Un mate para el Che Guevara

DIEGO FISCHER

Qué población tiene Cuba hoy?", preguntó Haedo. "Casi siete millones", respondió el carismático visitante. "Supongo que ya no cuentan los que se han ido por la revolución", replicó el dueño de casa. " A esos no los contabilizamos, pero a los que entraron con la invasión sí", respondió el enviado de Fidel Castro.

Palabras más palabras menos, así comenzó la histórica mateada entre el Presidente del Consejo Nacional de Gobierno, el nacionalista Eduardo Víctor Haedo y Ernesto Guevara de la Serna, el Che, Ministro de Industria de Cuba. Sucedió en agosto de 1961, en Punta del Este, en La Azotea, la emblemática residencia de veraneo del político blanco; durante la reunión del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES) de la OEA . Allí el gobierno norteamericano de John Kennedy oficializó la Alianza para el Progreso. Cuentan que el diálogo entre Haedo y el Che fue, al principio, distante y esquivo y que la distensión se produjo luego de que María, la cocinera llegó con el mate y el termo para su patrón. Bien dicen que no hay nada que una más a dos criollos no importa en que orilla del Río de la Playa hayan nacido, que una rueda de mate; Guevara llevaba años fuera de su Argentina y sin probar un amargo. Pero el mate no fue suficiente. El hielo lo terminó de romper Poncho, un cachorro ovejero alemán que no paraba de jugar con el Che. Político de fuste y ducho en conversaciones complejas, Haedo miró fijo a su perro y con el dedo índice de su mano derecha levantado, le dijo: "¿te me estás haciendo Fidelista, Poncho?" Los dos contertulios estallaron en una carcajada que llamó la atención de los periodistas que merodeaban el parque de La Azotea.

Como prueba de la cordialidad que reinó en las jornadas sucesivas de charla y mate, queda lo que el Che, de su puño y letra, escribió en el libro de visitas de La Azotea : "Para Haedo, que aquí en Punta del Este ha comprendido el por qué de nuestra revolución y sabe que hay que endurecerse sin perder la ternura jamás". En estos días en que el régimen castrista cumple 50 años en el poder, cabe preguntarse qué opinarán de esta frase los presos políticos cubanos y los miles de exiliados políticos.

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