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53 soldados para combatir una virtual amenaza de terroristas

Compañía Escorpión está formada por francotiradores y grupo de asalto.

La Compañía Escorpión se divide en dos grupos: francotiradores y asalto. Foto: D. Borrelli
La Compañía Escorpión se divide en dos grupos: francotiradores y asalto. Foto: D. Borrelli
Foto: Darwin Borrelli
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El teniente coronel Daniel Ubal no tiene empacho en decir que "los mejores recursos humanos del país" se forman en el Batallón de Infantería N° 14. Allí, sobre la ruta 85, en Toledo, en el departamento de Canelones, se entrena a diario la Compañía Escorpión. Se trata de 53 soldados que son "los únicos preparados" para enfrentar una virtual amenaza terrorista en Uruguay.

No ganan más que el resto de los militares. Si son solo soldados "perciben 15.000 pesos por mes", dice Ubal.

Los de mayor rango pueden obtener algún peso más. Si son sargentos llegan a 22.000. Así que la paga es poca. Pero también el horario imprevisible. Se puede estar hasta 12 horas por día entrenando. En caso de que se haga un simulacro se los puede llamar a cualquier hora para que se presenten en el Batallón N° 14 en un lapso no mayor a 120 minutos.

"Es un trabajo que no se puede hacer sin el apoyo de la familia", advierte el sargento Ruben Picanzo, que desde hace 14 años forma parte de la brigada antiterrorista.

La Compañía Escorpión se divide en dos: los francotiradores y el grupo de asalto. Los francotiradores son 18, empiezan a trabajar a las ocho de la mañana y la práctica de tiro se extiende hasta las 13 horas. Se almuerza y después hacen gimnasia. Esa es la rutina habitual, pero a veces cambia en función de para qué tarea se necesite a estos militares.

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Que participen en la brigada antiterrorista no los exime de hacer otros trabajos, por ejemplo el de desempeñarse como guardias en las cárceles. En un día común de entrenamiento los francotiradores tiran entre 200 y 300 disparos. Usan balas de verdad.

En una demostración que los militares hicieron ayer para la prensa, los francotiradores mostraron sus habilidades. Primero se colocó un soldado a 100 metros, el jefe tomó un plato de cerámica en su mano derecha, extendió el brazo, contó 5, 4, 3, 2, 1 y la bala partió el plato al medio.

La segunda demostración fue desde más lejos: 300 metros. Francotiradores esta vez apuntaron a botellas de plásticos rellenas con un líquido rojo, que estaban colocadas simulando las cabezas de unos maniquíes vestidos como soldados. La cuenta regresiva y los tiros dieron en el blanco. El líquido saltó de las botellas como si fuera la sangre de la cabeza de los soldados.

El curso de francotiradores dura dos meses. En ese tiempo cada uno de los aspirantes a entrar a la Compañía Escorpión dispara unas 250 balas. Cada vez que se abren cupos se suelen anotar unas treinta personas, "pero no ingresan más de ocho o diez", contó a El País el comandante de la compañía, Ricardo Saavedra.

Otras 30 personas forman parte del grupo de asalto. Un "asaltero" dispara unos 4.000 tiros del fusil IMI Galil 5.56 y 2.000 de 9 mm durante su entrenamiento. Para este curso también entran unos 30 "y salvan 7 u 8", señaló Saavedra. Entrenan en un polígono de asalto y también en una "casa de tiro".

En la "casa de tiro" se ensayan, entre otras cosas, operativo de rescate de rehenes en vivienda. En la práctica que presenció El País siete militares entraron a esta casa —distribuida en habitaciones, amueblada y hasta con un termo y un mate posado sobre una mesa— y le dispararon a dibujos de hombres armados pegados sobre estructuras de madera.

En las imágenes algunos de los objetivos vestían turbantes, otros ropa militar y otros jean y campera deportiva con capucha. Los ejercicios se hacen con balas de verdad. Después de "matar" a todos los objetivos, rescataron al "rehén", que en realidad era un maniquí también vestido de militar.

"Además de hacer ejercicios acá, pedimos edificios prestados, reales, donde se ponen esas mismas imágenes y se tira igual que acá con munición de verdad. Son edificios que muchas veces están en predios urbanos", contó Saavedra.

En las prácticas en edificios disparan a "objetivos verticales". A veces tiran desde más lejos, con blancos a 800, 900 y hasta 1.000 metros. También hacen simulacros desde aviones.

Todos los miembros de la Compañía Escorpión son también paracaidistas. Además de los 18 francotiradores y 30 miembros del grupo de "asalto", hay cinco militares que se encargan del área técnica, sobre todo la planificación de los simulacros o, en caso que sea necesario, los operativos antiterroristas que haya que montar.

"Sin dudas sería bueno tener más gente, más infraestructura, más material, más medios… Pero igual con lo que nos den vamos a cumplir con la misión que nos asignen", sostuvo Saavedra.

Ubal advirtió que estos soldados están listos, dependiendo del traslado de la Fuerza Aérea, para llegar a cualquier territorio del país en menos de dos horas. Reconoce, por otro lado, que hasta ahora no han participado de misiones reales antiterroristas. Por ejemplo, cuando en el año pasado apareció un explosivo sin detonador en el World Trade Center de Montevideo, ellos no actuaron, pues no los convocaron para hacerlo.

"Tenemos muchas premisas: defender la patria, la familia y los ideales de Artigas. Esta es la llama que ilumina nuestro camino diario", señala también Ubal, quien insiste en que estos militares "son los recursos humanos más importantes que tiene la nación".

"Hay recursos materiales y somos celosos custodios de los mismos, pero lo principal, lo más importante es lo que hay atrás de ese uniforme. Hay soldado, padres de familia, que día a día entrenan, y lo hacen en serio. Con munición real. Renuncian a muchas cosas pero lo hacen con hidalguía, confiados de sus líderes. Solo bastará una orden de alerta para cumplir la misión", concluye.

Escorpión.

La Compañía Escorpión se divide en dos grupos: francotiradores y asalto. Cuando se abren cupos se presentan unos cincuenta para cada disciplina. No llegan más de 10 a pasar las pruebas. Entrenan con balas reales y "un error puede llevarlos a la muerte", según repiten, como si fuera un poema aprendido de memoria, varios de los miembros de la compañía. En el día de ayer abrieron las puertas a la prensa para mostrar cómo es el entrenamiento. Sostienen que hay días que trabajan 12 horas seguidas y que están siempre a disposición para actuar.

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