Inversión

El sueño de una miniciudad perfecta con vista al río

López Mena dice que puede hacer “la mejor terminal portuaria del mundo” y que no recuperará la inversión.

Empresario: aguarda que el Parlamento apruebe la enajenación de los predios para desarrollar la iniciativa privada. Foto: Andrés Lopez Reilly
Empresario: aguarda que el Parlamento apruebe la enajenación de los predios para desarrollar la iniciativa privada. Foto: El País

Son las 21:00 horas del lunes y Juan Carlos López Mena llega puntual y prolijamente entrajado a la cena anual de recaudación de la Universidad de San Andrés, la más cara de Argentina y también la que mayor cantidad de becas de estudio reparte entre jóvenes del interior. En un maremágnum de empresarios VIP que aguardan para ingresar al salón del complejo Al Río de Vicente López, donde una mesa para diez personas puede llegar a costar hasta 22.000 dólares, el dueño de Buquebus, lejos de ser el centro de atención, pasa totalmente desapercibido. Lo mismo ocurre con un matrimonio de septuagenarios, Gloria y Joaquín, que en la década de 1970 atendían una carnicería y hoy tienen 19.000 empleados que trabajan en la cadena de supermercados Coto.

Los dos principales sponsors de este evento en el que se encuentra la flor y nata del empresariado argentino —y seguramente una parte importante del PBI del vecino país— son Buquebus y Pan American Energy, la empresa de la familia Bulgheroni, la más rica de Argentina.

Del mismo modo que López Mena se enorgullece —aunque no se vanagloria— de apoyar este proyecto innovador y contracultural de Argentina, donde la educación se ha degradado en los últimos años al igual que en Uruguay, el empresario, varias veces tildado de lobista de los gobiernos de turno, apoya otras causas que para algunos ya están perdidas, como el combate al tabaco o la preservación del medioambiente. Nunca un gobernante le exigió que no contamine. Sin embargo, decidió comprar el famoso buque "Francisco", que le habría costado unos 20 millones de dólares menos si funcionara con combustible fósil en lugar de a Gas Natural Licuado. Ahora está armando otro barco más grande que traerá de Europa, con una tecnología similar, a un costo de unos 160 millones de dólares.

Hace pocos meses López Mena tapizó los techos de la terminal portuaria de Buenos Aires con paneles solares, que hoy suministran el 40% de la energía que allí se utiliza. Siempre fue flaco pero ahora está más delgado porque ya no cena de noche para "dormir y pensar mejor"; consume aloe todos los días (lo compra en Montevideo), y si por él fuera prohibiría la venta de chicles en las ciudades, como ocurrió en Singapur hace más de 25 años.

Frente al río: López Mena y el arquitecto Juan Bautista Frigerio.
Frente al río: López Mena y el arquitecto Juan Bautista Frigerio.

Con esa particular visión de la vida y los negocios, el dueño de Buquebus se propuso construir la ahora polémica terminal fluvio-marítima junto al dique Mauá, con una inversión que el ministro de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi —a quien le encanta la idea— ha situado en unos 200 millones de dólares. Es probable que la cifra final de la obra sea menor, lo que no le quita mérito para que se transforme en la principal inversión privada de Montevideo en lo que va del siglo.

Sus asesores se lo han dicho y López Mena lo sabe: el negocio de la empresa está en el agua y no en tierra. Y la inversión que se maneja es inamortizable. No le dará la vida para recoger los frutos de esa transformación. Pero él dice que su objetivo es "dejarle a Uruguay la mejor terminal marítima del mundo".

Ante una necesidad de presentarle al gobierno una idea de lo que pretende para la zona de Mauá, López Mena pidió a un estudio que elaborara una maqueta en la que, además del puerto, pueden verse el viejo edificio del reloj (remozado), parkings y volúmenes diversos, entre los que destaca una pirámide vidriada. Ahora, frente a la posibilidad de que el Poder Legislativo termine de aprobar la enajenación de los padrones, formalizó una alianza con el estudio Foster + Partners, uno de los más importantes del mundo, para que termine de darle forma al proyecto.

No le interesa que el gobierno le otorgue otra concesión, quiere tener su propio puerto, porque considera que lo puede gestionar mejor que el Estado. "Si esto no sale, buscaré otra cosa", asegura.

De obtenerse la aprobación que falta en Diputados, el gobierno deberá licitar la iniciativa, contando Buquebus con una ventaja por haber presentado la idea. Se trata de un porcentaje que en este tipo de licitaciones suele ser del 10%.

Una pequeña ciudad.

"Yo no sé exactamente qué es lo que quiero para el lugar, pero pretendo que lo que se haga sea perfecto, lo mejor. Hacerlo trabajar a Foster cuesta muy caro", dice López Mena en una reunión en su sobria oficina de Puerto Madero a la que invitó, a su costo, a algunos periodistas uruguayos.

