Telmo Languiller

El uruguayo que conquistó Australia con votos islámicos

Es el presidente de la Cámara de Representantes del estado de Victoria (Australia), el segundo más poderoso del país. Nació en Uruguay. Hasta el año 1973 era un militante radical. En el exilio se volvió un “convencido socialdemócrata” que alcanzó las más altas posiciones en la política australiana.

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"Equivocamos los métodos; hoy soy un apasionado de la socialdemocracia"

Se vinculó con el Partido Laborista mientras trabajaba en temas de Derechos Humanos. Su partido le ordenó hacerse cargos de los temas sindicales y religiosos. Luego se vinculó a las comunidades indias y árabes donde cosechó el grueso del electorado. Está buscando ampliar los lazos comerciales con América Latina para lo que pide compromiso a los gobiernos.

—¿Qué recuerda de su niñez uruguaya?

—La escuela Sarmiento, peleando con los maestros por esas cosas que enseñan ellos: disciplina, orden, educación, códigos, respeto a los padres. Me enseñaron de Artigas, Sarmiento y Varela, lo más lindo que tiene este país. Me crié en el barrio Palermo pero también en la Ciudad Vieja y Aduana porque mi padre era marino mercante. Jugué para La Escalinata donde descubrí que no podía ser futbolista.

—¿Dónde hizo el liceo?

—Fuimos al nocturno del liceo 5, José Pedro Varela. En esa época trabajaba de día en almacenes, ferias, vendía diarieros, lustré zapatos. Ahí conocimos la calle, que era más dura que hoy porque era la ley del más fuerte. Había que ganarse las esquinas.

—¿Cuándo se fue de Uruguay?

—Me fui a la Argentina en noviembre de 1973 cuando tenía 16 años. Allí estuve hasta 1974 cuando partí hacia Australia. A los 21 años retomé la secundaria y luego hice la universidad con esfuerzos enormes porque sabía muy poco inglés.

—¿Por qué se fue?

—Yo era militante estudiantil, era de los que creíamos que íbamos a cambiar la sociedad.

—¿Cómo cree que le fue a esa generación?

—En un sentido no fue bien, mantenemos códigos importantes. Cosas de barrio, la solidaridad con los vecinos. Íbamos a cambiar el mundo pero equivocamos los métodos. Hoy soy un apasionado socialdemócrata australiano, apasionado con la democracia y en el pluripartidismo. Los cambios vienen con los debates profundos y respetuosos con buenos argumentos.

—¿Es un ex comunista?

—No, yo pertenecí a una organización más radical todavía: el FER 68 (Frente Estudiantil Revolucionario). Radicalísimo. Después pasé por las filas frenteamplistas. No me arrepiento de nada. Fue una época muy dura, si todas las fuerzas políticas hacemos una reflexión tenemos que decir que nos equivocamos todos. Con la experiencia que tengo hoy, no haría muchas cosas, pero todo aquello sirvió porque de los errores también se aprende.

—¿Cómo llegó a la política?

—Cuando llegué a Australia me dediqué a la militancia por los Derechos Humanos. Trabajábamos en un grupo con latinoamericanos y gente de Namibia. Nosotros estábamos con Convergencia Democrática, que presidía Juan Raúl Ferreira con el pastor Emilio Castro. Un día llegaron dos hombres blancos de ojos azules. Quedamos paralizados, creíamos que eran de la CIA. Uno de ellos era Brian Howe, líder prebisteriano que luego sería vice primer ministro del país, un gran pacifista y socialdemócrata. El pastor Castro me dijo que era uno de los pocos amigos que teníamos en Australia. Tiempo después me encontré a Howe en una conferencia y le dije que lo supuse agente de la CIA. Me invitó a trabajar con él y me encargó de las relaciones con las denominaciones religiosas y el movimiento sindical. Hasta que en 1999 me convencieron de ser candidato y asumí una banca. Ahora estamos ocupando este cargo que, entre otras cosas, se ocupa de las relaciones internacionales. Una de las promesas es abrir dos oficinas de intereses en América Latina.

—¿Cómo fue la relación con los sindicatos?

—Era la época en que hicimos las grandes reformas, abrimos el país al mundo, había que convencer a los sindicatos para que se modernizaran para ser el país que hoy somos. Tuvimos que liquidar la industria del textil, del cuero y del calzado. Fue difícil.

—¿Ser inmigrante fue importante para su carrera política?

—Cuando se manejaba mi nombre para ocupar el cargo actual el gobernador de Victoria me envió un mensaje que dice: "contando tu historia, contamos la historia del país". Australia es un país de emigrantes que llegamos con una mano atrás y otra adelante. Recibimos 150.000 personas por año, muchos vienen de Cercano y Medio Oriente o África. Ahora llegarán unos 15.000 sirios. Estas cosas se dan en un país que ofrece oportunidades. Pero estoy convencido que el individuo tiene que poner lo suyo y no esperar todo del Estado. Yo trabajé y estudié hasta la madrugada durante años.

