RENZO ROSSELLO
La población de perros en Uruguay se estima que supera, largamente, el millón. Muchos de ellos son portadores de hidatidosis. Pero el dato más alarmante es la cifra de personas portadoras y que no lo saben: unas 7.000 en todo el país.
Hasta 2004 se creía que la hidatidosis había sido una enfermedad derrotada. Los estudios de campo realizados en esa época revelaron que Uruguay, en realidad, se enfrentaba a una endemia. El aumento de la población canina y, sobre todo, el que se verifica en los asentamientos del área metropolitana, y en amplias zonas rurales del interior habían potenciado el riesgo de una enfermedad grave y aún mortal.
La Comisión Nacional de Zoonosis, que preside el médico Ciro Ferreira, se propone una campaña frontal. Al mismo tiempo, destierra algunos métodos como la captura en manos de la recordada "Perrera".
En cambio, el organismo contará desde hoy con 10 clínicas móviles que recorrerán todo el país con dos objetivos básicos: la castración de perros y ecografías para los habitantes. La ecografía se probó como el método de diagnóstico más eficaz para la hidatidosis.
"Nosotros la definimos como la `locomotora` de todo el plan", comenta Ciro Ferreira con entusiasmo. "En las campañas que comenzamos a hacer con estas clínicas móviles logramos realizar verdaderas `ferias de salud`, ya que además en algunos puntos del interior hemos incluido educación sexual y reproductiva, odontología, lo que permitió una respuesta masiva de las poblaciones", señala el médico.
Ofensiva. La reformulación de la antigua Comisión Honoraria de Lucha contra la Hidatidosis, en la Comisión Nacional Honoraria de Zoonosis en un organismo desconcentrado le dio una plataforma distinta al organismo. La comisión se financia con lo recaudado por la patente de perros ($ 190) y el cobro de la dosificación -las pastillas que se entregan para el combate a la tenia equinococco en perros-, lo que permitió extender la contratación de veterinarios y personal destinado a las tareas de campo en el país.
Según los datos aportados por Ferreira estos mecanismos de recaudación representan unos US$ 400.000 anuales por patente y US$ 300.000 por pago de dosis.
"La política de la Comisión Nacional cambió por varias razones: porque cambió la ley y porque cambió la estrategia", señala Ferreira. El cambio, según el médico, era vital para pasar a la ofensiva contra esta enfermedad. Era la comisión más vieja de América Latina en la materia, la actualización del organismo la llevó a cubrir todas las zoonosis, es decir enfermedades transmitidas de animales a hombres (hidatidosis, dengue, mal de Chagas, rabia, carbunco, salmonelosis).
En el ataque a la hidatidosis, la clave, según las conclusiones de la Comisión, está en la dosificación que se aplica a los canes. El origen de este mal es parasitario, se trata de la tenia equinococco que se aloja en el intestino delgado del perro, que cada 30 días expulsa en sus materias un anillo de la tenia con huevos.
"Para esto se aplica un medicamento que se llama `Praziquantel`, que mata a la tenia, pero que si se aplica después de los 45 días los huevos ya son fértiles, por lo cual en vez de disminuir la infectación se la estaría aumentando. Por ejemplo, cuando se aplica en un perro que come achuras, por ejemplo de oveja, se desarrolla la forma quística, igual que en el hombre. Si elimina en esos 45 días los anillos que contienen miles de huevos, contaminan las aguadas, los pastos", explica Ferreira. La forma de enfrentarlo, es suministrar el medicamento "tenicida" cada 30 días.
Un ciclo que en muchos puntos del interior del país, sobre todo, permanece abierto y con peligroso potencial.
La Comisión de Zoonosis cree que esta ofensiva les permitirá reducir en un año el avance del mal, y reducir también la población canina por medio de las castraciones. Un cerco contra una amenaza que persiste en el siglo XXI.
Las cifras
350.000 Es la cantidad de perros que se estima que están infectados en todo el país. La población canina supera el millón de animales.
7.000 Es el número de personas que ya están infectadas, aunque lo ignoran debido a que no han presentado síntomas del mal.
La clave está en el cambio de los hábitos
Hay 350.000 perros que están en situación de riesgo respecto a la hidatidosis. Esta es una estimación de la Comisión de Zoonosis sobre una población que se calcula supera largamente el millón de canes en todo el país.
Pero los datos recabados en los últimos tres años revelan un cuadro preocupante. Se realizaron unas 60.000 ecografías en todo el país, la mitad sólo en Montevideo. El 20% de la población relevada es de adultos y niños. Se estima que entre el 1% y el 2% de esa población está infectada y no lo sabe, pues no tiene síntomas.
Esta proyección habla de unas 7.000 personas que durante la próxima década comenzarán a experimentar los síntomas de la enfermedad.
El comportamiento, en particular los hábitos en zonas rurales, es la clave para el desarrollo del mal. La faena de animales en sitios abiertos, a los que pueden entrar perros, es una actividad muy extendida en los establecimientos rurales del país. Según datos de una encuesta de la Comisión, el 57,5% de los establecimientos tiene esta práctica.
El otro dato es aun más inquietante. El 46,3% de los pobladores de zonas rurales continúa alimentando a sus perros con achuras. La ingestión de restos de un animal infectado es la forma más rápida de propagación del mal.
Un mal silencioso y mortal
La hidatidosis hepática es la forma más frecuente en que se presenta la enfermedad. Luego de la infestación el quiste se aloja en el hígado y comienza a desarrollarse durante un largo período. En este período suele no presentar síntomas que delaten su existencia. Por ello el método de detección más eficaz es la ecografía. En una etapa desarrollada del mal, cuando el quiste ha alcanzado madurez de crecimiento, se presenta bajo la forma de trastornos funcionales digestivos, con manifestaciones secundarias. Es frecuente la existencia de dolores en esta etapa, debido a la tensión producida por el crecimiento del quiste. La forma de tratamiento en esta etapa es de orden quirúrgico. La intervención cumple con varios objetivos terapéuticos: el de evitar la contaminación; impedir la persistencia de la cavidad residual, impedir la supuración, evitar la fístula biliar, evitar que reaparezca el mal, y, la más importante, permitir la reinserción social del paciente. La falta de tratamiento del mal implica que el mismo ingrese en su etapa más grave, con la muerte del paciente como consecuencia directa. Por estas razones, las campañas de prevención ponen una valla al desarrollo de una epidemia. La tenencia responsable de perros, la higiene personal, el adecuado lavado de frutas y verduras, y los controles médicos periódicos en las llamadas zonas de riesgo, son las claves para la prevención del mal.