Lo que sí tiene claro el empresario es que pretende construir una urbanización amigable con el ambiente, que utilice la energía solar y que probablemente autogestione sus residuos.

El hecho de que el muelle de pasajeros tenga que situarse a una profundidad de 4,5 metros (porque los barcos de Buquebus tienen un calado de 3,5 metros), obliga a ganarle un importante espacio al río. También a construir dos enormes escolleras para dar abrigo a la flota, por los vientos y corrientes de la zona. Este espacio adicionado sería mayor al que se encuentra en tierra, por lo que todo el conjunto constituirá una pequeña ciudad.

López Mena sabe que si bien su proyecto cuenta con el respaldo del gobierno nacional, la Intendencia de Montevideo, Patrimonio, la oposición política en general y muchos vecinos, también es resistido por algunos sectores del Frente Amplio, parte de la población y un sector de la academia. "No hay que hacerse ilusiones por algo que no es tuyo. Ya gastamos unos cuantos cientos de miles de dólares en estudios", sostiene.

Encargado del proyecto.

El motivo del encuentro realizado en Puerto Madero fue presentar al arquitecto Juan Bautista Frigerio, quien se unió a Foster + Partners en el año 2000 y vive actualmente entre Buenos Aires, Nueva York y Londres para atender sus compromisos laborales.

"Primero nos parecía un proyecto solamente de infraestructura, pero luego de recorrer el lugar nos empezamos a dar cuenta que en realidad era más de diseño, de transformación y de regeneración urbana", dispara el joven arquitecto argentino.

El estudio trabaja en 250 ciudades y ha recibido unos 500 premios a la excelencia del diseño. Estuvo involucrado en obras tan distintas y distantes como la del aeropuerto de Hong Kong (1998), la reconstrucción del histórico edificio del Parlamento alemán (1999), el Viaducto de Millau en Francia (el puente más alto del mundo, en 2004), la reconstrucción del Estadio de Wembley en Londres (2007), el Centro de Entretenimiento Jan Shatyr en Kazajistán (2008), la remodelación del estadio del Barza en España (2009) y la obra del nuevo aeropuerto de México que se encuentra en marcha.

Frigerio tampoco tiene muy claro cuál será el proyecto definitivo para la zona del dique Mauá, porque es necesario que se pronuncie primero un numeroso equipo de técnicos que se pondrá al frente de la tarea.

Foster + Partners trabaja en todo el mundo encargándose desde las reuniones con los vecinos, políticos, autoridades y académicos y empresas, hasta el diseño de la obra, su desarrollo y concreción. Incluso después sigue vinculado, durante un cierto período, para hacerle seguimiento y los ajustes que sean necesarios. En materia portuaria, el estudio tiene experiencia al haber realizado varias intervenciones en la terminal de Róterdam (Países Bajos) y en otros frentes costeros ubicados sobre ríos.

Revalorizar la zona.

"Para mí el desafío no es tanto el puerto, sino la ciudad, porque en realidad este proyecto es para hacer ciudad. Ni siquiera es hacer la terminal de Buquebus, y que me perdone Juan Carlos (López Mena). En ese lugar estás a tres cuadras de la Plaza Independencia y de la Ciudad Vieja, que necesita inversión, actividad y turismo", comentó Frigerio.

El experto entiende que el proyecto es propicio para construir una zona de usos mixtos. "Hay que entender qué necesita la ciudad y la iniciativa. Sin dudas está la oportunidad de retailers (comercios) al aire libre, gastronomía, la construcción del Museo del Tiempo. Después, una vez que esté el Plan Maestro (estima que podría darse a conocer en unos tres meses), se verá la posibilidad de algún componente de oficinas, de viviendas o de hotelería. Todavía no tenemos en claro qué es lo que la ciudad nos pide para este lugar, porque eso va a salir de una conversación más amplia", agregó el arquitecto.

"La rambla fue estropeada hace poco"

Cuando se le pregunta a Juan Carlos López Mena por los cuestionamientos que dicen que su proyecto podría afectar el valor patrimonial de la rambla de Montevideo, el empresario contesta sin frenos: "La rambla ya fue arruinada, y hace muy poco. Esos edificios que se hicieron frente al Puerto del Buceo son horribles, han arruinado la vista hacia el mar. Yo no los haría, ni los permitiría".

El edificio Forum, al que se refiere el propietario de Buquebus, cambió ciertamente la postal en la zona.

"Jamás haría una cosa así aunque me la traiga el estudio Foster. No se puede impedir la vista de algo tan lindo como es el mar, porque la rambla pasa por adelante del edificio, no pasa por atrás", agregó López Mena.

La Intendencia de Montevideo cobró US$ 5.200.000 por permitirle a la firma TGLT de Argentina superar las alturas permitidas para ese punto de la costa.

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