Un archivo de recuerdos cívicos

Credencial. Unos 275.000 nuevos ciudadanos deben sacarla para votar en las próximas elecciones, ya lo hizo un 90% Para algunos es sólo un trámite; para otros, la señal de que su opinión vale

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Ximena Aguiar

Ya sea un papel archivado por funcionarios públicos, una clave que despierta recuerdos de otros tiempos, un trámite más de una sociedad burocrática o base de la cultura democrática, la credencial cívica es un documento que destila "uruguayez".

La cola de jóvenes apiñados en la vereda mide poco más de una cuadra, pero recorrerla implica unas dos horas de espera. Van a inscribirse en el registro cívico, porque en las próximas elecciones nacionales tendrán edad suficiente para votar. Y porque la cultura electoral uruguaya ha determinado que es obligatorio tener el documento específicamente diseñado para ello: la credencial cívica.

Si se busca "credencial cívica" en Google, aparecen sólo páginas sobre el documento uruguayo. Hay otros documentos similares, por ejemplo la credencial para votar expedida por el Instituto Federal Electoral de México, pero el mismo instituto reseña que "el sistema electoral uruguayo es de una extrema complejidad y difícil comprensión, (...) producto de un largo proceso histórico".

La credencial es parte de esas particularidades. "En Latinoamérica, en los países en que me ha tocado ir como observador, en ningún lugar encontré un sistema como el uruguayo. Por la credencial, por el cuidado al conformar las mesas con funcionarios públicos y en lo posible un secretario que sea escribano, por el doble escrutinio, primario en la mesa y definitivo de los funcionarios electorales con contralor partidario...", dijo el ministro de la Corte Electoral José Mario Orlando.

En otros países se acredita la identidad al momento de votar con el equivalente a la Cédula de Identidad. ¿Por qué la necesidad de otro documento? "Una de las garantías fundamentales para el ciudadano es que el documento para acreditar identidad en el momento de hacer ejercicio del derecho al voto no sea extendido por una dependencia del Poder Ejecutivo, que tiene una integración política, que no la tiene un organismo electoral. La cédula la expide el Ministerio del Interior, que es si cabe el ministerio más político", explicó Carlos Urruty, presidente de la Corte Electoral.

Al entrar a algunos despachos de la Corte es difícil dejar de percibir el carácter político de los adornos, entre los que hay fotos y cuadros de figuras políticas emblemáticas. Pero el hecho es que la Corte Electoral nació con el fin de constituir ese archivo de las identidades cívicas alejado de otros poderes o intereses, y mantenerlo al día.

Ciudadanos. En el registro nacional, en una foto alargada, se recuerda a unos 300 funcionarios que organizaron la primera inscripción cívica, en 1924.

En estanterías y estanterías llenas de biblioratos se acumulan las hojas electorales, copias de las credenciales cívicas de todo el país. Ante un fallecimiento, o la omisión de dos votaciones, se retira la ficha correspondiente. Cuando se acercan las elecciones, se acumulan los nuevos ingresos. Es la parte en papel de un archivo que de a poco se va digitalizando.

Varias cajas están llenas de los ganchos que se utilizan para armar los cuadernos de cada mesa de votación, con las hojas electorales correspondientes. Luego, los documentos vuelven a los biblioratos, esperando que llegue una nueva elección. "Puede votar sin credencial, porque en la mesa está su hoja de votación, una copia de su credencial. Si por algo no está su hoja de votación, está su serie y número en el padrón. Si no está, aunque tenga la credencial no va a poder votar, porque puede habérselo dado de baja por no haber votado en dos elecciones consecutivas. Antes los aceptábamos como observados, ahora no, porque no da el tiempo para escrutar tantos votos observados entre la elección y el balotaje", explica un funcionario.