—En su distrito electoral la comunidad islámica es muy fuerte junto a emigrantes provenientes de la India. Allí están sus votos. ¿Cuál es la fórmula para relacionarse armoniosamente con el mundo de los musulmanes?

—Trabajamos muy bien con las comunidades islámicas. Hay que hacerlo con respeto y escuchando. En mi distrito tengo dos mezquitas y dos templos hindúes. El tema del terrorismo es un asunto de criminalidad y lo manejamos de manera muy seria. No justificamos ningún evento violento. Eso no es negociable en ningún lado. Ahora, si los islámicos no se sienten identificados socialmente con el país, la cultura o el parlamento, van a tirar piedras desde afuera. Por eso creemos en la integración y la educación. No podemos aplicar un sistema de igualdad en esto, precisamos más equidad. Hay que trabajar con personal bilingüe. Estamos trabajando con los deportistas o artistas islámicos para que vayan a hablar de integración a las escuelas y mezquitas.

—¿Cómo es el manejo político con respecto a la presencia de los musulmanes?

—Es un gran desafío para Australia. En el estado de Victoria la política hacia la temática multicultural es bipartidaria. Estamos todos de acuerdo. Vengo yo, que soy laborista y viene un liberal y ambos vamos a decir y hacer lo mismo. Así es que tenemos chance de solucionar el problema. Este no es un tema que se use para ganar votos. Todos los partidos le cerramos las puertas al racismo.

—¿A qué apunta cuando habla de educación?

—Les financiamos sus actividades para desarrollar el espíritu de pertenencia. Con respecto al presupuesto educativo, destinamos más fondos para que los mejores docentes trabajen en los lugares más complicados. No es razonable pagar lo mismo a todos los directores de escuela porque los desafíos son distintos. También pagamos a los maestros cuyos alumnos con tienen formación académica. La zona que yo represento la mayoría de los padres no tienen formación, no hablan inglés y no tienen acceso al arte o el deporte. Por eso desarrollamos programas especiales con los directores de escuela que han conseguido muy buenos resultados.

—¿Es cierto que tiene relación personal con el primer ministro de la India, Narendra Modi?

—Sí, lo conocí por las relaciones interparlamentarias y personales. Participamos de su reciente asunción especialmente invitados. Mi director de campaña es de origen indio. En su tradición religiosa para su redención, tienen que dar y hacer algo por su comunidad. En mi zona cinco días a la semana llevan el desayuno a 300 niños escolares que no son de su comunidad. ¿Cómo creen ustedes que los ve la gente?

"Que los ministros viajen a Australia"


El gobierno de Australia, y en particular el de Victoria, fijó como prioridad la integración comercial entre América Latina. Según Languiller, hay "voluntad política" para buscar alianzas que permitan hacer negocios con India y China en el rubro alimenticio.

Al respecto, el diputado australiano nacido en Uruguay entiende que debería surgir una alianza comercial para colocar de manera conjunta la producción de países como Argentina, Brasil, Paraguay, Chile, México, Uruguay, Australia y Nueva Zelanda. Una de las primeras etapas sería con presencia directa oficial.

En noviembre próximo se producirá la Conferencia Mundial de Minería en el estado de Victoria. Ya confirmaron su presencia 17 ministros de energía, petróleo y minería de distintos países. Languiller pretende que Uruguay esté presente.

"Traemos una invitación para la ministra de Industria porque necesitamos presencia de ministros", afirmó.

El diputado recordó que hace pocos meses el estado de Victoria puso dos ministros en terreno americano acatando una orden del premier a sus ministros: "viajen, viajen, viajen". "Después vienen las cámaras empresariales", aseguró el uruguayo.

Perfil.

Nombre: Telmo Languiller - Nació: En Montevideo - Edad: 58 años - Otros datos: Tiene 4 hijos

SABER MÁS

Toma mate en el Parlamento.


Hijo de una familia humilde, fue un militante radical de izquierda durante los primeros años de 1970. Tras el golpe de Estado de 1973 se radicó en Argentina y luego se refugió en Australia. Allí trabajó en distintos oficios hasta que retomó los libros, terminó la secundaria y obtuvo un grado universitario en arte con mención en Sociología en el Instituto Tecnológico Footscray de Melbourne.

Soñó con ser abogado pero el nivel de inglés que tenía en aquellos años no le alcanzaba. Después vino la carrera política y los vínculos internacionales. Hizo un capital electoral entre los emigrantes del mundo árabe y de la India. En 2014 alcanzó la presidencia de la Cámara de Representantes del estado de Victoria, uno de los cargos más importantes logrados por un latinoamericano. Dicen que toma mate en el Parlamento.

Ahora vuelve a Uruguay con el objetivo de incrementar la integración comercial entre los países productores de alimentos del sur del mundo. En la mañana de ayer fue declarado Ciudadano Ilustre de Montevideo.

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