VAIVENES DEL CRUDO EN EL MUNDO

Uruguay, bastión de las naftas caras

El mediodía de Navidad un solitario policía custodiaba la Aduana uruguaya en el puente de Río Branco. Del otro lado, en Yaguarón o Jaguarão, los puestos de Policía y Aduanas estaban cerrados a cal y canto.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Estación de combustible en Montevideo. Foto: Archivo El País

No había manera de formalizar el ingreso de personas y vehículos a Brasil. Pocos metros más allá, una estación de servicios de la cadena Ipiranga, que no cierra ni que vengan degollando, ofrecía gasolina común, equivalente a la Súper de 95 octanos, a 3,3 reales por litro, unos 29,40 pesos uruguayos.

A 140 kilómetros de allí, en los suburbios de la ciudad de Pelotas, la gasolina se vende a menos de tres reales el litro, unos 26,50 pesos. Una ganga. En Uruguay lo mismo costaba 41,80, un 63% más. Una relación similar existe con la gasolina argentina, pese a que el cálculo varía mucho según se tome como referencia el cambio oficial o el libre o negro. Por fin el jueves la petrolera estatal uruguaya Ancap redujo en 2,96% el precio de la nafta Súper: de 41,8 a 40,6 pesos. Fue un paso apenas simbólico. Demasiado poco y demasiado tarde en comparación con lo que ocurre en el resto del mundo.

Esta semana el precio internacional del petróleo se ubicó en torno a los 50 dólares por barril, la mitad de lo que valía a principios del año pasado. La explicación del fenómeno es sencilla: hay demasiado petróleo en el mercado —sobreoferta y stocks abundantes— y la situación no debería cambiar mucho en los próximos meses. En consecuencia el precio de los combustibles cayó en casi todas partes del mundo.

Sin embargo Ancap mantuvo durante un año redondo los precios de sus productos, que tradicionalmente son de los más caros del mundo.
Más de 150 países, entre ellos todos los de América, ofrecen combustibles más baratos que los de Uruguay.

El precio promedio mundial por litro ronda los 26,5 pesos uruguayos. Sólo Reino Unido, Grecia, Dinamarca, Hong Kong, Noruega, Italia o Noruega ofrecen gasolinas un poco más caras. Pero, en compensación, allí los coches y máquinas de transporte son más baratos, el transporte público es sustancialmente mejor y los ingresos más elevados.

Ahora la oferta de petróleo en el mundo supera a la demanda y el precio se hunde incluso a menos de 50 dólares el barril. Es un cambio enorme en el mercado, más aún si se tiene en cuenta que a mediados de 2008 el barril rozó los 150 dólares.

En casi todo el mundo los combustibles sufren pesados tributos (el caso inverso acontece en Venezuela, donde se regala por razones políticas, hasta el punto que un tanque de 45 litros puede llenarse por 15 pesos uruguayos). Los productos de Ancap también son caros por cuestiones de escala, por los subsidios cruzados a otras actividades del ente y por ineficiencias propias de la empresa pública, que no debe competir con nadie y puede transferir con libertad todos sus costos a las tarifas. Uruguay sufre la baja del precio internacional de la soja, que desde 2013 es su principal bien exportado en vez de la carne.

La principal amenaza para la economía uruguaya en el futuro inmediato será su escasa competitividad, según opinó la mitad de los jerarcas de 86 empresas grandes y medianas encuestados por la consultora KPMG. La competitividad no sólo depende de los combustibles, por supuesto, sino también de factores como la calidad, productividad y costo de la mano de obra, el costo del Estado y los servicios o la infraestructura nacional disponible, entre otros. Pero Ancap es una variable esencial.

No podrá continuar eternamente la política de “recuperar sus finanzas”, como la definió su presidente, José Coya, ni tardar tanto para alinearse con el mercado internacional, so pena de contribuir a profundizar la ya notoria desaceleración de la economía.

En el mundo, las contorsiones del mercado petrolero mundial confirman el fin del auge de las materias primas o commodities, al menos por un tiempo, que incluye también a los minerales, la soja y los cereales, y que benefició a América Latina en la última década.

Los países petroleros que vivieron y gastaron al límite están en serios problemas. El gobierno de Ecuador redujo su presupuesto y suspendió un aumento salarial a los funcionarios públicos, el de Rusia se hunde y el de Venezuela está al borde de la ruina. Los productores agrícolas, incluidos los de Uruguay, ajustan sus costos y proyectos, pues los márgenes de ganancias se tornan delgados. (Lea el informe completo en la edición impresa de El País)

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)