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Tradicional batalla de agua y papel

La Ciudad Vieja renovó con mucha intensidad la tradición del último día hábil del año.

Bajo agua y sin nubes; así cerró el año en Ciudad Vieja. Foto: M. Bonjour
Bajo agua y sin nubes; así cerró el año en Ciudad Vieja. Foto: M. Bonjour
Bajo agua y sin nubes; así cerró el año en Ciudad Vieja. Foto: M. Bonjour
Bajo agua y sin nubes; así cerró el año en Ciudad Vieja. Foto: M. Bonjour
Bajo agua y sin nubes; así cerró el año en Ciudad Vieja. Foto: M. Bonjour
Bajo agua y sin nubes; así cerró el año en Ciudad Vieja. Foto: M. Bonjour
Bajo agua y sin nubes; así cerró el año en Ciudad Vieja. Foto: M. Bonjour
Bajo agua y sin nubes; así cerró el año en Ciudad Vieja. Foto: M. Bonjour
Bajo agua y sin nubes; así cerró el año en Ciudad Vieja. Foto: M. Bonjour
Bajo agua y sin nubes; así cerró el año en Ciudad Vieja. Foto: M. Bonjour
Bajo agua y sin nubes; así cerró el año en Ciudad Vieja. Foto: M. Bonjour
Bajo agua y sin nubes; así cerró el año en Ciudad Vieja. Foto: M. Bonjour
Bajo agua y sin nubes; así cerró el año en Ciudad Vieja. Foto: M. Bonjour
Bajo agua y sin nubes; así cerró el año en Ciudad Vieja. Foto: M. Bonjour

Ya es norma en la Ciudad Vieja y nadie se lo pierde. El último día hábil del año se tiran a la calle todos los papeles viejos y toda el agua que se pueda. Los trabajos se suspenden cerca del mediodía y comienza la "batalla".

La mañana de ayer no fue la excepción y otra vez desde las oficinas y las casas de familia se lanzaron miles de papeles y mucha agua. Desde las ventanas de bancos, sedes de empresas, oficinas públicas y privadas, estudios jurídicos y contables, garajes y hasta sindicatos se tiró todo lo que había.

En las veredas los pocos transeúntes que se atreven a pasar esquivan como pueden los "disparos". Los más experimentados llevan paraguas, los otros reciben el ataque sorprendidos. "Son años, no me mojan nunca más", exclamó una experimentada funcionaria de la Corte Electoral mientras desplegaba un enorme paraguas.

Asomados por las ventanas, se podía ver a los administrativos y funcionarios vestidos de traje y corbata divertidos como niños. Abajo los turistas, la mayor parte brasileños y algunos argentinos, disfrutaban de un espectáculo distinto. Dos jóvenes de Gualeguaychú se pararon en la esquina de Rincón e Ituzaingó para ver la batalla.

"Qué divertido, esto no pasa en Argentina. ¿Siempre es así?", preguntó uno de ellos. Alguien le comentó que en Buenos Aires también se despide el año de esa forma. "No lo sabía, nunca había visto algo así. ¿No viene la Policía?", volvió a preguntar mientras pasaba un patrullero de la seccional de la zona.

Desde la sede del sindicato portuario (Suanp) en la calle 25 de Mayo, el dirigente Oscar López, usando un gorro de Papá Noel, encabezó una guerrilla muy peculiar. Tiraba agua a los que pasaban y a los funcionarios de la Junta Electoral que está enfrente a la sede sindical.

En determinado momento el dirigente abandonó el balde y apareció con un recipiente de residuos lleno de agua. Tiró, volvió a cargar y siguió bañando personas. Sus compañeros hacían lo mismo con bombas de agua, baldes, botellas y juguetes lanza agua. Desde la Junta Electoral les respondían.

Como es tradicional, la cuadra de Rincón entre Misiones y Treinta y Tres fue uno de los puntos de la Ciudad Vieja donde el intercambio fue más nutrido. Desde las oficinas de los corredores de bolsa, navieras y los cambios se vivió con mucha intensidad.

La "batalla" culminó cerca de la hora 15:30. Lentamente, la actividad volvió la normalidad hasta el final de la jornada.

Historia.

No se conoce con precisión el origen de esta tradición. Algunos vecinos veteranos de la Ciudad Vieja sostienen que viene de los tiempos de la colonia. No tienen muchos elementos de prueba pero creen que es una forma de recordar la manera en que Montevideo respondió a los invasores ingleses en 1806.

Dice la tradición oral y algunas crónicas de época que los montevideanos rechazaron la invasión tirando agua y aceite hirviendo desde las escasas construcciones elevadas de aquella época. Esa versión ha sido cuestionada en los últimos años por los historiadores modernos que ven muy difícil la existencia de grandes cantidades de aceite en las viviendas montevideanas.

El Mercado del Puerto, uno de los lugares emblemáticos de la Ciudad Vieja, ayer recibió a mucha gente pero se espera que hoy se encuentre a tope. Con las parrilladas repletas esperan a cientos de comensales. Los precios están "como el año pasado". Un chorizo puede llegar a costar $ 120. Los comerciantes recibieron ayer decenas de camiones con mercadería para abastecer los restaurantes.

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