FOTOGALERÍA

Tesoro bajo 5 capas de pintura

Las obras descubiertas en el Palacio Santos datan del siglo XIX y son de un artista suizo.

Los trabajos para restaurar todos los murales llevarían por lo menos un año. Foto: F. Ponzetto
Los trabajos para restaurar todos los murales llevarían por lo menos un año. Foto: F. Ponzetto
Los trabajos para restaurar todos los murales llevarían por lo menos un año. Foto: F. Ponzetto
Los trabajos para restaurar todos los murales llevarían por lo menos un año. Foto: F. Ponzetto
Los trabajos para restaurar todos los murales llevarían por lo menos un año. Foto: F. Ponzetto
Los trabajos para restaurar todos los murales llevarían por lo menos un año. Foto: F. Ponzetto
Los trabajos para restaurar todos los murales llevarían por lo menos un año. Foto: F. Ponzetto
Los trabajos para restaurar todos los murales llevarían por lo menos un año. Foto: F. Ponzetto
Los trabajos para restaurar todos los murales llevarían por lo menos un año. Foto: F. Ponzetto
Los trabajos para restaurar todos los murales llevarían por lo menos un año. Foto: F. Ponzetto
La restauradora Claudia Frigerio fue quien descubrió los murales. Foto: Fernando Ponzetto
La restauradora Claudia Frigerio fue quien descubrió los murales. Foto: Fernando Ponzetto

En las paredes del zaguán de la entrada al Ministerio de Relaciones Exteriores, por la Avenida 18 de Julio, fueron descubiertos murales del siglo XIX debajo de cinco capas de pintura de diversos colores, desde el azul al rojo puzol.

Por las investigaciones realizadas hasta ahora, la obra pertenecería al artista suizo Martino Perlasca (1860-1899), quien se radicó en el Río de la Plata y pintó también en Montevideo la Iglesia de San Antonio, la Glorificación de Verdi en el frente del escenario de la Sala Verdi, decoró el Club Uruguay y el Club Católico, y en San José, la Capilla del Santísimo Sacramento de la Catedral.

El último fin de semana, celebrando el Día del Patrimonio, las puertas del Palacio Santos estuvieron justamente abiertas para que el público pudiera apreciar, además del lujo de vitrales y mobiliario de época, las "ventanas" abiertas en las paredes del zaguán para exhibir las imágenes alegóricas.

La restauradora Claudia Frigerio fue quien halló el tesoro después de recuperar las puertas de entrada y antes de que se dispusiera pintar ese lugar.

Con bisturí en mano, centímetro tras centímetro, hubo que ir retirando capa por capa de pintura hasta llegar a la original. En algunas zonas eso no bastó y debió usarse compresas humedecidas en productos químicos que sí permitieron limpiar los tramos de muro analizados.

En la labor más amplia es muy probable que sea necesario efectuar lo que se llama una devolución de color al original.

De acuerdo al estudio de fotografías antiguas, ya se sabe que en otros lugares del Palacio Santos hay decoraciones murales, aunque no del valor estético de las pinturas de Perlasca.

Colores.

Claudia Frigerio explicó a El País quelas empresas de restauración se diferencian de las de pintura porque nunca hacen un trabajo sin estudiar antes lo que hay debajo de la última mano de color.

"Por eso hicimos calas estratigráficas que permiten la observación de la sucesión de capas de pintura, desde la más moderna. Ahí van apareciendo períodos históricos hasta llegar al sustrato. Al ver el material utilizado en este estrato, que fue la pintura original que está encima del último revoque, noté que era algo especial. Ahí empecé a abrir calas estratigráficas corridas, que abarcaban los muros y el techo y que ahora no se ven. Debimos pintar encima porque teníamos esa orden, pero lo hicimos con una pintura al agua completamente reversible, se saca con una esponja", contó la restauradora.

Cada 30 centímetros, en las paredes existe oculta una banda decorativa, de la cual hay una muestra a la vista.

Lo primero que apareció y dio cuenta de que detrás de la pintura lisa había vida, fue el ojo de un pájaro. Continuó luego abriéndose zonas por segmentos, en base a una cuadrícula. Entonces emergió la cara de la virgen y un niño, en una figura central.

"Pudimos al fin determinar una simetría en los murales; entre las columnas del zaguán, como figura central surge el óvalo, con una virgen, y los ángeles a los costados. Por las calas que logramos hacer vimos que ése es el patrón, lo que se repite, aunque cambia la imagen principal. Además de eso y las bandas decorativas hay naturaleza muerta en el sector central, más abajo de donde están los óvalos", detalló Frigerio.

La posibilidad de una pronta recuperación de los murales llevó a que se dejara sin sellar totalmente los tramos de imágenes que es posible apreciar. De todos modos recibieron un tratamiento de consolidación con una película contra la radiación UV.

Diplomacia.

La Cancillería está dispuesta a impulsar el redescubrimiento completo de la obra pero el presupuesto asignado a mantenimiento no comprende trabajos especialísimos como éste, que podría extenderse durante un año.

No se descarta que aparezcan mecenas del ámbito diplomático, por ejemplo: una embajada en particular, dispuesta a cubrir la mano de obra.

Al restaurar la puerta hallaron los murales

El descubrimiento de las alegorías en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores fue casual. Se dio después de la restauración de la puerta de la lujosa edificación que —en 1885— inauguró el entonces presidente Máximo Santos junto a su esposa, Teresa Mascaró.

La especialista Claudia Frigerio se encontró con una puerta carbonizada, con varias capas de estuco y pintura sintética. Con un bisturí se operó para extraer los carbonizados producto de una bomba molotov que tirada contra la puerta en la década de 1970. La hoja derecha, en la parte baja, resultó la más dañada.

Lo que ahora se aprecia de ella a un metro del piso ya no es parte de la puerta centenaria tallada por el ebanista Vicente Scalfi sino una recuperación hecha en base a la otra hoja, menos arruinada. En piezas que se reprodujeron, lo que parece madera increíblemente no lo es. Son copias en masillas de restauración.

Todo lo que ese trabajo dejó en el entorno inmediato fue lo que llevó a que desde Cancillería se decidiera pintar las paredes del zaguán, tarea que derivó en el hallazgo de los murales.

Teniendo en cuenta que Santos murió en 1889, a los 42 años, no es difícil presumir que poca gente llegó a admirar el arte guardado entre muros. Cuatro años después de presentarse la mansión en sociedad, la viuda de Santos debió arrendar el inmueble ya que le resultaba imposible mantenerlo.

La Jefatura de Policía de Montevideo fue uno de los inquilinos de una parte de la mansión e Instrucción Pública el otro. Es altísima la probabilidad de que desde una de éstas instituciones se mandó cubrir los murales que dejaban ver imágenes semidesnudas, pintadas entre 1883 y 1884, con la técnica del temple oleoso (o aceite secante), lo cual descarta que se trate de un fresco, puesto que los pigmentos de las pinturas no integran el estrato más fino del revoque.

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