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Tuvo revancha y vivió hasta los 80

Una multitud acompañó ayer en la parroquia San José de la Montaña el velatorio de Javier Methol. Entre las cientos de personas, destacaban sus compañeros sobrevivientes de la tragedia de los Andes, un hecho que conmovió al mundo, ocurrido en octubre de 1972.

Sepelio de Javier Methol. Foto. Francisco Flores
Sepelio de Javier Methol. Foto. Francisco Flores
Sepelio de Javier Methol. Foto. Francisco Flores
Sepelio de Javier Methol. Foto. Francisco Flores
Sepelio de Javier Methol. Foto. Francisco Flores
Sepelio de Javier Methol. Foto. Francisco Flores
Sepelio de Javier Methol. Foto. Francisco Flores
Sepelio de Javier Methol. Foto. Francisco Flores
Sepelio de Javier Methol. Foto. Francisco Flores
Sepelio de Javier Methol. Foto. Francisco Flores
Sepelio de Javier Methol. Foto. Francisco Flores
Sepelio de Javier Methol. Foto. Francisco Flores
A la derecha, de barba y con abrigo negro, Javier Methol.
A la derecha, de barba y con abrigo negro, Javier Methol.

Desde la Iglesia de Carrasco partió el cortejo hacia el Cementerio del Buceo, donde los restos de Methol recibieron sepultura.

Methol era el más veterano de los sobrevivientes de la tragedia de los Andes. Tenía 80 años y 36 cuando se produjo el accidente en la cordillera el 13 de octubre de 1972, donde murió su mujer Liliana Navarro. Entonces, en Montevideo, lo esperaban cuatro hijos: María Laura, Pablo, Ana Inés y María Noel. Tiempo después rehízo su vida al casarse con María Amorrortu de cuyo matrimonio nacieron otros cuatro hijos: Guillermo, Rafael, Ignacio y Ximena. Sus ocho hijos le dieron 12 nietos.

Methol, fue uno de los sobrevivientes de bajo perfil, aunque también como la mayoría de los otrora jóvenes rugbistas del Old Christians, ahora devenidos en abuelos, era convocado para dar conferencias en todo el mundo contando la experiencia de haber sobrevivido a la caída del avión y a 72 días en las montañas.

Javier sabía de trances difíciles. En efecto, siendo un adolescente de 15 años, un accidente en motocicleta lo dejó al borde de la muerte, a punto tal que le fue suministrada la extremaunción. Seis años más tarde y viviendo en Estados Unidos, le ganó la partida a una tuberculosis que lo mantuvo internado en delicado estado en un hospital de Nueva York durante más de cuatro meses. Pero nada es comparable con lo que vivió a cuatro mil metros de altura, en los Andes. Fue otra historia, tal vez imposible de explicar con la razón y la lógica.

Así sintetizaba él aquellos días en que el frío, el hambre y la muerte lo acechaban a él y a sus amigos: "En la montaña yo hablé con Dios. Su amor acrecentó mi fe en él, en mí y en los demás. Me hizo perder el miedo a la muerte enseñándome que es tan solo un paso en la vida, así cada día vivo un día más (…). Me enseñó que no debo quejarme de lo que me falta, sino agradecer lo que me queda".

Su muerte o pasaje a otra vida, como él lo debe haber interpretado, confirma una vez más la dimensión de la odisea que aquel grupo de jóvenes protagonizó hace 43 años y que provocó que la mirada del mundo se posara en Chile primero y en Uruguay después. Nacía entonces la leyenda de los Andes. ¿De qué manera se puede definir si no a esa historia, que lejos de desvanecerse con el transcurso del tiempo, crece y conmueve tanto o más a las viejas y nuevas generaciones?

Pero no todo se dio siempre así. Hubo un tiempo muy prolongado en que los sobrevivientes fueron denostados e ignorados por una gran parte de la sociedad uruguaya. Es que el Uruguay que los recibió, a fines de diciembre de 1972, era un país enfrentado políticamente. La violencia y la intolerancia que imperaban en aquellos años impidieron ver la magnitud y la grandeza de lo vivido por ese grupo de compatriotas que promediaba, en su mayoría, los 20 años.

El Uruguay mezquino.

Uruguay es y ha sido históricamente muy mezquino en reconocer los logros y los talentos de sus hijos. Es una norma no escrita que se ha cumplido a lo largo de toda su historia. Los sobrevivientes no fueron la excepción. ¿Por qué? Porque su origen social era de clase alta o media alta y además profesaban la religión católica y vivían —casi en su totalidad— en Carrasco. Una vez más y durante largo tiempo la mezquindad le impidió, a una gran parte de la sociedad, entender que 16 compatriotas habían doblegado a la cordillera de los Andes. Tampoco se reparó en el dolor de las familias cuyos integrantes murieron en el accidente.

A veces, el tiempo pone las cosas en su lugar. Y en este caso fueron dos libros: Milagro en los Andes de Fernando Parrado y La Sociedad de la Nieve del periodista Pablo Vierci, publicados hace más de una década, los que abrieron el camino para que la historia fuera vista en el Uruguay en su real dimensión. En el resto del mundo, desde que sucedió se la consideró como la gran odisea que fue. Luego, otros libros, escritos por los propios sobrevivientes siguieron despejando la ruta.

Hoy, con la muerte de Methol, y su repercusión en los portales de Internet y en las redes sociales, quedó confirmado que la tragedia de los Andes fue un hito en la historia de la humanidad y como tal trascenderá a sus protagonistas.

En palabras del propio Methol: "Me enseñó a valorar la vida con amor, fe y alegría. Me enseñó a pedir perdón y a perdonar".

"Era amable, positivo, contenedor de todos"


"Fue una misa multitudinaria en la iglesia San José de la Montaña, por alguien que evidentemente sembró mucho en su vida, que se tomó la revancha del accidente. Después tuvo cuatro hijos más, hizo otra familia, tuvo nietos… Y bueno, ya tenía 80 años, estaba orgulloso de la vida que le tocó, luego de lo mal que estábamos en la montaña, donde perdió a la señora y se mareaba todo el tiempo… Tuvo una buena vida, lástima que ya no esté entre nosotros", reflexionó Roberto Canessa, otro de los sobrevivientes de los Andes.

En la pequeña "sociedad de la nieve" en la que sobrevivió el grupo de uruguayos en la montaña, todos cumplían un rol.

"Él era el depositario del dinero; como era el mayor, tenía el dinero de muchos de los que no volvieron. Era una persona con muy buen sentido del humor que tenía confianza en que íbamos a salir", recordó Canessa.

"Cuando salí, me dijo: yo estoy seguro que vos va a llegar y que en tres días vamos a estar todos juntos. Siempre era positivo, amable, contenedor de todos", agregó.

No fueron tres días pero, efectivamente, tras diez días de caminata en la nieve de Fernando Parrado y Roberto Canessa, los sobrevivientes de Los Andes volvieron a estar todos juntos.

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