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El buque insignia de la Armada uruguaya, el Capitán Miranda, llevó ayer a unas 80 personas, invitadas por el Ministerio de Turismo, que disfrutaron de una jornada de navegación desde el puerto de Punta del Este a la Isla de Lobos: autoridades y personal del Ministerio de Turismo, jerarcas navales, periodistas y modelos, incluyendo la flamante reina de Punta del Este y su séquito, ejerciendo su nueva condición de embajadoras de la belleza, el embajador de EEUU Martín Silverstein y familia.
Durante este gobierno, el Ministerio de Turismo intentó elaborar un plan para abrir la isla a visitas controladas y llamó a expresiones de interés. Una empresa española presentó una iniciativa que se consideró seriamente pero luego fue desestimada. "Tenemos un proyecto que quedó en suspenso, que era bastante bueno, basado en un ecoalbergue y pasarelas de madera; a veces no se puede hacer todo lo que la comunidad científica quisiera porque a uno le gustaría tener visitas solamente de 8 a 10 de la mañana, pero a esa hora no se puede llevar a nadie. Entonces hay que estirar los horarios, ver cuánta gente soporta y a su vez escuchar a los científicos porque si ellos dicen que puede afectarse la fauna del lugar hay que tratar de hacer lo posible por mitigar eso", explicó Pedro Bordaberry, ministro de Turismo. El secretario de Estado considera que hoy no está dada la madurez de ese relacionamiento entre la comunidad científica y la comunidad turística.
Con el escenario planteado de esa forma, las visitas a la isla son muy esporádicas, casi tanto como a la base uruguaya en la Antártida. En la isla vive un funcionario de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara) y dos de la Armada. Uno de ellos pertenece al Servicio de Balizamiento de la Armada, el marinero de primera Luis Martínez, encargado del faro. Además, desde noviembre está instalada allí una estudiante de biología, Valentina Franco, de 25 años, que prepara su tesis de grado basada en el comportamiento maternal de los lobos marinos.
LOBOS. Sólo nueve de los pasajeros del Capitán Miranda bajaron en la isla: dos periodistas y un fotógrafo de El País, dos modelos del staff de Pancho Dotto junto con el manager argentino y un fotógrafo, un periodista de Clarín y un fotógrafo del Ministerio de Turismo.
Desde el mar, cientos de lobos finos siguen con curiosidad el corto trayecto en "chinchorro" desde el buque escuela al muelle quebrado de la isla, único acceso. Junto al muelle, en unas piscinas naturales en las rocas, las lobas enseñan a sus crías de dos meses a nadar. El concierto permanente de los aullidos de los mamíferos marinos y los graznidos de gaviotas, el intenso olor a lobo marino y las nubes de moscas verdes dan fe de que allí manda la fauna salvaje.
En el último año no se censó la población de lobos marinos, por falta de recursos. Según Franco en la isla viven unos 200.000 de los 350.000 lobos marinos de pelo fino de la costa uruguaya. En todo el país hay entre 12.000 y 15.000 lobos peluca (leones marinos), una cifra que va en descenso. Ayer, en la playa de Lobos, también descansaban tres enormes elefantes marinos que en esta época cambian de piel.
La antigua lobería de ILPE está cerrada pero conserva los encierros en los que se realizaban las matanzas anuales en la zafra lobera. Las faenas fueron suspendidas en 1997, luego de que la colonia se vio gravemente afectada por el derrame de petróleo del buque San Jorge en el mes de febrero. Los pescadores de Punta del Este votarían por su reanudación ya que aducen que los lobos compiten con ellos por el pescado. Valentina Franco asegura que la población lobera está completamente recuperada de aquel desastre ecológico.
41 HECTAREAS. Los movimientos del grupo de visitantes son muy limitados en la isla de 41 hectáreas. Apenas se pueden recorrer los accesos a la playa y las edificaciones, y hacer una corta caminata hasta el pie del faro erigido en 1906. Desde 2001, es el primer faro automatizado de Uruguay y es alimentado por energía solar. Su luz tiene un alcance de 19 millas marinas (unos 35 kilómetros) con una lamparita de 12 voltios. Un faro accesorio, de menor porte, marca el islote ubicado sobre la costa suroeste.
Después de subir los 240 escalones hasta la cumbre del faro de 64 metros de altura se obtiene una vista completa, que incluye una amplia panorámica de Punta del Este y la costa de Maldonado. Luis Martínez está destacado en la isla desde 1999 y es un excelente guía. Explica con claridad los detalles del funcionamiento del faro, señala los sitios de naufragios y habla de los lobos con familiaridad.
La modelo argentina Antonella Garnero y la uruguaya Lucía Carriquiry (flamante incorporación al elenco Dotto) posaron para el fotógrafo en el faro, en el muelle de la isla, en el Miranda. Las imágenes, destinadas a la prensa argentina, son una forma más de "marketinear" el Uruguay turístico.
La fauna y el faro
Las visitas a la Isla de Lobos son esporádicas ya que no hay un plan de explotación turística de la isla. Se puede recorrer su costa embarcado, desde muy cerca, e incluso bucear. En el agua, los lobos no son peligrosos, aunque en tierra no conviene acercarse a ellos.
Otro atractivo es la cantidad y variedad de aves que viven permanentemente en la isla o hacen escala en sus migraciones. Algunas de las especies que se pueden apreciar son mixtos, tordos, chingolos y golondrinas de mar.
El primer faro de la isla fue instalado en 1853, pero como se consideraba que la luz ahuyentaba a los lobos fue trasladado a Punta del Este. El actual fue licitado en 1904, comenzó a ser erigido en 1905 y fue inaugurado el 18 de julio de 1906. Su foco cubría 22,7 millas marinas y fue el faro más potente de Sudamérica.