"Si quiere votar dos veces, ya va a estar tiqueado en el padrón y escrito en el cuaderno de la mesa, pero si insiste quizás lo dejen votar observado. Si se demuestra después que votó dos veces es un delito electoral, va a la cárcel", explica otra funcionaria. "Está todo pensado, por algo dicen que el uruguayo es un sistema inviolable", añade, orgullosa del trabajo de la Corte y su aporte a la cultura democrática uruguaya.

"Depende de la cultura política de cada país. En España, el documento para votar lo expide el Ministerio del Interior, y el secreto del voto se respeta poco. Hay gente que muestra la papeleta frente a todo el mundo, acá no se concibe que no se coloque dentro del cuarto secreto", dijo Urruty.

El sistema actual se instaló para dar mayores garantías contra el fraude electoral. "Antes de 1924 en el país hay una historia de la que vale la pena no acordarse, por eso se creó la Corte", señaló.

RECUERDOS. "AKB 4683. En la foto me reconozco, aunque me la saqué muy joven. Creo que estaba estudiando preparatorio de medicina en el liceo IAVA", contó el director de orquesta Federico García Vigil, al ser consultado sobre los recuerdos que asocia a su credencial.

Aunque las nuevas credenciales plastificadas son más prácticas, las viejas tienen su encanto. Hay unas 600.000 credenciales expedidas con el nuevo formato y algo menos de 2.000.0000 con el viejo. Con los traslados y renovaciones se aprovecha para dar el nuevo documento, pero es común que el usuario guarde el anterior como recuerdo, contaron en la Corte Electoral. Es que la sucesión de sellos recuerda cada elección, la foto ayuda a trasladarse al momento de la vida en que se inició la participación política, y la serie remite al barrio en que se vivía entonces.

"Siempre voto en la escuela Elbio Fernández, a la cual fui. Es un reencuentro con mi escuela primaria, visito el patio y el salón. Esa fue una escuela emblemática, porque nos enseñaban a votar por nosotros mismos. Lo llamaban `el veredicto anual`, para elegir los compañeros destacados. Era una democracia interna, una docencia del sistema democrático", recordó García Vigil.

"La credencial está muy vinculada al desarrollo de la adolescencia a la juventud y al uso de ese derecho cívico de la democracia que es el voto. Y a la historia de la democracia: cuando votaste por primera vez, por segunda, después la dictadura, los plebiscitos, el regreso de la democracia... Y el uso de la credencial como elemento de control de uno de los sistemas electorales más limpios que conozco en el mundo, prácticamente muy difícil de vulnerar", contó García Vigil.

"El hecho de que todavía se sigan poniendo trabas para determinados trámites si alguien no tiene la credencial me parece que está bien, sigue alimentando un proceso de educación cívica que los uruguayos deben tener para conocer la Constitución y defender su democracia", señaló.

En el otro extremo, hay quienes la consideran prácticamente un sinsentido. "Yo voy a votar, nunca pagué una multa, me hago firmar la credencial, pero nunca voté, siempre nulo", contó Hugo Quijano, integrante de la Federación Anarquista del Uruguay.

"En mi entorno hay muchos que no votan, pero todo el mundo tiene su credencial. Si no, no podés cobrar jubilación o no te podés inscribir en un liceo... o la sacás o la sacás. Votarán nulo, pero van a votar. El joven, porque estudia; el veterano, porque está jubilado. Antes conocí algún veterano que ya había pasado la época, no le importaba ir a la escuela, trabajaba particular informal, y no tenía porque no pisaba una dependencia del Estado", contó.

Otros, valoran el sentido de la credencial a partir del tiempo en que no la tuvo. "La saqué a los efectos de inscribirme en la facultad de Derecho y en el IPA, en el `78. Era un trámite burocrático, para los efectos de la inscripción en institutos terciarios. Pero tuvo mucho valor con el plebiscito del `80. En definitiva se votó y triunfó el NO, que marcó el comienzo de otra etapa. Era una aspiración de que en algún momento se iba a poder votar, la credencial estaba guardada esperando tener sentido", contó el subsecretario del Ministerio de Educación y Cultura, Felipe Michelini.

