Aplican un plan innovador que permite terminar el Ciclo Básico en un año

La vida cambia para los ex alumnos adultos del Jubilar

Claudia Varela tenía 41 años cuando comenzó el liceo. Cuando era adolescente no pudo estudiar, después vinieron los hijos y se dedicó a trabajar como empleada doméstica. Su hija Jessica es una de los 193 alumnos del Liceo Jubilar Juan Pablo II del barrio Casavalle. Claudia tiene 42 años, ya egresó y ahora estudia para ser auxiliar de registros médicos.

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El Jubilar abre sus puertas a vecinos y padres que no pudieron estudiar. Foto: M.Bonjour.

En pocos meses tendrá un título.

El liceo para adultos del Jubilar aplica un método casi exclusivo. Los estudiantes pueden culminar el primer ciclo de Secundaria (lo que sería de primero a tercero) en un año con clases los días lunes, miércoles y viernes de 18.00 a 21.00.

Además, los programas están enfocados en las competencias adquiridas por experiencia, algo que permite transferir los conocimientos de manera más veloz y dinámica.

Aplican la modalidad B del plan llamado "Uruguay Estudia", diseñado por el Consejo de Educación Secundaria y aplicado de manera experimental en el Jubilar y en otro centro de enseñanza. Una vez culminado el curso, los egresados pueden ingresar a Bachillerato, a las escuelas Técnicas de UTU o en otro tipo de academias.

El subdirector del liceo, Ernesto Correa, explicó que los alumnos deben aprobar todas las materias del Ciclo Básico en dos semestres. Para culminar cada período deben realizar un proyecto grupal y defenderlo delante de la clase.

A su vez, los docentes proponen actividades fuera de las aulas, entre ellas se encuentran visitas a museos de acuerdo a ciertas pautas de observación. Con esa tarea, los alumnos realizan monografías que les permiten acumular puntos para aprobar las materias.

Correa explicó que "los liceos nocturnos tienen un alto nivel de deserción por problemas laborales o familiares de los alumnos".

El abandono en el Jubilar no llega al 20%, una cifra exigua si se la compara con opciones similares en otros servicios educativos. "En los trabajos les cambian el turno o los obligan a quedarse, además está todo lo familiar", indicó Correa.

Difícil.

En el año 2012 el barrio Casavalle fue escenario de varios "megaoperativos" policiales. "Oscurecía y los vecinos no podían salir de sus casas, varios alumnos dejaron de venir al liceo por esa causa.

Ahora las cosas están un poco mejor, más estables, hay más presencia de organizaciones estatales y privadas", afirmó el docente.

No es nada fácil ser alumno del Jubilar. Hay apenas 120 lugares ya que todos los años queda mucha gente fuera. Las preinscripciones para 2016 se desarrollaron durante la semana pasada.

Una mujer hizo cola desde las 7.00 y recién la atendieron a las 16.00. Presentó un documento que acredita que tiene más de 21 años y explicó su situación familiar. Ahora deberá esperar, su nombre compartirá el bolillero con otros vecinos que también se inscribieron.

"Muchos vienen desde el trabajo, sin merendar. Es increíble el sacrificio que hacen. La gente necesita espacios de participación y oportunidades reales", dijo Correa.

La experiencia con adultos está cumpliendo cinco años. Comenzó con el pedido de los padres de alumnos que por distintas razones habían abandonado los estudios. Después vinieron los vecinos que no tienen hijos en edad liceal.

Tres mujeres tras una oportunidad.

Hace tres años una mujer de 80 años se presentó a tomar clases en el Liceo Jubilar. Junto a ella aparecieron su hija y una nieta. Las tres culminaron el Ciclo Básico. Cuando le preguntaron a la mujer por qué quería hacer el liceo, la abuela respondió con pocas palabras. En su respuesta utilizó la término "dignidad" y dijo que "había que demostrar que se puede cuando hay oportunidades", según contaron docentes del Jubilar.

500 egresados en cinco años.

El proyecto del Liceo Jubilar para adultos ya tiene cerca de 500 egresados y le ha cambiado la vida a decenas de familias. Algunos de los ex estudiantes adultos ya están trabajando tras culminar distintas carreras o cursos cortos. "Tenemos ex alumnos trabajando como enfermeros, por ejemplo y en otras actividades. Hay otros que están estudiando en universidades que tenemos convenio o en UTU. Todo surge de la motivación y entusiasmo de ellos mismos", subrayó el subdirector Ernesto Correa.

"La propuesta surgió como un pedido de los padres y vecinos. La idea era tener un solo grupo pero desde el primer año el fundador, el padre Gonzalo Aemilius, vio que había que ampliarlo y tuvimos cuatro, dado que la demanda era muchísima", señaló el docente.

El liceo para adultos, como el de adolescentes, se financia con aportes de empresas y particulares, los alumnos contribuyen con lo que pueden y colaboran con el mantenimiento del edificio o tareas de limpieza, pero en términos formales es gratuito.

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