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Turismo al natural entre dos islas

Gorriti y Lobos, dos espacios históricos y protegidos que pocos turistas llegan a conocer.

Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
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Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
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Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo
Nadar con los lobos es una experiencia que seduce tanto a niños como adultos. Foto: R. Figueredo

¿Qué es lo que más le ha impresionado en su viaje por aguas sudamericanas?", le preguntó en 1962 un periodista de la revista argentina Vea y Lea a Jacques Cousteau. "La inmensa reunión de lobos marinos en la isla de Lobos en Uruguay", fue la respuesta del famoso explorador.

Por esta razón y con el objetivo de "ganar un día de turismo más al país", el intendente Enrique Antía impulsa la reconstrucción del patrimonio cultural e histórico de la Isla Gorriti y la habilitación de un paseo turístico en Isla de Lobos.

En el caso de Gorriti, sus históricos visitantes no le van en zaga a la isla que se encuentra al otro lado de la península: Acuña de Figueroa y el pirata Francis Drake son solo dos de ellos. También hay mitos que la alimentan, como el de que Frank Sinatra pretendió construir en ella un hotel de lujo con casino, con el apoyo de sus amigos mafiosos. Claro está, Sinatra en su vida se enteró de la existencia de esta isla.

Lo que sí es cierto, es que se generó una fuerte disputa entre reparticiones públicas uruguayas que en los sesenta y setenta reclamaron su jurisdicción.

Lobos.

Antía calificó de "maravilla" al paisaje de la isla al recordar que en otros países "la gente paga para ver" este tipo de reservas. El intendente de Maldonado mostró a El País una imagen de la estructura que pretende instalar allí para permitir el acceso de los turistas. Un mito asegura que pasó una temporada en Lobos Carlos Gardel. El célebre cantante, según la versión, visitó la isla acompañado por el entonces presidente Gabriel Terra.

"El lugar es una maravilla. Quien lo visite no lo olvida nunca más. En otras partes del mundo pagan fortunas para ver este tipo de paisajes. Si usamos la cabeza entre todos, podemos armar un lindo proyecto para el país. No hay nada armado. Está todo por hacer", dijo.

Antía recordó que para que el proyecto salga adelante primero el gobierno nacional deberá reparar el puerto de atraque. "La Intendencia está dispuesta a invertir en la propuesta, pero antes hay que reparar al muelle", advirtió.

El jefe comunal sostuvo que el proyecto que lleva adelante, una vez en ejecución, deberá ser controlado por técnicos de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara).

La propuesta de la Intendencia apunta a la creación de una pasarela con y sin barandas, que desde la altura permita a los visitantes conocer no solo la realidad actual sino también los restos que quedan de la lobería que funcionó allí hasta los noventas. La pasarela en altura se internará hasta casi la mitad de la isla, atravesando bosques de calagualas y cactus.

"No solo se trata de conocer cómo funciona una comunidad de lobos, sino también la historia de los naufragios ocurridos en los alrededores. Esto tiene un potencial enorme. Si trabajamos entre todos podemos lograr algo muy bueno para el país", señaló el jefe comunal

Nadar con lobos.

Son las 11:30 horas y el Puerto de Punta del Este se encuentra repleto de gente. Muchos niños merodean la zona y se sorprenden con algunos lobos que salen a la superficie para alimentarse con los desechos que los pescadores arrojan. "Mamá, ¿esos son con los que vamos a nadar?", pregunta uno de los pequeños. "Si, en unos minutos vamos", responde la mujer.

Nadar con los lobos de mar, en su hábitat natural, seguramente sea una de las experiencias que marcarán la vida de los turistas que se encuentran de paseo en la península. Por este motivo es que al menos 30 personas por día se embarcan en las lanchas de una empresa que ofrece servicios diarios de recorridas hasta la Isla de Lobos.

La gente camina por el muelle, ansiosa, y mira fotos en una cartelera. La alegría que se esboza al saber que dentro de una hora nadarán con los animales, es contagiosa.

A las 12:00 en punto un grupo de 15 personas comienza a subirse a la embarcación y a acomodarse en sus asientos para emprender el viaje. "Esto va a estar bárbaro. Primero, aunque no lo creas, es la primera vez que viajo en barco, y segundo porque amo los animales; estar con ellos ahí va a estar divino", comenta Sonia Mosqueira, una de las participantes de la excursión.

Ocho minutos después se encienden los motores: "Control, aquí Sea Wind, pedimos permiso para partir a Isla de Lobos", dice por radio Horacio Altez, encargado de DimarTours. La respuesta no demora en llegar. Apenas unos segundos después, el permiso estaba concedido y la lancha comenzó a moverse entre otras embarcaciones del puerto.

Los primeros minutos de viaje son entusiasmantes, los pasajeros se miran y charlan entre ellos. Una pareja de brasileños dialoga sobre lo linda que está el agua a diferencia de otros balnearios, mientras Darío, papá de Agustín y Fabián, sube a los niños a la parte alta de la lancha donde —asegura— "hay una mejor vista".

Darío es de Córdoba, Argentina, y hace por lo menos 15 años que hizo el mismo paseo en Punta del Este. "Recuerdo de aquella vez que cuando vine era novio de la que ahora es mi esposa. No teníamos a los niños, ahora la aventura es más que nada para que ellos disfruten de esto que es hermoso; no todos los días se puede hacer algo de este tipo", comenta.

