ACONTECIMIENTO CULTURAL

Tres "musas" en una tarde ardiente

Hace 80 años Juana, Gabriela y Alfonsina compartieron conferencias en Montevideo.

La foto que creó una leyenda: Gabriela, Alfonsina, Juana y Eduardo Víctor Haedo, sonrientes ante fotógrafos de América. Foto: El País
La foto que creó una leyenda: Gabriela, Alfonsina, Juana y Eduardo Víctor Haedo, sonrientes ante fotógrafos de América. Foto: El País

Hace hoy exactamente 80 años que en Montevideo se celebraba un acontecimiento cultural que puso al Uruguay en las portadas de los principales diarios del continente. Las tres musas de América coincidían por primera vez, juntas, en esta ciudad, —y el tiempo diría luego que no habría otra ocasión— para revelar los secretos de su creación literaria, en conferencias dictadas en el Instituto Alfredo Vázquez Acevedo(IAVA). "Las tres musas de América" era el nombre que la prensa de la época le daba a Juana de Ibarbourou, Alfonsina Storni y Gabriela Mistral.

Fueron convocadas por el entonces ministro de Instrucción Pública, Eduardo Víctor Haedo y por el director de Enseñanza Secundaria, Eduardo de Salterain Herrera, para participar en los Cursos de Verano de la Universidad, que se desarrollaron por primera vez en el año 1938.

El encuentro, que una fotografía tomada por un reportero gráfico de El País consagró para la posteridad, dio origen a la leyenda de las tres poetisas amigas. Aunque la realidad demostró siempre que aquellas mujeres tan talentosas como reconocidas internacionalmente nunca tuvieron un lazo de afecto que las uniera.

Pese a que había razones de sobra para que fueran amigas, el recelo primó entre ellas. —¿Problemas de cartel? —¿Desconocimiento y envidias recíprocas?—.

Reuniones anteriores.

Juana y Alfonsina eran las que más veces se habían visto antes de aquel encuentro. La argentina era una asidua visitante de Colonia donde se hospedaba en la casa de su amiga Sofía Kussrow, en el Real de San Carlos. "Aquí renazco", afirmó en varias ocasiones Storni, al referirse a sus largas estadías en Colonia.

Alfonsina mantenía además una estrecha amistad que algunos llegaron a tildar de amor correspondido y nunca desmentido con Horacio Quiroga, y visitaba asiduamente también Montevideo. Aquí era recibida por varios de los intelectuales de la época. Ya entonces y desde hacía tiempo Juana había seducido con sus versos a los poetas más notables de habla hispana, como los españoles Miguel de Unamuno, Salvador de Madariaga, Federico García Lorca, el mexicano Alfonso Reyes y el peruano José Santos Chocano, entre otros.

De reojo.

De esos tiempos data el conocimiento y la relación con Storni. A sabiendas que llegarían a sus oídos, Alfonsina hacía comentarios mordaces sobre Juana en los que no dudaba de calificarla como una mujer para quien la poesía era un misterioso capricho de la suerte.

Tal vez por eso Juana la describió físicamente como "chatilla y fea", para luego reflexionar en profundidad sobre por qué no hubo amistad entre ambas. "Cuando la conocí, (a Alfonsina) ya era desdichada, amarga y mordaz. Yo era aún feliz y casi inocente. (…) Ella se alejó de mí con la seguridad de que era una muchacha sin ningún interés espiritual, demasiado amparada por una familia que me adoraba", recordaría Juana años después, y sentenciaría: "Jamás tuvo en su mirada azul un mensaje para mí".

Gabriela y Juana se habían visto una sola vez. Fue en Montevideo en 1935, cuando la chilena, invitada también por Haedo, recaló para dictar una conferencia en el antiguo Auditorio del Sodre. Al día siguiente Juana la invitó a almorzar a su casa de la entonces calle Comercio. Allí se produjo un incidente en el que Gabriela manifestó síntomas de la enfermedad psiquiátrica que la afectaría severamente en el último tramo de su vida.

En un ataque de furia, y ante la mirada atónita de los otros comensales, Mistral se arrancó de su cuello un collar que Juana le había colocado sorpresivamente y que pretendía regalarle. Años más tarde, con ironía y hasta cierta pisca de maldad, Ibarbourou dijo de esa visita: "a Gabriela había que verla en la intimidad para encontrarle su belleza y conocerle el carácter".

Casi en pantuflas.

Aquel enero de 1938, el calor era agobiante en Montevideo pero esto no fue obstáculo para que una muchedumbre se agolpara en los salones del Vázquez Acevedo a escuchar a las tres musas de América. Por entonces Gabriela tenía 49 años, Alfonsina 46 y Juana 45.

La primera en dar su conferencia fue Mistral, y en sus palabras de introducción, parece haber querido congraciarse con Juana: "No es ningún azar ese apelativo que le dieron y que la deja sola con la América, dueña de la llave inefable del mujererío, es decir con la fórmula de la femineidad americana…".

La segunda en hablar fue Alfonsina, cuya conferencia setituló "Las manecillas del reloj". Meses más tarde se comprendería que el título fue una ironía más de Storni que, hacía tiempo, luchaba sin éxito contra un cáncer que se extendía por todo su cuerpo. Libraba verdaderamente una batalla contra el tiempo. Alfonsina, como ella misma dij,o llegó "muy roja de sol uruguayo y de los salinos vientos de la costa de Colonia".

En su alocución sostuvo: "¿No es, por otra parte, el poeta, un fenómeno que en sí mismo ofrece pocas variantes, una antena sutilísima que recibe voces que le llegan no se sabe de dónde y que traduce no sabe cómo?

Juana fue la tercera musa en hablar. Tituló su conferencia "Casi en pantuflas" y en ella sorprendió a la audiencia con sus secretos a la hora de escribir: "Yo sé que voy a decepcionar a muchos lectores desconocidos en esta inevitable confidencia de hoy (…). Decirles que mi torre de marfil es una amable habitación querida, en lo alto de mi casa con dos grandes ventanas abiertas a la vida, al mar…".

El encuentro terminó al anochecer. Cuentan que los fotógrafos intentaron sin suerte formar a las tres poetisas para que posaran para una foto. La que no estaba firmando autógrafos, dedicaba libros a sus lectores o conversaba con el público que no quería marcharse. La realidad era que la tres no querían ser retratadas juntas.

Los periodistas gráficos pidieron a Haedo que interviniera. El ministro golpeó entonces sus palmas y dijo: " ¡A ver musas de América! Yo sé que están cansadas pero nos tomamos una foto y nos vamos todos a cenar al Águila".

Muchos años después, al poco tiempo de que Gabriela muriera en 1957, (Alfonsina se suicidó en octubre de 1938), Juana recordó en sus Obras Completas aquel encuentro con estas palabras:

"Queda, de aquel día de Montevideo, una fotografía en que estamos las tres: Gabriela, Alfonsina y yo, con la sonrisa que exige siempre el fotógrafo y que al fin nadie tiene el valor de negarle".

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