FLOR DE MAROÑAS

Un tiroteo en plena tarde deja un rapiñero muerto

Oficial de la Guardia Republicana logró frustrar el asalto a una farmacia.

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El ladrón salió corriendo de la farmacia luego de haber robado $ 8.910 y varios productos. Foto: F. Ponzetto

Un policía de la Guardia Republicana abatió a tiros a un delincuente que hacía segundos había robado, junto a otro cómplice, una farmacia del barrio Flor de Maroñas.

El hecho ocurrió ayer sobre las 14:40 horas aproximadamente. En la farmacia Caromar, que se encuentra ubicada en la calle Veracierto 2844, entre Pantaleón Pérez y Spencer, estaban el dueño y dos empleados.

Afuera del comercio, justo en la esquina, un policía de la Guardia Republicana vestido de particular despachaba pedidos en la barraca Las Cavas. Es que durante el día, aprovechaba que tenía libre para hacer dinero extra en otro trabajo, además del que desempeña como oficial.

"¡Dame la plata porque te quemo!, ¡dale, dale!", le dijo un hombre al dueño de la farmacia mientras lo amenazaba con un arma de fuego calibre 22. El delincuente que vestía pantalón deportivo color negro, buzo con rayas horizontales y llevaba puesto un casco, fue decidido a todo. Recorrió cada rincón de la farmacia como si la conociera.

Se le notaba experiencia, según los relatos. Saltó el mostrador y en un bolso color rojo depositó $ 8.910 entre billetes y monedas, además de mercadería: perfumes, esmaltes de uñas, desodorantes y medicamentos. Cuando el bolso se desbordó de productos, el ladrón salió corriendo rumbo a la puerta, frenó, y vio que a unos metros estaba estacionada y trancada la bicicleta de uno de los empleados.

"Dame la llave de la bicicleta", intimó el ladrón al empleado. "No, no te la voy a dar", le contestó el hombre. Lo único que los separaba a ambos era el mostrador de vidrio lleno de productos de belleza.

"Pensé que ahí nos iba a disparar, se me cruzó de todo por la cabeza, pensé que nos iba a dar", contó a El País el dueño del comercio, notoriamente nervioso por la situación.

"Por suerte se fue corriendo y acá adentro no pasó nada, es lo único que te puedo decir, yo no quiero hablar más de esto", afirmó un empleado, mientras recibía un llamado telefónico al que contestó: "Por suerte estamos todos bien, quédense tranquilos".

La huida.

El ladrón se llevaba el bolso colgado en el hombro izquierdo, en la mano derecha empuñaba el arma. Salió corriendo rumbo a la calle Veracierto. Pensó que iba a ser como otra de los tantas rapiñas que ya había cometido. Pero no.

"Escuché los cuetazos y cuando miré por la ventana vi que un loco iba a todo trapo por la calle en una moto amarilla rumbo a Camino Carrasco, fue lo que vi", informó a El País un vecino de la cuadra.

El delincuente, cuando iba a subirse a la moto donde lo estaba esperando otro compañero, fue sorprendido por el policía de la Guardia Republicana que iba de camino a la farmacia.

Este último no dudó, y según el relato de un transeúnte que estaba en la parada del ómnibus cuando todo sucedió, "le disparó cuando lo vio correr con el arma en la mano y el bolso lleno de cosas. El ladrón también le disparó al hombre, después la moto se fue rápido por Veracierto, agarró un tramo a contramano y después pasó por acá al lado de la parada".

El ladrón fallecido, de 19 años y con antecedentes penales por rapiña, quedó tendido en la vereda, justo frente a la farmacia. El policía le disparó, al menos seis veces, aunque al cierre de esta edición aún no se sabía con exactitud cuantos tiros impactaron en el cuerpo del delincuente.

"Cuando salí a la calle a ver qué estaba pasando vi al policía que estaba a los gritos avisándole a los vecinos que llamaran al 911", relató el dueño de un bar que se encuentra ubicado en Veracierto y Spencer.

El delincuente ya estaba muerto cuando llegó el primer patrullero. Luego se hizo presente un médico, quien efectivamente constató la muerte.

La gente que se encontraba circulando en la calle, mirando lo que estaba pasando, quedó estupefacta. Adentro de la farmacia, las tres personas que momentos antes habían sido reducidas por el fallecido, estaban tiradas en el piso, detrás del mostrador, porque pensaron que los tiros iban dirigidos a ellos por parte del ladrón.

Pero cuando se incorporaron, encontraron la sangrienta escena. "Solo esperaba a que se fuera el tipo para llamar a la Policía y hacer la denuncia, como pasa normalmente, nunca pensamos que iba a pasar esto. Fue en cuestión de segundos que se llenó de policías y de gente", contó el dueño de la farmacia.

Era conocido.

Según confesaron vecinos del barrio a El País, el fallecido era conocido de la zona. Su apodo era "el Oreja" y había sido visto por la cuadra en los últimos días.

"No andaba en esa moto color amarillo en la que se fue el amigo, pero estaba acá en la vuelta", comentó Cristina mientras miraba la escena del crimen.

Resultó que el dueño del bar de la esquina, como otros comerciantes del barrio, también sabían del sujeto. Todos conocían su apodo y el nombre de pila. "Vivía ahí en Malvín Norte", comentaron.

La noticia no demoró en llegar a oídos de familiares, amigos y allegados del fallecido. Una masa de gente se aglomeró a escasos metros de la escena del crimen. La situación comenzó a ponerse tensa, y la policía pidió apoyo a la Guardia Republicana.

Se cortó el paso de las calles. "Me lo mataron y no lo ayudé, no puedo creer esto, yo no puedo creer esto", decía una jovencita que lloraba sentada al cordón de la vereda, al tiempo que era consolada por un grupo de amigas: "Vos hiciste todo lo que pudiste, ¿ta? ¡Vámonos de acá!", le decía otra joven.

La chica se retiró, pero llegaron más amigos y los padres del delincuente.

Los efectivos de la Guardia Republicana se bajaron las viseras de plástico trasparente de los cascos. Comenzaron a llover las piedras, justo en el mismo momento que la jueza que tomó el caso se hacía presente en el lugar.

Declaran hoy.

Ayer quedaron a disposición de la Justicia, para prestar declaraciones, las tres personas que estaban dentro de la farmacia y el policía que abatió al rapiñero.

También fue conducido al juzgado un hombre sospechoso de haber sido el conductor de la moto que acompañó al asaltante fallecido.

Este último fue quien trasladó al padre del delincuente muerto hasta el lugar de los hechos.

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