Romeo Pérez - Historiador y politólogo

"Vázquez apuesta que Scioli rompa con los K"

El historiador y politólogo Romeo Pérez dijo a El País que la relación binacional con Argentina "se encrespó a partir de 1947".

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Según Pérez, "Alfonsín tenía relación estrecha con Sanguinetti, Wilson Ferreira y Seregni".

—¿Existen afinidades de larga data entre los partidos uruguayos y argentinos?

—En el siglo XIX más que afinidades había partidos transfronterizos. Los blancos se identificaban con los federales y los colorados con los unitarios. Luego los partidos tomaron más autonomía, aunque nunca estuvieron divorciados. El radicalismo argentino tuvo afinidades objetivas con el batllismo por el impulso de las reformas laborales y con el Partido Nacional por la lucha por las garantías del sufragio, el pluralismo y la rotación en el poder. El Partido Comunista de Uruguay veía al radicalismo argentino como "reformismo burgués". El socialismo uruguayo le dio un poco más de crédito.

—¿Cómo fue la relación de los partidos uruguayos con el primer peronismo?

—La relación binacional con Argentina se encrespa a partir de 1947. Fue el gran "pico" de tensión en la relación antes de los problemas entre Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez. El otro "pico" de tensión se había saldado con el protocolo Ramírez- Sáenz Peña de 1910 que declaró el Río de la Plata como un bien común. Es que Luis Batlle y la fracción independiente del Partido Nacional con los diarios El País y El Plata eran hostiles a (Juan) Perón. El herrerismo estaba más consustanciado con su programa de reformas nacionalistas. El comunismo uruguayo estaba alineado con la Unión Soviética y se oponía a la "tercera posición" de Perón que no se quería alinear ni con la URSS ni con Estados Unidos. El socialismo de Emilio Frugoni, al igual que el argentino, era antiperonista porque además el peronismo tenía ribetes dictatoriales innegables. Luego el socialista Vivián Trías, historiador revisionista, tuvo una simpatía fuerte hacia el peronismo. Al aparecer, el Frente Amplio no tenía afinidades claras en Argentina.

—Durante la dictadura uruguaya, ¿cómo fue la relación entre los partidos uruguayos y argentinos?

—El radicalismo y parte del peronismo tuvieron relación con la oposición uruguaya. Raúl Alfonsín tenía relación estrecha con Julio María Sanguinetti y Wilson Ferreira Aldunate y, en cierta medida, con Líber Seregni.

—¿Cómo interpreta el acercamiento del oficialismo uruguayo con el argentino?

—Desde la paz de 1872 la mediación democrática en Uruguay se da a través de los partidos. Pero el peronismo, salvo algún período, ha sido un movimiento. Un movimiento se considera el único gobernante legítimo de la nación. A los adversarios les niega legitimidad. Esto es algo que con Cristina Fernández de Kirchner se ha llevado al extremo. Daniel Scioli viene a buscar votos y Vázquez lo recibe para pagarle la visita que hizo entre la primera y la segunda vuelta de las elecciones uruguayas. Seguramente Vázquez confía en que, si gana, Scioli se desprenda del sector K y tenga una postura de más apertura al mundo. Es lo que suelen hacer los presidentes peronistas nuevos; Néstor Kirchner cortó vínculos con Eduardo Duhalde que lo había ayudado. Scioli podrá o no hacerlo. No sé si tiene la personalidad necesaria. No parece demasiado deslumbrante. Fue menemista, duhaldista y kirchnerista. Raúl Sendic y José Mujica van más allá de Scioli y en una puja entre él y los K, estarán con los K. De una parte y otra son posturas oportunistas sin un calado hondo.

—¿Pero y si ganara en Argentina Mauricio Macri?

—No se puede dar el lujo de pasar facturas. Tiene que distender la relación con Uruguay. En su programa de mayor apertura tiene una afinidad con Vázquez, Danilo Astori y Rodolfo Nin Novoa.

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