Subsistencia ante la tecnología

Los que sobreviven a Netflix

Una decena de videoclubes mantienen el negocio pese a la popularidad de Internet.

Amantes del cine mayores de 50 años recorren las carteleras en búsqueda de obras clásicas. Video Imagen Club, en el corazón de Pocitos, es el más icónico. Foto: Fernando Ponzetto
Amantes del cine mayores de 50 años recorren las carteleras en búsqueda de obras clásicas. Video Imagen Club de Pocitos, es el más icónico. Foto: F. Ponzetto

En 1997, Reed Hastings olvidó devolver una película en su videoclub. Su retraso le significó pagar una multa de 40 dólares. Debido a ese error, pensó en crear un sistema de alquiler por Internet, que llevaría los DVD a cada una de las casas. Fue el primer paso para la creación de Netflix tal como se lo conoce hoy en día y lo que colaboró con darle el golpe de gracia a los videoclubes en todo el mundo.

El caso más notorio fue el del gigante Blockbuster. Dos de las tres tiendas Blockbuster que quedaban en Estados Unidos cerraron definitivamente el pasado mes de julio, por lo que solo queda una, ubicada en el estado de Oregón.

Pero hay algunos que aún subsisten ante la consolidación de este servicio. En Montevideo quedan una decena de locales de alquiler de películas de los 300 que supo haber en su etapa de apogeo.

Uno de ellos es Video Club Barry. Este lugar, dirigido por Álvaro Pérez, fue fundado por el cómico uruguayo Omar Barry. Hoy en día tiene 7.000 títulos.

Cuando dejaron de interesar al público porque empezaron a preferir los DVD, Barry los tiró. "Fueron 14.000 ejemplares", comentó Pérez.

2x1: los negocios ofrecen promociones para seducir clientes. Foto: Marcelo Bonjour
2x1: los negocios ofrecen promociones para seducir clientes. Foto: Marcelo Bonjour

Algunos nostálgicos de ese soporte aún se lo piden porque les gusta coleccionarlos. "Sé que se venden en algunas ferias porque hay gente que todavía le interesa", agregó.

Hoy son menos de 100 clientes los que mes a mes eligen recorrer la cartelera de películas en búsqueda de entretenimiento en este formato. El público, si bien es variado, suele elegir de terror y de acción. Pérez aseguró que muchos de ellos no tienen Internet en sus casas. "No porque no puedan tenerlo, sino porque no lo necesitan", comentó.

Cuando los videoclubes eran un furor, la gente que más asistía a este local pretendía consumir cine europeo. Hoy, en los mejores días de trabajo, llegan a alquilarse cinco títulos.

Más de 15.000 personas rellenaron los formularios de inscripción en estas casi tres décadas de Barry, ubicado en Agraciada y Buschental. Entre ellos, el exvicepresidente Raúl Sendic y su familia.

La nueva oferta tecnológica ha afectado a esta industria. Las distribuidoras también lo sienten y, en algunos casos, dejan de funcionar. Sucedió en el último año con una argentina. "Estuvimos entre seis y ocho meses sin conseguir nuevas películas. La gente que tenía el hábito de venir una o dos veces por semana dejó de hacerlo", comentó.

Pérez —quien entre risas confesó no saber cuándo fue la última vez que vio algo en DVD— está escaneando las carátulas de las películas más nuevas para venderlas por Internet. Algunas a 100 pesos, otras a 150. "Hay quienes se sorprenden por ser tan baratos", dijo. En algunos casos arma paquetes de dos o tres filmes y los comercializa por 250 pesos.

Títulos: lo que más se ofrece es en DVD, dicen los dueños. Foto: Marcelo Bonjour
Títulos: lo que más se ofrece es en DVD, dicen los dueños. Foto: Marcelo Bonjour

Un histórico.

Uno de los videoclubes más recurridos en la capital es Video Imagen Club (VIC), nacido en 1987, bajo la dirección del crítico Ronald Melzer. El sitio está dentro de Cinemateca Pocitos y posee más de 15.000 DVDs.

VIC es visitado por cinéfilos, quienes sacan entre 20 y 50 películas por día. Allí encuentran obras desde principios del siglo XX hasta la actualidad. "Debe ser el catálogo más grande del país", comentó a El País Gabriel Massa, su encargado actual.