Las condiciones climáticas para viajar son ideales: hay poco viento, está soleado y no hay casi nubes. "Hoy está especial", comenta Horacio mientras agarra el timón de la lancha y mira una brújula.

El experto en viajes marítimos cortos explicó a El País que "existen diferentes elementos de precisión a la hora de navegar, hay aparatos digitales sofisticados que funcionan a través de antenas y que nos sirven para visualizar, entre otras cosas, las distancias y los lugares precisos donde se encuentran las Islas".

Si bien Lobos se puede ver a simple vista un vez que se comienza a navegar, "cuando hay mucha neblina son necesarios estos aparatos", advierte el encargado del barco.

A las 13:02 la lancha se apaga. Tira un ancla al mar y se queda a escasos metros de la zona rocosa que forma la orilla de la Isla. Los lobos emiten diferentes tipos de sonidos, siempre observando atentamente lo que sucede.

"Parece que estuvieran gritando", dice uno de los niños, mientras se coloca un salvavidas para lanzarse al agua. Otra tripulante gesticula y con una mano se aprieta los orificios de la nariz: "¡Qué olor!". Es que el aroma que desprenden los cientos de lobos marinos que se encuentran en la isla es realmente nauseabundo, aunque "es cuestión de los primeros minutos, hasta que te acostumbres un poquito, después no lo sentís tanto", comenta Horacio.

El momento llegó. Algunos con cámaras fotográficas en mano, otros solamente observando la experiencia desde arriba de la lancha, y otros pocos sin salvavidas, se ponen en la banda de la embarcación para saltar al mar.

"Allá voy", gritó Guzmán, que es de procedencia española pero vive en Uruguay desde hace dos años. Fue el primer "valiente" en lanzarse al agua, que estaba helada y sumamente salada. Luego fueron los niños y finalmente otro grupo que miraba atentamente aquella situación.

A bordo se escuchan algunas instrucciones para tratar con los lobos: "las manos nunca las dejen extendidas apuntando al animal, si quedan frente a frente con uno de los lobos, las manos deben de quedar cerradas o a lo sumo con el brazo extendido hacia adelante y los dedos apuntando al cielo".

Según Horacio, "en los casi 15 años que llevamos haciendo este tipo de viajes nunca pasó nada, nunca hubo ataques, que es lo que nos pregunta la gente generalmente. Los animales son curiosos, nada más".

Los lobos asoman sus cabezas por fuera de la superficie, miran fijamente a las personas, vuelven a entrar, saltan repentinamente como expulsados por un resorte desde abajo, no paran de moverse.

Fueron 15 minutos de permanentes sorpresas con cada actitud de los animales. Los mismos parecían no entender lo que estaba sucediendo en su hogar, no parecían perturbados, pero tal cual lo relató Horacio, eran muy curiosos.

A las 15:30 los pasajeros, entre sonrisas y comentarios suben a la lancha. La experiencia fue tan buena que la pareja de brasileños aseguró que el próximo año volverá a repetirla.

De camino al puerto nuevamente, los lobos siguen la embarcación unos pocos metros, para luego quedarse dando vueltas en el agua, como si constantemente estuvieran jugando.

Espacio protegido por su fauna marítima.

La Isla de Lobos se encuentra a unos 8 kilómetros al sudeste de Punta del Este. Es el punto más austral del territorio nacional sin contar las bases antárticas. La isla depende de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara), del MGAP. Esta repartición administra los locales más espaciosos, frecuentados por científicos nacionales y extranjeros. Marinos de la Armada manejan el faro de 59 metros de altura, ahora automatizado. Es el más alto de América del Sur y el tercero del mundo.

Tiene una superficie de 42 kilómetros cuadrados. Mide 1,2 kilómetros de largo y 0,81 de ancho. Fue descubierta en febrero de 1516 por Juan Díaz de Solís. Su primer nombre fue "Isla de los pargos".

Comparten su superficie alrededor de 250 lobos marinos de varias especies. También elefantes marinos. En sus alrededores se observaron orcas.

A comienzos de la primera década del año 2000, el gobierno nacional de la época impulsó un llamado a licitación para la construcción de un propuesta de explotación turística de la isla. El llamado internacional fue desestimado ante la oleada de críticas lanzadas desde ONGs y científicos.

Entre cañones y naufragios.

Antía quiere impulsar además la recuperación de las construcciones levantadas durante la colonia en la isla Gorriti. El lugar es un sitio ideal para instalar un museo de sitio, tomando en cuenta los célebres naufragios registrados en la bahía de Maldonado. Uno es el encallamiento del "Agamemnon", el buque inglés que fue el primer comando de Lord Nelson. Otro el del Salvador, cuyo hundimiento costó más de medio millar de vidas.

La isla se encuentra a un kilómetro al sudeste de Punta del Este y su superficie es la mitad de Lobos: apenas poco más de veinte hectáreas. Fue descubierta por Juan Díaz de Solís. Y en su lugar fue montado un dispositivo militar para defender de incursiones a la bahía de Maldonado. En un principio poblada de palmas, luego dio paso a un bosque de pinos marítimos y eucaliptus.

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