Reparaciones voluntarias

Modo "use y tire" es un desperdicio

El Club de Reparadores se encarga de restaurar gratis objetos con gran valor afectivo.

La mesa de carpintería dejó como nuevas a una muñera de 60 años y dos de casi 80. Foto: F. Ponzetto
La mesa de carpintería dejó como nuevas a una muñera de 60 años y dos de casi 80. Foto: F. Ponzetto

La última vez que Rosana fue a visitar a su familia en Tacuarembó se trajo tres muñecas de plástico antiguas. Su madre las conservó durante más de 50 años porque quería que sus nietas jugaran con ellas. Ahora que Justina cumplió tres años está en edad de heredarlas, y Rosana se propuso darle el gusto a su madre.

Estos juguetes de industria nacional recorrieron casi 400 kilómetros para llegar a la décima edición del Club de Reparadores que se realizó ayer en Enlace (Agraciada y San Martín).

Rosana se acercó para que los voluntarios con habilidades en carpintería le dieran una mano, pero antes se vio una cantidad de tutoriales en Youtube para poder colaborar en la recuperación de estos objetos tan preciados para su madre.

El pelo de las muñecas estaba deteriorado, pero a base de suavizantes y mucho peinado quedó impecable. Le cambiaron los elásticos que unían las distintas partes porque estaban vencidos, y luego se las lijó para poder pintarlas. Cuando la sobrina de Rosana las reciba parecerá que se las compró en una juguetería.

Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto

La apuesta de este colectivo es luchar contra la obsolescencia programada. El Club de Reparadores colabora y da soluciones gratuitas para extender la vida útil de los objetos con un fin sustentable: evitar que se conviertan en residuos.

"El use y tire le hace muy mal al sistema, y sobre todo al planeta y al medio ambiente porque es probable que si ese objeto que llega a nuestra mesa de trabajo no se repara termine en un vertedero", explica Mariale Ariceta, miembro del Club de Reparadores.

Testimonios.

La madre de Elisa le regaló una máquina de coser un año atrás y ella se dio cuenta de que no funcionaba el día que se propuso armar un disfraz de su hija. "Es ahora, tengo que arreglarla", dijo. En la mesa de costura y tejido le dieron el diagnóstico: estaba sucia. Hubo que limpiarla, y le enseñaron un par de "piques" para que pueda mantenerla.

Elisa salió del espacio Enlace con la máquina pronta para ser usada. Ahora le resta inscribirse en un taller y aprender a coser.

Hacía dos años que el teléfono chino de pared que imitaba aquellos antiguos que había en la casa de la abuela de Julia había dejado de funcionar porque tenía el micrófono quemado.

Estaba de adorno en su living, aunque no pudiera hacer llamadas porque le guardaba un gran cariño. Le habían dicho que no existían repuestos para arreglarlo, pero este colectivo de habilidosos le encontró una solución: le sacaron el micrófono al teléfono "común y corriente" que Julia usaba para las llamadas y se lo pusieron en el que quería preservar.

"Lo conservo desde hace veinte años porque fue el primer teléfono que compré en un local de artículos chino cuando me mudé a la casa donde vivo hasta hoy. La hice a pulmón hace dos décadas. Le tengo cariño", dice.

La sección de costura y tejido es de las más solicitadas. Foto: F. Ponzetto
La sección de costura y tejido es de las más solicitadas. Foto: F. Ponzetto

Primeros auxilios.

Laura Gordiano trabaja con diferentes tipos de cemento, bisturí, pinceles, espátulas, plancha, tijeras, y "mucha lupa". Es restauradora de obra plana, y la mayoría de quienes se acercan a su mesa le piden que les salve algún libro. Hace poco dejó como nuevo uno al que su dueño le tenía especial estima por estar dedicado y autografiado por Quino.

Define su aporte como "primeros auxilios" porque el trabajo de reencuadernación requiere mucho más tiempo y dedicación que las cuatro horas que dura este taller.

"Una vez vino un muchacho con una lámina pintada por su mamá que estaba enrollada y le faltaba un pedazo. No me daba la tarde para solucionarlo, así que coordiné con él y me llevó el material a mi taller. La lámina quedó preciosa y él salió loco de la vida", cuenta orgullosa.

LA REPARACIÓN VA POR BARRIOS.

Habilidosos todo terreno

Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto

El Club de Reparadores existe en Uruguay desde noviembre de 2016 y tomó la idea de un proyecto que se gestó en Buenos Aires. La de ayer fue la décima edición. El desafío es hacerlo itinerante y poder cumplir con la mayor cantidad de barrios posibles. El anterior se realizó en el Cerro, el de ayer en la Aguada, y el próximo será en el Velódromo (Parque Batlle).

En la actividad de ayer participaron quince reparadores distribuidos en cuatro mesas de trabajo según sus habilidades manuales: costura y tejido; electrónico; libros, papeles y documentos; y carpintería y bazar. A estos últimos los apodan los "todo terreno" ya que cuanto "desafío extraño llega va a parar ahí", cuenta Mariale Ariceta. Y agrega que lo más extraño que les tocó arreglar fue un suspensor masculino.

El Festival de Innovación Social (FIS) vio nacer al Club de Reparadores. En este tipo de eventos pueden llegar a recibir alrededor de 150 objetos. Si la actividad es más pequeña el número baja a 70. En la mayoría de las ediciones reparan la totalidad de lo que llega. En pocos casos, solo un 10% queda sin solución y suele ser porque falta una pieza contundente.

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