Un déficit social que se agrava

OMAR FRANÇA*

La (des) esperanza y el déficit de sentido de la vida en los jóvenes, la disgregación de la familia y la consiguiente pérdida en la socialización de los valores que se dan en ella, la mayor justificación teórica (y mayor paso a la acción) de todos los delitos, la incapacidad de suplantación demográfica de una generación por otra, las adicciones y los suicidios, el retraso y abandono de los estudiantes de Secundaria, son algunos de los temas más candentes que deberá afrontar el nuevo gobierno. ¿Cómo lo hará? ¿Contando con o prescindiendo de las instituciones dadoras de sentido?

Las encuestas de valores cuando comparan las mentalidades morales de 1996 y 2006 muestran que en diez años la ciudadanía uruguaya justifica mucho más ciertas conductas delictivas: es decir, acepta más el soborno, engañar al guarda no pagando el boleto, comprar lo robado, o llevar a cabo el aborto, la eutanasia, la prostitución, y el suicidio. Por su parte, las estadísticas provenientes del Ministerio del Interior muestran claramente un aumento de todos los delitos que se relacionan con la falta de respeto por la propiedad y la vida del otro. Es decir, que lo que se justifica teóricamente más en el 2006, también se lleva más a la práctica que en 1996.

El tema de la esperanza y del sentido de la vida es un sustrato psicosocial enormemente preocupante en nuestra población. Somos el país que está en el lugar 18º en tasa de suicidios por 100.000 habitantes en el mundo y en el 8º puesto de suicidio juvenil. Más aún, si comparamos la ciudad de Montevideo con otras capitales de la región, algunos años nos indicaron 14 suicidios por 100.000 jóvenes en la capital uruguaya mientras que sólo 2 para Rio de Janeiro, 4 para Santiago de Chile y 6 para Buenos Aires. ¿Qué pasa con la esperanza en la mente de los uruguayos (especialmente los jóvenes)? ¿Qué les falta para encontrar sentidos positivos para sus vidas? ¿Sólo depende de tener trabajo o mejores condiciones de vida? El hecho es que las estadísticas de 2006 muestran que hay un 23% de jóvenes que "ni estudia" "ni trabaja". Son cifras de las más elevadas de América Latina. A esto se agrega que sólo el 36% (2007) de los jóvenes de 21-23 años, terminó el ciclo de Enseñanza Secundaria y que el 70% de los presos del Uruguay tampoco la terminaron. Naturalmente, que ese es un humus favorable para el incremento de las drogas cuyo consumo aumenta ininterrumpidamente en la última década.

En cuanto a la población tenemos otro hecho extraordinariamente preocupante. No sólo es claro que los uruguayos valoran menos en 2006, que en 1996, la necesidad de que un hijo viva con ambos padres, o que una mujer necesite hijos para realizarse como mujer, sino que están naciendo menos de 2,1 hijos por mujer que es la tasa de fecundidad mínima para que una generación suplante a la anterior. Desde 2004 Uruguay está por debajo de esa línea roja, y para 2009 se espera 1,99 hijos por mujer. Esto es coincidente con el hecho de que en el 2004 hubo en el Uruguay más divorcios que casamientos (y la disminución de los matrimonios no ha cesado desde entonces). Si el 30% de los jóvenes uruguayos de hace una década pensaba que el matrimonio es "una institución pasada de moda" ¿tendrán hijos? Y si los tienen ¿qué tipo de "nido" le prepararán? En ese sentido es coherente que hayan aumentado en el 2006 aquellos uruguayos que dicen que debe haber una "completa" libertad sexual entre hombres y mujeres, concomitantemente con el aumento de los delitos de tipo sexual y la violencia doméstica denunciada. En 2009, nacen menos niños de los que el Uruguay necesita para que las nuevas generaciones suplanten a las actuales, y los que nacen lo hacen en hogares por debajo de la línea de pobreza en un 40%; y el porcentaje de niños que nace fuera del matrimonio es altísimo, superando el 50%. ¿Podrá el nuevo gobierno adoptar políticas "sociales" que reviertan esta situación? ¿Cree, el nuevo gobierno, que vale la pena hacerlo?, ¿o sólo buscará "administrar" las consecuencias más "molestas" del deterioro de valores? ¿Apuntará a paliar los síntomas, o buscará contribuir a reconfigurar el racimo de valores necesario para reorganizar una sociedad integrada y socialmente "sana"? ¿Es consciente el nuevo gobierno que aquí hay un problema serio en el tejido axiológico uruguayo o piensa que esto es algo que se soluciona con buenas fuentes de trabajo e información educativa? ¿Lo hará trabajando conjuntamente con las instituciones dadoras de sentido, o prescindiendo de ellas?

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