"Mantiene la misma foto y la misma firma. Si quiero firmar por un referéndum tengo que mirarla bien para copiarla", dijo, señalando otro de los aspectos que remontan al pasado.

"Me acuerdo que la que era mi señora fue a la Junta para consultar si podía votar en el plebiscito del `80. Ella estaba en una punta del mostrador y desde la otra le gritaron brillantemente `Jorge Sclavo está proscrito, no puede votar`. Luego voté en las nacionales", contó el escritor "Cuque" Sclavo.

"La habré sacado con el entusiasmo de conseguir algún empleo público, porque nunca me importaron los símbolos", dijo. "Cuando la saqué tenía 17 años y uno se encuentra bastante extraño. Me da envidia el tipo de la foto", bromeó.

Hasta el soporte puede ser significativo. "Cuando la saqué me compré la cartulina a la que está pegada, en un lugar que vendían carné para la credencial y ondulines para el pelo. Aún la conservo, aunque trabajé en la Imprenta Nacional. Ahí todo el mundo se hacía unas cosas solemnes, acolchadas, parecían álbumes mortuorios, con letras doradas", recordó.

A medida que pasa el tiempo, los recuerdos asociados a la credencial van cambiando. Y cuando ésta adquiere más valor, quieren ser transmitidos.

"La primera vez que pude usarla me sentí parte de la ciudadanía, y después se fue perdiendo con el tiempo. Cuando salimos de la cana, recuperarla en ese momento era una certificación de que las instituciones se habían recuperado", recordó Mauricio Rosencof, escritor, ex preso político y actual director de Cultura de la Intendencia de Montevideo.

"Salimos en 1985, por la ley especial que establecía que por cada día de cárcel se computaban 3. Recién pude votar en el plebiscito de la Ley de Caducidad, en 1989. Tuve que esperar más de cuatro años para poder ejercer mi derecho", recordó.

"Uno siente el valor que tiene ese documento y de alguna manera me gustaría transmitirlo. Que nunca pierda su valor y su funcionamiento, y que pueda estar en las manos de los 600.000 uruguayos que están fuera del país, y que son parte de la nación", pidió.

Buscando los nuevos ciudadanos por el país

"La gente se cree que la inscripción empezó hace 10 días y empezó en junio de 2005", señaló el ministro de la Corte Electoral, José Mario Orlando. "Pasó por las mesas inscriptoras de todo el país, y por mesas móviles que durante 4 años fueron a todas las localidades. Fuimos a Piriápolis, Maldonado, San Carlos, Castillos, pero también fuimos a lugares en Salto en los que no había luz eléctrica", contó.

"Basta con que la Junta Electoral de ese departamento diga que tienen necesidad de la mesa, partimos de la base que nadie mejor que ellos para decir si es necesario. Se autoriza a tres funcionarios de la Corte Electoral a ir en una camioneta que en general cede la Intendencia, con todo lo necesario para hacer traslados, renovaciones e inscripciones. Fuimos a Isla Patrulla (Treinta y Tres), Pueblo Belén (Salto)…", dijo Orlando.

Este año, por primera vez, también se llegó también con mesas móviles de inscripción a los barrios periféricos de Montevideo. "Incluso, en lugares a los que se tuvo que ir con custodia, por las dudas, aunque no hubo incidentes", contó.

Aún quedan unas pocas mesas móviles a realizar, en el interior, contó. "Ya estamos al final. Más o menos se iban a inscribir 275.000 personas habilitadas, de los cuales a la fecha hay un 90% inscripto, faltaría en estos días un 10%", dijo.

Las cifras

275.000 Son los nuevos ciudadanos que se estima tendrían que inscribirse para las próximas elecciones. Ya lo hizo cerca de un 90%.

600.000 Son las credenciales expedidas con el nuevo formato, aproximadamente. Algo menos de 2 millones siguen usando el viejo cartón.

