EN PRIMERA PERSONA 

El testimonio del hombre rescatado en José Ignacio: "No entren al agua si no hay guardavidas"

Rodrigo Baráibar y su hijo Francisco fueron rescatados el pasado viernes. 

El momento del rescate del padre y su hijo. Foto: Ricardo Figueredo
El momento del rescate del padre y su hijo. Foto: Ricardo Figueredo

El pasado viernes 17 de enero Rodrigo Baráibar y su hijo Francisco estaban en la Laguna de José Ignacio. Decidieron ir hasta el océano, donde los atrapó una corriente que los hizo nadar 45 minutos sin poder salir del agua. Mauro Alvigini, un guardavidas que estaba de retén, entró al mar y terminó con la odisea de padre e hijo. 

Rodrigo escribió qué pasó ese día. Este es el testimonio que hizo llegar a El País este lunes. 

¡No entren al agua si no hay guardavidas!

El 17 de enero volvimos a nacer con Fran. El océano a la altura de la Laguna de José Ignacio estaba alucinante. Había olas inmensas. Estábamos haciendo SUP en la laguna, pero con Fran decidimos ir a ver el océano. Nos metimos frente al parador en la desembocadura de la laguna. Estábamos en la orilla pero en nada de tiempo estábamos en la rompiente intentando zafar de las olas. En cada ola intentaba agarrarme fuerte de Fran, pero se me soltaba. Cada vez que salía buscaba a ver si lo encontraba e intentaba alcanzarlo rezando por que estuviera bien. Buscamos irnos de la rompiente y nos metimos para adentro... Pancho gritó "auxilio" a una pareja que estaba en la orilla. Ya estábamos lejos de la rompiente, pero no encontrábamos forma de regresar. No estábamos nerviosos, al menos no lo mostrábamos. Le dije a Fran de irnos nadando paralelo al mar para el oeste. La rompiente parecía estar más cercana a la costa. Yo iba mirando las olas, Fran la orilla. Cuando veíamos a alguien en la orilla pedíamos por ayuda. La pareja que vimos inicialmente que nos siguió un rato se fue. Seguimos nadando. Luego al rato, apareció una camioneta, Fran gritó varias veces por ayuda. Les hicimos señas con los brazos cruzados. Creímos que entendieron. Cada tanto nos enfrentábamos a más olas, venían unas enormes, de a tandas. Zafábamos de la rompiente. Al rato vimos lo que parecía un helicóptero con una cuerda atada. Pero era un parapente con motor. Pancho decía que no daba más, que se iba a morir. Le decía que aguantara, que sacara fuerzas de donde las tenía. Que hiciera la plancha y lo sostenía. Estaba temblando mucho, no paraba de temblar. Me decía que no aguantaba más. Encontré la forma de que no se me suelte más, enfrentábamos las olas, él adelante. Yo atrás y lo agarraba del short de baño. Lo apretaba fuerte. No se me escapó más. Al rato Pancho vio luces de sirenas en la ruta, un par de señores de Prefectura en la orilla. Nos hacían seña de esperar. Nos quedamos ahí. De pronto entre las olas vimos un guardavidas que se zambulló. Le dije a Fran que salía él primero. Cuando llegó Mauro, nos preguntó cómo estábamos. Le dije que Pancho no daba más, que estaba acalambrado. Lo agarró a Fran y lo envolvió en un flotador. Me preguntó como estaba yo. Le dije que un poco acalambrado pero bien. Le dije a Mauro que esperaba ahí. Me dijo que salíamos ya que había una bomba. Ibamos a descansar un poco y salíamos. Nos agarramos los dos del flotador donde estaba Fran, uno de cada lado y arrancamos a nadar. Dijo que alguna ola nos iba a revolcar. Nos agarró una, luego otra, luego otra. En ninguna me solté del flotador. Por fin toqué arena en el agua, y ahí seguí saliendo. En la orilla Fran no podía estirar las piernas de los calambres. Nos abrazamos fuerte. También con Mauro. Zafamos, esta vez zafamos. Gracias a Mauro el guardavidas y a Juan, Nicolás e Inés quienes nos vieron, pararon, se dieron cuenta y fueron por ayuda. A ellos no pude agradecerles todo lo que debí agradecer. Les debemos la vida. Salimos, y estamos bien. Calculamos estuvimos 45 minutos en el agua. Hubo dos llamados a Prefectura. El primer llamado luego llamaron para decir que habíamos salido porque no nos veían. Mauro, el guardavidas, nos dijo, no entren donde no hay guardavidas.



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