Massa no solo atribuye la disminución de los alquileres a la disponibilidad cinematográfica en Internet. "También ha cambiado la oferta de entretenimiento en general", comentó.

El cliente de antes era más variado. Hoy es un público mayor, más reacio al uso de la tecnología. "También vienen porque les gustan determinadas películas que no son tan fáciles de encontrar en Internet", comentó su director.

En su servicio incluye la devolución a domicilio. "Uno viene con ganas a buscar una película, pero hay menos ganas de ir a devolverla", comentó.

¿Más que un videoclub?

El local Barry, que supo tener siete casas en todo el país, abre todos los días desde las 9.00 hasta las 21.30. Mantienen la apertura sábado y domingo "por tradición", aunque es probable que el año que viene cierren estos dos días porque ya no se justifica tener el local abierto.

Lo que está claro para Pérez es que la vida de un videoclub por sí mismo es imposible de sostener. Por eso, su lugar se ha transformado en un centro de fotocopiado y cibercafé. Este último, también con fecha de caducidad, admitió.

"Mientras las películas que compre por mes, las desquite y me dejen algo voy a seguir haciéndolo. Un videoclub por sí solo ya no existe. No pagás la luz ni nada", comentó.

El director de VIC no le ve mucha más vida a este negocio. En su caso, lo mantiene porque forma parte de una distribuidora y productora. Pero todo parece indicar que en poco tiempo Netflix le dará el golpe de gracia.

De videoclub a Growshop

La mayoría de los videoclubes en Montevideo dejaron de existir en la última década.
El País intentó comunicarse con más de una decena de locales con números que todavía aparecen en el sitio web de Páginas Amarillas.

La mayoría de esas llamadas fueron contestadas con la voz de la operadora diciendo que el número fue cambiado o ya no existe.

En otros casos, estos antiguos centros de alquiler de películas se convirtieron en casas y en negocios muy distintos al que solían ser en el pasado. Por ejemplo, Detroit Club, ubicado en Magallanes y Maldonado, hoy es un garaje. Y Eros DVD Club, situado en Joaquín Requena y Charrúa, es una inmobiliaria.

Uno ubicado en Avenida Brasil es desde hace cuatro años un local de venta de productos asociados a la marihuana llamado Hemp Passion Grow Shop.

Más de 620.000 uruguayos ven películas on line
Smarthpones, unidos al crecimiento.

La instalación de la fibra óptica y la llegada de Netflix han contribuido a dar el golpe mortal a los videoclubes. Esta plataforma de video es usada por más de 620.000 personas en nuestro país, según el Perfil del Internauta Uruguayo elaborado por el Grupo Radar. De todos modos, los titulares de las cuentas (que permiten su uso por parte de hasta cuatro usuarios) son 266.000, los que pagan más de 2,3 millones de dólares, según el costo de la tarifa básica, la más barata de esta plataforma, que permite ver una pantalla sola a la vez sin películas en alta definición. Hay muchos usuarios que eligen la tarifa estándar porque deja ver dos pantallas al mismo tiempo y tiene la alta definición disponible. La "premium" deja ver hasta cuatro pantallas a la vez y, además, disfrutar de la "ultra alta definición".

El aumento más sensible de Netflix en Uruguay comenzó en 2014. Ese año, el número de usuarios se triplicó en el país. A su vez, en cuatro años el número de personas con smartphone en Uruguay se multiplicó por 20, llegando a 2,3 millones.

Celular o tablet.

Los desarrollos de teléfonos inteligentes más grandes y la aparición de las tabletas también han colaborado a que se diversifique el soporte y a que Netflix sume más adeptos. Por ejemplo, en 2016 el 44% de aquellos que aseguraron mirar películas o series en este popular servicio de streaming lo hacían solo en su celular o tablet. En 2017 esta población creció al 54%.

Si bien YouTube encabeza el lugar favorito de los internautas uruguayos, el servicio de streaming se hizo tan popular que el 64% de los usuarios locales lo utiliza. La irrupción de esta plataforma en la última década no solo ha tenido un impacto en los videoclubes. Los sitios web piratas, muy elegidos para consumir películas, han sido reemplazados por Netflix dada la practicidad y la biblioteca. Por ejemplo, en 2015 a Cuevana lo utilizaba el 22% de los usuarios, en 2017 solo el 9%.

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