El voto: derecho y obligación

El artículo 77 de la Constitución señala que es obligatoria la inscripción en el registro cívico, por la que se obtiene la credencial cívica. Además, existen algunas restricciones para quien no tiene credencial. Por ejemplo, no puede ser funcionario público.

Actualmente, la credencial debe ser gestionada por los uruguayos que tengan 18 años cumplidos al domingo 9 de mayo de 2010. La expiden las Oficinas Electorales Departamentales, de lunes a viernes, de 8:45 a 18:15 horas en Montevideo (25 de Mayo 567), y de 10:45 a 18:30 horas en el interior, salvo en Cerro Largo, Maldonado y Canelones, con horarios de 8:45 a 18:15 horas.

Quien, estando inscripto en el registro cívico y habilitado a votar, no vote, tendrá la posibilidad de justificar su omisión por causas como enfermedad o estar fuera del país. Si no lo hace, debe pagar una multa de 1UR (Unidad Reajustable, actualmente equivalente a $ 413), o 3UR en caso de reincidencia. En los 240 días posteriores a la elección puede ser pedida la constancia de voto para diversos trámites.

Si no se votó ni se pagó la multa por no haber cumplido con la obligación del voto, están previstas una serie de sanciones. Por ejemplo, no se puede otorgar ciertas escrituras públicas, cobrar sueldos, jubilaciones o pensiones, salvo la alimenticia, y otras.

No existe ninguna ley que condicione la inscripción a estudios terciarios o la jubilación a la tenencia de credencial. Por ejemplo, pueden inscribirse o jubilarse personas extranjeras. El Consejo Directivo Central de la Universidad de la República decidió el pasado diciembre simplificar y unificar los requisitos de inscripción, por lo que sus dependencias dejarán de exigir la credencial cívica a quienes quieran inscribirse a una carrera.

Con 2.420.000 ciudadanos en padrón

El padrón electoral se actualiza permanentemente, incluyendo nuevas credenciales y sacando las de los fallecidos, o los que no votaron en las dos últimas elecciones, contó José Mario Orlando, ministro de la Corte Electoral. En los últimos períodos entre elecciones nacionales hubo un promedio de 250.000 nuevos ciudadanos en todo el país. En general, los cancelados se equilibran con los que se inscriben por primera vez, manteniendo un padrón de unos 2.400.000 ciudadanos. En esta ocasión, se calcula que los nuevos ingresos serán un poco más que en otros períodos, alrededor de 275.000 nuevos ciudadanos, de los cuales ya hay un 90% inscripto. Por eso se estima que el padrón llegará a 2.420.000 personas, dijo Orlando.

De ese padrón suele votar entre un 90 y 92 % de las personas. Queda un 8 o 10% que no vota, por estar fuera del país, razones de fuerza mayor, etcétera, contó.

Una disposición que no se aplica establece que la credencial debe ser renovada cada 15 años. Actualmente, mientras se reconozca la identidad del titular, se considera válida. Si la foto es muy antigua y genera dudas para algún integrante de la mesa, se le permite votar, pero observado por identidad. Ese voto se escruta aparte, confirmando la huella de identidad con el equipo dactiloscópico, explicó.

EN LA COLA PARA SACAR LA CREDENCIAL CÍVICA

Carlos Pérez

43 años

"Vengo para sacarle un número a mi hija. Ella no se sacaría la credencial si no fuera por obligación. De política no sabe nada, votará por tradición. Si no fuera obligatorio, acá no estaban ni la mitad".

Joaquina Iribarren

17 años

"Vengo porque es obligatorio y porque quiero votar. También para inscribirme a facultad. Creo que es un trámite con significado, pero podría ser más sencillo, hace dos horas que estoy acá".

Nicolás Arsel

17 años

"La quiero sacar porque ahora mi opinión vale algo. Ya sé a qué partido voy a votar". "Vas a votar en blanco", bromeó su amigo. "No, para eso no la saco. Voy a plasmar lo que pienso con mi voto", contestó.

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