UN ESPECTÁCULO QUE SE HA IDO AGGIORNANDO

Trotamundos y saltimbanquis bajo un mismo techo de lona

Cerca de 80 personas dan vida al circo Kroner instalado en Maldonado.

Fotogalería. Foto: R. Figueredo
Hace un año que el circo está en Uruguay. Llegó la temporada pasada a Maldonado. Foto: R. Figueredo
Foto: R. Figueredo
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Foto: R. Figueredo

Es viernes a la tarde. Una larga fila de público aguarda frente a la gran carpa azul y blanca ubicada en Roosevelt y Zelmar Michelini, frente al Hospital Mautone, en Maldonado. Están esperando para entrar al circo Kroner, un espectáculo que llegó desde Brasil y que se quedará en el balneario hasta el 5 de marzo.

En la fila hay muchas familias y fundamentalmente niños ansiosos: quieren que la cadena que les impide el paso se abra y poder descubrir, por fin, qué les aguarda en el interior. "Mami, ¿van a haber cosas de miedo?", pregunta uno de ellos. "No Facu, va a ser divertido, va a haber magia y la gente va a saltar por los aires", le contesta la madre provocando que los ojos del pequeño se iluminen.

Cinco minutos antes de las 19:00 horas, un hombre vestido de negro con el logo del circo estampado en la remera se acerca a la puerta y habilita el paso. El público comienza a entrar y se instala en los asientos de plástico rojo frente al escenario. El murmullo que reina en el lugar se corta repentinamente cuando, desde los parlantes, una voz potente da la bienvenida a los recién llegados.

Detrás de escena.

El espectáculo, que dura cerca de una hora y cuarenta minutos, incluye una diversidad de números que van desde payasos, acrobacias a varios metros de altura, magia e ilusiones, malabaristas, equilibristas, y lo más destacado del circo, el globo de la muerte, donde cuatro motos se introducen en una esfera metálica y sus conductores hacen trucos a pocos centímetros de distancia entre uno y otro.

Aunque en escena son unas 20 personas, los que trabajan para el circo son más de 80 entre el personal de limpieza, mantenimiento, choferes, cocinera y los que se encargan del armado y desarmado de la carpa, de 46 metros de diámetro y 17 de altura. Para eso se requieren por lo menos 30 personas.

Durante el año y mientras dura el espectáculo, todos ellos viven en casas rodantes que son las que les permiten también moverse de una ciudad a otra. Han estado desde 8 meses hasta 3 años en distintos países. Su casa y su vida está en el circo: los que tienen familia —unos 15— viven cada uno en un trailer, que cuenta con living comedor con cocina integrada y modernos electrodomésticos, dos dormitorios y un baño. Los solteros, en tanto, están en dos casas rodantes grandes que tienen seis habitaciones cada una.

En temporada, cuando los artistas cumplen con funciones diarias, entrenan unas dos horas por día practicando los números o incluso, si quieren, se pueden tomar el día libre hasta la función. "A menos que un truco salga varias veces mal durante el show; ahí sí se practica más horas", explicó Evelyn Kroner, una de las directoras del circo. Cuando los números son nuevos, para debutar en una presentación, el artista debe pasar entre ocho meses y un año practicando unas cuatro horas por día, hasta que Evelyn decide que está listo para ponerlo en escena.

Sin animales.

Desde sus comienzos, el circo Kroner se caracterizó por tener varios animales en sus shows: desde elefantes y caballos, hasta hipopótamos, chimpancés y jirafas. Tenían cuatro transportes especiales para trasladarlos. "Cuando mi papá se empezó a dar cuenta que la gente ya no quería ver animales en el espectáculo, los fue sacando de a poco, siempre buscando que ellos quedaran en algún lugar donde estuvieran bien", contó Evelyn.

Al final, se terminaron quedando únicamente con el caballo y la elefanta, la "mascota" preferida de su papá.

Hace 6 años, cuando se prohibió la utilización de animales en los espectáculos, la elefanta fue enviada a un recinto que habían hecho especialmente para ella en el zoológico de la ciudad Ribeirão Preto, donde la familia Kroner tiene su casa. "Mi papá salió del circo y se quedó un año y medio allá para que la elefanta se acostumbrara. Iba todos los días a visitarlo", contó su hija. Los demás animales, en tanto, fueron trasladados a distintos santuarios. "Tratamos que tuvieran el mejor lugar, ya que para nosotros eran como nuestra familia", explicó. Cuenta que los chimpancés dormían con ella en su cama y que su hermano se ponía celoso porque los monos jugaban más con ella que con él. "Crecieron con nosotros. Nos costó mucho dejarlos. Hasta el día de hoy los visitamos cuando podemos".

Dice que lo más difícil de ese cambio fue entretener a los niños. "Los números que hacían los animales, que eran la mayoría, tuvieron que ser sustituidos por más personas y debimos modificar el show para atraer a los más pequeños. Incluimos juegos de luces, interacción entre el payaso y los niños y muchos más números con adrenalina", explicó Evelyn.

La sexta generación perpetúa el apellido.

Evelyn Kroner. Foto: Ricardo Figueredo
Evelyn Kroner. Foto: Ricardo Figueredo

Evelyn (36) y su hermano Rudy (30) son la sexta generación de los Kroner que continúa la tradición del circo familiar. Todo comenzó hace casi 70 años cuando sus tatarabuelos, que hacían de saltimbanquis en las plazas de Alemania, llegaron a Brasil y armaron desde cero su circo. "Antes se llamaba Robatini que era también el apellido de mi familia. Cuando mi padre llegó a cierta edad, decidió crear su propio circo y le puso su apellido. Hace 28 años que se llama así", explicó Evelyn. Dice que toda su vida transcurrió dentro de una carpa y que ya desde chiquita hacía de payaso en alguna función o entraba para saludar al final del show.

"Estudiaba mientras estaba en el circo. Cada ciudad era una escuela nueva y como en el Mercosur hay una ley que establece que las escuelas deben aceptar a los niños así sea por una semana, iba de escuela en escuela. Así estudia mi hijo hoy", explicó. Cuenta que llegó a ir viernes y lunes a una institución y luego cambió de ciudad. "Es difícil pero el conocimiento que uno tiene por estar viajando no te lo saca nadie", explica la chica en un perfecto español que aprendió luego de haber estado varios años en Argentina y Uruguay.

Una vez terminada la secundaria Evelyn quiso estudiar veterinaria para atender a los animales que tenían en aquel momento en el circo. "Pero después me di cuenta de que por no haber tenido muy acompañados los estudios y no tener la misma formación que una persona que había estado todo el año lectivo en un mismo lugar, iba a ser muy complicado ser una buena veterinaria. Hice un tiempo, pero no aguanté y volví al circo", aseguró. Actualmente se encarga de la administración del circo y en la función es la maga. "Mi abuela también era maga y desde chiquita me encantaba mirar cómo entraba a escena y hacía los trucos", contó.

Su hermano Rudy — que nació en Uruguay— se encarga de lo que es la manutención del circo, el armado y desarme de la carpa, y de la iluminación. En la función hace trapecio y es uno de los motociclistas del globo de la muerte. El padre de ambos, aunque está retirado, viaja con ellos y es quien decide a qué ciudades van. "Nacimos y crecimos en un circo y seguiremos así toda la vida. Viene desde nuestros antepasados. Lo llevamos en la sangre", expresó Evelyn.

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