UNA CRUZ PARA TODA LA VIDA

Víctimas invisibles del femicidio

Asesinatos de mujeres dejaron 32 huérfanos este año, 21 de ellos son menores de edad.

Tras un hecho como el asesinato de la madre, los niños atraviesan severas patologías. Foto: Reuters
Tras una tragedia como el asesinato de la madre, los niños atraviesan severas patologías. (Reuters)

Desde que perdió a su madre, el pasado 19 de febrero, el comportamiento del pequeño Juan M. de 4 años, sufrió un brusco cambio. "Comenzó a ponerse más rebelde, a pegar y tirar objetos al suelo. Antes no era así", cuenta su tía Eva Monzón.

Eva es hermana de Vanesa, la joven de 32 años asesinada por su expareja en Vergara, Treinta y Tres. "Yo vivía con mi hermana y él no hacía esas cosas. Era un niño tranquilo, cariñoso y alegre, que vivía jugando", contó a El País.

El día del crimen, el niño había salido con su hermana mayor y cuando regresaron se encontraron con su madre tirada en el suelo. "Él la vio, pobrecito, y decía: mamá está muerta y tiene sangre", contó su tía.

Desde que ocurrió el trágico hecho el pequeño pasó a vivir con su abuela materna, quien ante el cambio de conducta del niño decidió llevarlo a una psicóloga. De acuerdo con lo que ésta les explicó, la reacción del niño se debe, en parte, a que piensa que su madre lo abandonó. "Él pregunta siempre por mi hermana. Nosotros le dijimos, como pudimos, lo que había pasado: que su madre se había ido y que no iba a volver más, pero no porque lo haya abandonado", dijo Eva.

El resto de los hermanos —Vanesa tenía otros cinco hijos— pasaron a residir con sus respectivos padres en Treinta y Tres: los mayores, de 15, 12 y 11 años, viven hoy en una arrocera con el primer marido de Vanesa. Otros dos, de 8 y 6 años, están a cargo de su padre, la segunda pareja de la víctima. Según Eva, su sobrina de 11 años también empezó a tener comportamientos distintos tras la muerte de su madre. "Estaba muy agresiva con los compañeros de la escuela. Vivió un tiempo acá con nosotros y luego se fue con el padre y sus otros dos hermanos", narró.

Vanesa Monzón (izquierda) junto a su hermana Eva.
Vanesa Monzón (izquierda) junto a su hermana Eva.

Esos seis niños y adolescentes son parte de los 21 menores de edad que han quedado huérfanos en lo que va de 2018, luego de que sus madres fueran asesinadas por sus parejas, exparejas o familiares. En algunos casos quedaron también sin sus padres, ya que los homicidas, luego de matar a las mujeres, se quitaron la vida o fueron enviados a prisión. Otros 11 hijos mayores de edad también perdieron a sus progenitoras a causa de la serie de femicidios de este año.

De las nueve mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas, siete eran madres, la mayoría tenía hijos menores de edad. En el caso de Mirtha Lorena Rocha (30) ultimada por su ex- pareja en La Coronilla el 10 de marzo pasado, era madre de cinco hijos y estaba embarazada de siete meses.

El día después.

El impacto en los niños como consecuencia de la muerte violenta de su madre, "es profundísimo", coinciden psicólogos y psiquiatras expertos en traumas infantiles.

"En algunos casos hay una doble pérdida (madre y padre) que genera un impacto importante a todo nivel: desde lo psíquico hasta lo emocional", explicó Darcy Bataille, psicólogo del Sistema Nacional de Protección a la Infancia y la Adolescencia contra la Violencia (Sipiav) dependiente del Mides.

La sintomatología puede ser muy variada: una profunda tristeza que lleve al niño hasta la depresión, trastornos de comportamiento, ansiedad incontrolable, mayor irritabilidad, problemas para alimentarse, para dormir (pesadillas o insomnio), o alteraciones en el aprendizaje, que pueden ser provocadas por la falta de concentración luego de vivir esa situación traumática.

A su vez se puede ver afectada la autoestima del niño y su capacidad para desenvolverse en la vida. "Su mundo anterior se derrumba completamente y se abre un mundo nuevo. El impacto es tan profundo que la vida cambia totalmente", explicó el psicólogo.

Tres aspectos.

La forma en que reaccionen y sobrelleven la situación, de acuerdo al psiquiatra Miguel Cherro Aguerre, depende de tres aspectos fundamentales.

"El primer punto es cómo han sido tratados desde que nacieron hasta el momento en que se produce la muerte de la mamá: la calidad de los vínculos y la contención que tenga puede hacer que el niño reaccione frente al hecho dramático de una manera más eficaz para su desarrollo y pueda sobrellevar el hecho con mayor fortaleza", explicó el psiquiatra, que actualmente está jubilado pero fue profesor y director de la Clínica de Psiquiatría de Niños y Adolescentes del Hospital Pereira Rossell, y ocupó la presidencia de la Sociedad Uruguaya de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia.

