¿Tendrán el coraje?

Hace algunos días, con la misma frialdad con la que aquel 14 de abril de 1972 buscó pacientemente el mejor tiro para herir mortalmente a su presa, el guerrillero devenido en periodista de investigación, Samuel Blixen, salió a ufanarse en el noticiero de canal 4 de haber asesinado al profesor Armando Acosta y Lara cuando éste abandonaba su domicilio.

Pocos días antes, durante una extensa entrevista concedida al diario Plan B, el también ex guerrillero y ahora escritor, Marcelo Estefanell, relató con lujo de detalles, y con bastante desparpajo, la forma en que realizó las "tareas de inteligencia" que permitieron conocer las costumbres de Acosta y Lara, y preparar el atentado que segó su vida aquel viernes de otoño.

Revisé cuidadosamente las declaraciones de Blixen y Estefanell. Puse en ello un celo probablemente muy similar al que el primero debe haber puesto al preparar el arma con la que luego consumaría el homicidio de referencia, y un empeño equivalente al que su compañero de guerrilla seguramente demostró a la hora de transformar al aquel director interventor de Secundaria y padre de tres hijos en un blanco indefenso.

Pero por más celo y empeño que puse, no encontré en los dichos de Blixen y Estefanell ni el más mínimo rasgo de arrepentimiento. Muy por el contrario, quedó meridianamente claro en las dos entrevistas que ninguno de estos dos ex guerrilleros se arrepienten de haber participado, en mayor o menor medida, en aquel asesinato.

¿No deberíamos los verdaderos demócratas sentirnos insultados y agraviados por la desvergüenza de estos señores, que en lugar de contribuir a la pacificación y reconciliación entre los uruguayos que el gobierno predica desde la tribuna, siguen relatando sus fechorías sin arrepentirse ni por un segundo de ellas?

¿No es dable pensar que estos siniestros personajes, que se ufanan de haber participado en la muerte de una persona, volverían a participar de un operativo de este tipo y de un homicidio a sangre fría si la circunstancia así lo ameritara?

¿No es llamativo que ellos y otros tantos ex guerrilleros tupamaros y de otras organizaciones sediciosas, muchos de los cuales hoy ostentan altísimos cargos nacionales o legislativos, hablen un día sí y el otro también como defensores únicos de los derechos humanos, mientras la enorme mayoría de la población no sabe que mataron, ordenaron ejecuciones, colocaron bombas, robaron o realizaron secuestros, algunos de ellos extorsivos?

¿No sería bueno que, decididos a revolver hasta el infinito el pasado, también estos ministros, senadores, diputados, ediles o funcionarios de gobierno que estuvieron involucrados con la guerrilla o incluso la comandaron nos contaran, con ese detalle y mansedumbre con la que gustan de explicarnos todo, cada una de las barbaridades que en nombre de sus ideales cometieron cuando en este país había una democracia a la que pretendían derribar?

¿No sería sano que pudiéramos saber quién fue el médico que mató al peón Pascasio Báez, sólo para comprobar que no es el mismo que nos atenderá mañana? ¿No sería útil saber si ese abuelito bueno que nos quiere enseñar a vivir en democracia mató, secuestró o robó en sus años mozos?

¿Tendrán estos señores el coraje de hacerlo? ¿O deberá hacerlo la historia?

elpepepregunton@hotmail.com

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