LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTÓN

Vengan, pero con paciencia

La aventura de Alas Uruguay ha llegado a su fin. Quizá nunca lleguemos a saber cuánto nos costó este hijo de Mujica, el Pit-Cnt y los trabajadores de la ex Pluna. Y seguramente nunca pueda recuperarse el dinero de los contribuyentes que el Estado, graciosamente, puso para viabilizar lo que tantos alertaron, desde su gestación, que sería inviable.

Ahora la situación ha cambiado. Ya no hay dinero para seguir financiando el sueño voluntarista de algunos. Por eso, el gobierno de Vázquez sale de apuro, aunque con buen tino, a buscar salidas para enfrentar el desastre que le dejó su antecesor. ¿Qué se hace con los trabajadores que forman parte de Alas Uruguay? ¿Se les dice que se terminó lo que se daba y que se busquen otro empleo, que es por cierto lo que hace un emprendedor cuando el negocio que soñó termina por fracasar? ¿Se ejecutan las garantías que los dirigentes de esta fallida empresa cooperativa pusieron a la hora de solicitar unos cuantos millones de dólares al Fondes? ¿Se pasa todo a la cuenta del olvido, porque total es dinero de los contribuyentes, y aquí no ha pasado nada?

La administración Vázquez parece haber tentado a la aerolínea privada brasileña Azul, en franco crecimiento en el país vecino, para que venga a invertir a Uruguay. Y la tentación pareciera haber dado resultados. Los medios informan que la empresa podría desembarcar en Uruguay con seis aviones, mejorando fuertemente la conectividad del país, y de paso tomando a una parte importante del personal de Alas Uruguay.

El negocio parece redondo. Pero —siempre hay un pero— la aerolínea brasileña condiciona su llegada a que la certificación de sus aviones se realice con la celeridad debida. ¿Por qué pondría alguien una condición semejante?

Las certificaciones de estos aviones debe realizarlas la Dirección Nacional de Aviación Civil (Dinacia). Y los brasileños parecen haberse enterado que en Uruguay estos trámites demoran un poco más de la cuenta. De hecho, las certificaciones de Alas Uruguay demoraron 18 meses. Sí, 18 meses. Y una aerolínea regional, que se disponía a ampliar su malla trayendo tres nuevos aviones a Uruguay, esperó ocho meses las certificaciones correspondientes hasta que se cansó y se los llevó a Chile. ¿Cuánto demoraron en Chile para certificar los aviones? Un mes.

¿Se entiende? Lo que en Chile se hace, y se hace bien, en apenas un mes, en Uruguay tarda no menos de 8 meses y puede demorar hasta 18 meses.

Pocas cosas muestran de manera más palmaria el estado de cosas que hoy se vive en el país. El gobierno sale al mundo, con acierto, a pedir inversiones. A tratar de generar oportunidades y trabajo. ¿Y qué hacemos cuando logramos tentarlos? Los corremos, con una burocracia infinita que nadie tiene por qué soportar, paros, ocupaciones y piquetes derivados del desborde sindical que soportamos, y una clase política a la que le cuesta hacer lo que hay que hacer para que el país funcione.

Que de eso se trata. ¿O no?

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