Reconstrucción del femicidio de Mirtha Lorena Rocha. Foto: Telemundo
Reconstrucción del femicidio de Mirtha Lorena Rocha. Foto: Telemundo

En segundo lugar, agregó, es determinante en qué medida el niño participó o no del hecho. "Importa si presenció lo que ocurrió o si escuchó ruidos o gritos. Eso indudablemente va a tener un efecto sobre el niño y tendrá una afectación mayor que aquel que no vio ni escuchó nada". Sin embargo, Cherro volvió a remarcar la importancia de los vínculos: "Ante dos chicos que presenciaron lo mismo, que escucharon lo mismo y que vieron lo mismo, el que no tiene un antecedente de vínculos tempranos satisfactorios seguramente va a estar peor pertrechado que el que sí ha tenido esos vínculos. Porque eso lo ayuda, de alguna forma, a remodelar su aparato psíquico y a sobrellevar la tragedia vivida".

En tercer lugar, de acuerdo a Cherro, es importante cómo se maneja la situación, ya sea desde el punto de vista de la familia como del entorno más cercano que puede ser la institución educativa o la guardería a la que asiste el menor. En esos casos, sostiene, es fundamental la presencia de un técnico en salud mental que, a través de sus conocimientos, ayude al niño a atravesar ese duro momento de su vida.

"El foco es el niño, pero también se debe brindar apoyo a la familia que lo va a acoger. Porque muchas veces se trata de los abuelos maternos que también están conmovidos por toda la situación y van a pasar a ser los adultos referentes", dijo por su parte Bataille.

A partir de los 3 o 4 años los especialistas pueden comenzar un tratamiento directamente con los niños aunque depende "de la capacidad de los chicos para simbolizar y elaborar el trauma", subrayó Bataille. Según explica, cuando son pequeños se suele trabajar más desde lo lúdico, "para que los niños puedan expresarse, exteriorizar sus sentimientos y empezar a procesar esa situación traumática".

Una de las técnicas utilizadas es el dibujo. "Es la expresión de los niños, la forma que tienen para manifestar lo que les pasa", contó. En algunos casos, según admitió, las representaciones e incluso lo que verbalizan los pequeños, es tan fuerte que sorprende e impacta a los profesionales.

En el caso de los niños con menos de cuatro años, los profesionales trabajan más directamente con los adultos referentes del pequeño.

Decir o no la verdad.

Uno de los momentos más difíciles a los que se enfrenta la familia o el círculo cercano de ese niño es explicarle lo que le sucedió a su mamá. Frente a esa situación, Cherro dice que no hay que negar ni excluir la realidad y recomienda ir con la verdad. "Pero con salvedades", aclara.

"No todas las personas aceptan la verdad de la misma manera. Por eso, un técnico tiene que ver hasta qué punto una persona tiene la fortaleza suficiente como para resistir lo que se le va a decir, porque hay verdades que pueden destrozar al individuo. El profesional debe manejar la verdad de una manera hábil, que sea tolerable y que no sumerja más al niño en un duelo imposible de resolver", explicó el psiquiatra.

En sus más de 50 años de experiencia Cherro se ha enfrentado en varios casos al dilema de hasta dónde contar. Y hay uno que recuerda en particular, aunque prefirió no dar muchos detalles ya que "el caso es muy identificable".

Ocurrió casi al comienzo de su carrera. El pequeño tenía 5 años entonces, y a raíz del femicidio de su madre comenzó a tener una serie de alteraciones en la conducta. "En ese caso me tocó decirle lo que había ocurrido y decidí atenuar la historia para que pudiera tolerarlo", explicó. Luego, varias décadas más tarde, volvió a encontrarse con él y está convencido de que el hombre, a pesar de la tragedia, evolucionó bien, en parte porque los vínculos tempranos habían sido fuertes. "Lo ves de adulto y no te imaginás que ese chico atravesó esa experiencia dramática", aseguró.

A Darcy Bataille, en tanto, le han tocado casos en que la familia de acogida está vinculada al homicida y muchas veces eligen no contarles la verdad.

"Por un lado, es la persona que mató a su madre, pero por otro, se trata de su propio padre. Esas dos situaciones para el niño son extremadamente conflictivas: cuando se genera un sentimiento de amor y odio contra una misma persona se produce en el niño un conflicto muy difícil de procesar", explicó el psicólogo.

En cuatro meses, 12 femicidios

Desde enero de 2018 a la fecha, 12 mujeres han sido asesinadas por sus parejas, exparejas o familiares. El primer femicidio del año ocurrió el 23 de enero en Tranqueras, Rivera. Un hombre mató a su pareja de 65 años y luego se suicidó. Otros tres se produjeron en febrero, cinco en marzo y tres más en lo que va de abril. Los últimos dos femicidios tuvieron lugar el mismo día: Katia López (35) fue asesinada en Canelones por su expareja que era policía. Tras cometer el crimen llevó el cuerpo hasta un camping en Florida y se suicidó; tenían dos hijos menores. El otro fue el de Milka Tomassini (37), ultimada por su pareja en un tambo en Colonia. El homicida se suicidó. Tenían dos hijos en común, de 7 y 10 años.

Pensión para hijos de las víctimas

Cada vez que se produce un femicidio, tanto el INAU como el Sipiav coordina con la Unidad de Atención a las Víctimas de la Fiscalía General de la Nación y a partir de allí "se empieza a pensar, de acuerdo a cada situación, cuáles son los referentes adultos con los que los niños se podrían quedar", explicó a El País María Elena Mizrahi, coordinadora del Sipiav. Según explica, la última alternativa es que pasen a protección del Estado.

"Si hay familiares que se pueden hacer cargo, tratamos de apoyarlos, tanto desde el punto de vista de la atención psicosocial como si necesitan algún otro apoyo material como alimentos o transporte para asistir a los tratamientos", informó. Asimismo, el instituto Inmujeres del Mides tiene un proyecto con el Ministerio de Vivienda para poder brindar apoyo para la garantía de alquiler.

Pensión del BPS.

Hace tres años se aprobó en el Parlamento la "Pensión para hijos de fallecidos por violencia doméstica" que otorga el BPS, ya que "muchas veces sucede que la madre era el sostén de la familia". Para solicitarla se debe cumplir con ciertos requisitos: deben estar cursando estudios en institutos de enseñanza públicos o privada, o padecer una incapacidad física o psíquica que les impida acceder a una tarea remunerada. Los beneficiarios son los hijos solteros menores de 21 años de edad (sin medios de vida propios), y los hijos solteros mayores absolutamente incapacitados para todo trabajo (sin medios de vida propios). En la actualidad esa pensión es de $ 10.297 mensuales.

BPS: cada año es mayor la contribución que debe hacer Rentas Generales para que el BPS cumpla con los pagos de jubilaciones. Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto

En cuanto al seguimiento que realiza el Estado a esos niños, Mizrahi explica que "cada situación es distinta y depende también de cómo lo procesan los niños".

"El seguimiento no sólo lo hace un equipo específico (integrado por psicólogos y asistentes sociales) que puede llegar a domicilio, sino que también se trabaja en los lugares donde están insertos esos chicos, que puede ser un centro CAIF, una escuela o un liceo. Se trabaja para que, dentro de lo posible, puedan transitar su vida de la forma más normal", indicó.

En lo que va del año, según explicó Mizrahi, "ninguno de estos niños huérfanos ha ido al INAU".

"La idea es que su vida, más allá del impacto tremendo que implica la pérdida de su madre, cambie lo menos posible", explicó.

Información Útil

Violencia doméstica

Línea para asistencia a víctimas de violencia doméstica:

Desde una línea fija 08004141
Desde celulares *4141

El servicio es gratuito, confidencial y anónimo y la llamada no queda registrada en la factura. En función de la situación y la demanda planteada se deriva a la persona a servicios y recursos públicos o privados especializados.
Horarios: Lunes a viernes de 8:00 a 24:00hs , sábados y domingos de 8:00 a 20:00hs.

¿Qué hacer ante una situación de violencia? (Red Uruguaya de violencia doméstica)

• Hablalo con personas de tu confianza: familiares, amigas/os, vecinas/os.
• Si decidís hacer una denuncia policial buscá antes el asesoramiento y apoyo de los servicios especializados en violencia doméstica que te dan el Estado y las organizaciones civiles.
• Irte de tu casa porque te maltratan no es abandono de hogar. Si decidís hacerlo dejá una constancia en la Seccional Policial.
• Si estás lastimado, recurrí a cualquier centro asistencial, policlínica o emergencia móvil y pedí un certificado por las lesiones constatadas.
• Evitá estar solo cuando percibas que pueden agredirte.
• Alertá a alguna vecina/o para que pueda ayudarte. Dejá alguna ventana abierta y la puerta sin llave.
• Si el agresor ya no vive en tu casa, no le abras la puerta y si insiste llamá al 911.
• Cuando visite a tus hijos/as evitar estar solo
• Cambiar las rutinas si te persiguen.
• Pedí que te acompañen al salir del trabajo, fijate si el agresor se encuentra en las cercanías para evitarlo y/o llamar a la policía.

Vea el especial Muertas no sueñan

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