleados de las diferentes secciones de El País —pese a la magnitud de la tarea que abordaba como Administrador— sugiriendo y haciendo realidad una solución o expresando una palabra de apoyo y que abriera el camino a la reflexión.

Antes que todo eso, Daniel Scheck fue un padre de familia absolutamente ejemplar y un amante esposo que tuvo la suerte de contar a su lado con Ángela Capdepon, una dama ejemplar. Difícilmente otra mujer hubiera sido capaz de acompañarlo en la complejidad e intensidad que marcan la vida de un creativo. Con ella formó una familia extraordinariamente cálida que supo encajar dentro de la compleja máquina de ideas que es El País.

Con los amigos era noble y estimulador hasta extremos desconocidos en las relaciones humanas. Era bueno de corazón.

Recibió numerosos premios y distinciones —casos del Sol de Iberoamérica 1995, la condecoración de la República Federativa de Brasil con la "Ordem do Rio Branco" en el grado de "Comendador" y otros múltiples lauros internaicionales por periodismo y publicidad— como lo mostraba su escritorio que estaba y está poco menos que tapizado de trofeos, placas y reconocimientos que dan cuenta de su enorme generosidad y su particular manera de lograr que las personas se sintieran bien en su presencia. Pero lo que más valoró fue poder dejar en cada jornada valores, conceptos e ideas que contribuyeran a realzar el periodismo como elemento dinamizador y enriquecedor de la sociedad. Es el legado que recogió y continúan sus hijos en El País, porque esa es una tradición familiar que se renueva.

"La imaginación es todo, es el anticipo de las diversas atracciones de la vida", afirmó Albert Einstein.

En su trayectoria, Daniel Scheck mostró esa imaginación y la postura natural de anticiparse a su tiempo.

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