LA COLUMNA DE PEPEPREGUNTÓN

Los solidarios

¿Resultaba tan complejo escuchar las recomendaciones de los que saben y evitar las reuniones sociales por un tiempo?

Fiesta electrónica. Foto: Archivo El País
Foto: Archivo El País

¿Era tan difícil que cada uno de nosotros se siguiera cuidando y, a la vez, cuidara a los demás para que país todo pudiera mantener su situación sanitaria de privilegio?

¿Resultaba tan complejo escuchar las recomendaciones de los que saben y evitar las reuniones sociales por un tiempo?

¿Había que celebrar fiestas clandestinas justo cuando todos exhortaban a no hacerlo?

¿Era impostergable reunirse de a decenas, o incluso de a cientos, para tocar el tamboril?

¿Era necesario salir a bailar a un boliche, saltando y cantando en lugares cerrados, en momentos en que el sentido común llamaba a evitar ese tipo de encuentros?

¿No podía evitarse acaso compartir el mate en el trabajo, en reuniones de amigos, en la puerta del liceo o hasta en algún centro de salud?

¿Quién nos dijo que el peligro había pasado?

¿Cuándo nos convencimos de que éramos inmortales, que la pandemia no podría con nosotros y de que, a diferencia de lo que sucedía en el mundo entero, en Uruguay no faltarías camas de CTI, ni respiradores, ni médicos intensivistas?

¿Por qué después de haber aplaudido a los médicos durante algunas semanas dejamos de empatizar con ellos y empezó a no importarnos si el sistema de salud colapsa o resiste tanta irresponsabilidad?

¿En qué momento dejó de importarnos cuántos compatriotas morirían por nuestra desidia?

¿Cuándo fue que resolvimos, como individuos, que no nos importaba si como consecuencia de nuestra insensatez en el Uruguay hay que cerrar buena parte de la economía, y eso lleva a decenas y decenas de miles de personas vayan al seguro de paro o pierdan definitivamente su empleo? ¿Por qué no nos importa que uruguayos como nosotros puedan no tener cómo llegar a fin de mes por algo que, entre todos, pudimos haber controlado?

¿Qué nos pasó? ¿Nos creímos invencibles? ¿El pueblo elegido? ¿O no hicimos otra cosa que dar, una vez más, muestra del egoísmo que nos caracteriza?

Ahora ya es tarde. Con lamentarnos no vamos a lograr nada.

La irresponsabilidad de muchos, que tiraron de la piola hasta romperla, impactará en la vida de todos.

Muchos más uruguayos se contagiarán en las próximas semanas, cuando pudieron haberlo evitado. Algunos sufrirán complicaciones y serán hospitalizados. Una parte de ellos necesitará de una cama de CTI y de un respirador para luchar por su vida. Y no todos lo lograrán.

Otros no enfermarán de COVID-19, pero verán de nuevo sus empleos en peligro. Los mandarán al seguro de paro, total o parcial. O las empresas en las que trabajan terminarán por despedirlos, porque no todos podrán soportar cerrar de nuevo sus puertas.

Habrá uruguayos que no podrán llevar un plato de comida a su casa. Volverán las canastas. Y las ollas populares. Y todos nos llenaremos la boca hablando de lo solidarios que somos los uruguayos.

¿O no?

[email protected]

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados