RECLAMO FEMINISTA

Nancy, Isabel, Graciela y Renee; las luchadoras del balcón

Bordean los 80 años y mantienen viva la esperanza de un mundo más igualitario para ellas.

Desde un balcón forman parte de la marcha y los reclamos como si estuvieran a ras de la calle, desde abajo las más jóvenes lo celebraron cantándoles. Foto: Gerardo Pérez
Desde un balcón forman parte de la marcha y los reclamos como si estuvieran a ras de la calle, desde abajo las más jóvenes lo celebraron cantándoles. Foto: Gerardo Pérez

Tomaron todo aquello que tenía color violeta y lo convirtieron en insignia. Cortaron un mantel viejo para hacer capas, y Renée transformó un pantalón en un pañuelo para revolear al viento.

Contra el frío, vistieron capelinas rosa, violeta y azul, además de las capas de ropa. Renée, Nancy y Graciela, las más jóvenes de las cuatro, caminarían, pero Isabel tiene 88 años y el andador no es el aliado más cómodo para seguirle el ritmo a la marcha del 8M.

Eso sí, no andarán, pero están, firmes, como hace un año, cantando y con los puños en alto en el balcón que queda justo enfrente al Gaucho, desde que comenzó, y hasta el final. También estaba Betty, pero se fue antes.

Están ahí, y todos las miran. A esta altura ya son figuras en las redes sociales. “Vimos que nos sacaron muchas fotos”, comenta Graciela, y mientras charlan con El País, miran de reojo el informativo para ver si las pasan.

“Yo creo que es emoción porque ven a mamá, ahí, tan mayor, de pie”, responde Nancy, hija de Isabel, cuando le preguntamos si se dieron cuenta que los grupos feministas les cantaban. “Cuando era joven parecía que la gente mayor pensaba de otra manera, y ver a una persona mayor emocionaba. Ahora pienso que les pasa lo mismo”, dice Renée. “Era más jodido ir a las marchas, pero había que hacerlo, y ver que las nuevas generaciones siguen, nos emociona a nosotras”, añade.

Miles de personas marcharon ayer en 18 de Julio por el Día de la Mujer. Foto: Gerardo Pérez
Miles de personas marcharon ayer en 18 de Julio por el Día de la Mujer. Foto: Gerardo Pérez

La habitación que da al balcón es el cuarto de Isabel, ahí hasta el sillón para invitados está cubierto por una manta lila. Desde que se mudó y puede presenciar la marcha, el 8 de marzo se hizo tradición, y Nancy, Renée y Graciela la acompañan. “Éramos demócratas y ella nos hizo tupamaras”, bromea Nancy. Ahora que terminó la convocatoria, cerraron las ventanas y toman mate, comen budín y torta de fiambre caseros mientras pasan de jolgorio. “Acá todo siempre es una joda, nos divertimos”, dice Graciela. Se nota en las risas y en la camaradería.

Acompañando su momento, sentadas y escuchando atentas a sus ideas, les preguntamos por sus vidas. Solo podemos saber que Nancy es de Migues, Canelones, y que tiene cuatro hermanos -eran siete, pero dos murieron-, que se turnan para que Isabel esté siempre acompañada. Sabemos también que son amigas hace mucho y que Nancy, por ejemplo, ni se casó ni tuvo hijos porque, en un principio, su primer amor murió, y después, hubo que elegir entre la política y la familia. Eran cosas que por aquel entonces no se conciliaban, y luchar por los derechos de igualdad pudo contra todo.

Pero no hablan mucho más de sus vidas personales. Esas mujeres que emocionan al que pasa, tienen ideas, y saben que valen más por sus pensamientos que por los cuentos.

Renée, por ejemplo, comenta que cuando escucha el debate por el lenguaje inclusivo de los jóvenes, recuerda que en su época, pasaba con otras palabras: “Ahora es muy común decir que se ‘cosificaron’ las cosas. Cuando nosotras inventamos esa palabra, nos dieron en la nuca porque miren que eso no existe en nuestro idioma, y ahora lo dicen periodistas, todo el mundo”. Y así, con ellas, todo. Desde el lenguaje, hasta los años, los cambios y el alivio por saber que “la lucha continúa”.

Los cambios

“Hay cosas que a los más jóvenes les parece que siempre existieron, porque cuando yo era joven me parecía que había cosas así. Pero después te das cuenta de que no. Podés estudiar, trabajar, hacer las cosas simples de la vida, pero en determinada época, era diferente, se vivía de otra manera. Hay todo un camino que ya está hecho, entonces parece natural”, reflexiona Renée.

Mujeres del futuro

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