TRAVESÍA

El sueño de unir Nueva York y Punta en camioneta

Dos jóvenes cumplieron la primera etapa de un viaje pleno de riesgos y fiestas

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En Colombia subieron la camioneta a la balsa. Foto: Gza. Joaquín Ruibal

Joaquín Ruibal, apodado Kimi, tiene 28 años y es argentino, pero se crió en José Ignacio, Uruguay. Fue a la escuela del pueblo y tuvo una vida tranquila hasta que se mudó a Buenos Aires para estudiar Administración en Sistemas, en el Instituto Tecnológico.

Trabajó en una sociedad de bolsa y durante algunos años tuvo caballerizas en Lobos. Un día decidió que no quería ser como aquellos empresarios que estaban ocupados a full y casi no veían a sus familias, para solo disfrutar las dos semanas de vacaciones por año.

Entonces renunció, vendió sus caballerizas y se volvió a Uruguay, donde puso una granja de productos orgánicos y comenzó a viajar por el mundo, visitando Inglaterra, los países nórdicos, Rusia, y los Estados Unidos de costa a costa.

Justamente en cruce desde Nueva York a San Francisco en auto, un amigo norteamericano, Carl, al que conocía de hacía años porque viajaba seguido a Buenos Aires, le contó que quería manejar desde Nueva York hasta Bolivia, donde tenía familia. Kimi redobló la apuesta: "Vamos desde tu casa en East Hampton hasta la mía, en José Ignacio".

Como lo relata Silvina Ajmat en el diario La Nación de Argentina, los dos aventureros llamaron al proyecto Seeking Valhalla, mezcla de inglés y nórdico que significa "buscando el cielo". A su camioneta, una Land Rover Defender que parecía un vehículo de guerra, la bautizaron Freyja, como la diosa nórdica del amor, la belleza y la fertilidad.

En la travesía pasaron por múltiples situaciones de riesgo, rememora ahora Kimi, desde su casa en José Ignacio. Casi un mes después de haber comenzado el viaje, cuando decidieron cruzar de México a Guatemala, empezaron los problemas. Sin sello en el pasaporte, les impedían salir del país. Fue la primera vez que sintieron miedo, temieron un secuestro o ser víctimas de una estafa. Al final, aunque parezca una historia de biógrafo, mostraron la bandera uruguaya y pudieron continuar el viaje.

Más allá de jornadas extenuantes que los obligaron a manejar tres días sin dormir, de problemas de convivencia entre los dos amigos, y de tramos que exigieron contratar una balsa para seguir avanzando, la travesía ofreció algunos recreos reconfortantes. Desde la visita a playas ideales para el surf hasta una cabalgata de lujo, exclusiva para 70 personas, que terminó en un megacumpleaños, una bacanal bajo las estrellas de Guayaquil.

El viaje les llevó cinco meses y tuvieron que interrumpirlo en Bolivia, por razones de trabajo. Piensan retomarlo en invierno, recorriendo toda la Argentina antes de plantar en Punta del Este la bandera que trajeron desde los Hamptons. Mientras, Kimi trabaja intensamente en la inmobiliaria de su padre.

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