Ex fábrica de pastas

La Spezia, un local abandonado que comienza a traer problemas

Ubicado en el corazón de Pocitos, refugio de indigentes y foco de ratas.

Un local que llegó a ser escenario de presentaciones culturales. Foto: Mariana Malek.
Un local que llegó a ser escenario de presentaciones culturales. Foto: Mariana Malek

Es sábado, son las 14:45 y algo resulta extraño en la intersección de Bulevar España y Libertad. Un grupo de hombres se acerca a lo que fue el local de La Spezia con un carro tirado por un caballo. Abren el portón que da por el fondo del negocio hacia la calle Rufino Bauzá y comienzan a retirar objetos. Al principio son bolsas que parecen ser de basura; luego, partes de un baño, como mamparas y un wáter. Minutos después de acomodar todo en el carro cierran la reja y se van. Lo hacen tranquilos. Los vecinos pasan caminando como si se tratara de algo normal y sin saber si estaban robando o llevándose las cosas con autorización. La realidad es que días antes, ese portón tenía una cadena y un candado. Y el blindex del fondo aún existía. Ahora basta con abrir la reja corrediza para poder entrar al inmenso local para revisar lo que queda de él.

La Spezia, cerrada desde el 6 de marzo de 2017, es ahora un inmueble desolado. Juan Pablo Speraza, expropietario de Cinque Terre S.A., confirmó a El País que la empresa llamó a concurso de acreedores hace dos años y que desde hace más de un año no tiene nada que ver con la compañía. En la actualidad, allí donde su negocio floreció durante 78 años, las facturas, botellas y vidrios rotos se acumulan, como la suciedad en las ventanas. Lejos está del esplendor de lo que fue la mayor fábrica de pastas que tuvo Uruguay.

Su cierre tomó a muchos por sorpresa, aunque en el mundo de los pasteros ya se sospechaba que algo así estaba por suceder: grandes inversiones difíciles de amortizar y una estructura de personal insostenible.

Hoy, el local ubicado en la calle Libertad, a metros de Bulevar España, es como el esqueleto de un enorme dinosaurio que se extinguió. La marca La Spezia se ha vuelto a comercializar en algunos supermercados, ahora por una sociedad anónima que fabrica tan solo algunas pocas variedades de pasta. En su caja tan solo figura un registro en la Intendencia. Y conserva el logo. Aparentemente la marca no tiene nada que ver con la familia Speranza.

Las facturas se acumulan junto a los vidrios rotos y las botellas. Foto: F. Flores
Las facturas se acumulan junto a los vidrios rotos y las botellas. Foto: F. Flores

La voz de los vecinos.

La situación del local es trágica para todos. Más allá de lo que representó hasta hace un tiempo para los empleados, hoy altera la convivencia en el barrio. "Hasta hace unos meses los exempleados seguían vendiendo pasta los fines de semana en la puerta, pero ya hace tres o cuatro que dejaron de hacerlo", comentó una vecina a El País. Otra persona asegura que tras el cierre las ratas y el mal olor se han apoderado del barrio, aunque no todos concuerdan en este punto.

Eduardo, propietario de una peluquería ubicada en la misma manzana que la exfábrica de pastas aseguró:

"Como vecino creo que era un punto de referencia comercial. Lo lamentable es que haya quedado así: una tapera, como decimos en campaña. Está desolado y la gente ahora se mete, van sacando cosas. Ojalá pongan algo para que le de movimiento al barrio".

Dominique tiene un local de comidas a la vuelta y comenta que el abandono del inmueble genera suciedad y mal olor que repercute de manera muy negativa en quienes se dedican a la actividad comercial en la zona. Además, asegura que con la necesidad de estacionamiento que hay resulta incomprensible que se desaproveche lo que era el parking de La Spezia.

Otra vecina, Alma, tiene que convivir prácticamente junto a la mugre que se acumula en torno al lugar. "Mientras estuvieron las autos y camiones —en el estacionamiento de enfrente— creo que había gente viviendo, eso es una mugre, porque afuera tampoco limpiaban", contó. Y agregó: "Es un clavo, todavía sigue durmiendo uno ahí afuera y deja las cosas en el lugar".

Las historias se repiten en el barrio. Sebastián es uno de los vecinos del local, vive por Rufino Bauzá y asegura que sí, que durante un tiempo un cuidacoches de unas cuadras más arriba usó el inmueble como su vivienda; pero que como "no molestaba", lo dejaban. No obstante, aclara que el local "está todo abandonado" y que se ven entrar y salir personas.

Pablo también vive en la zona y opina que el local "conlleva al abandono para el barrio". "Hay gente hace sus necesidades ahí, es una desprolijidad. Veo de noche cuando la gente se queda a dormir, veo que en cualquier momento hay personas que van a entrar a vivir ahí adentro", destacó. Y concluyó: "Ojalá que venga lo que sea para volver a abrirlo".

Hasta el momento, ni desde el Municipio CH, ni desde la Comisión de Patrimonio de Pocitos se tiene claro qué sucederá con el edificio, un lugar que fue punto de referencia para el barrio, espacio cultural y fábrica de exquisitas pastas. Y que hoy, como tantos otros locales emblemáticos, está sumido en el abandono.

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