Fiestas en sociedad

Un salón de lujo 20 años después

El Hotel del Prado, recuperado en 1998, aumenta propuestas con locaciones de biógrafo

Con estilo: fachada del palacio construido especialmente para celebrar fiestas, con las dos glorietas más recientes y antorcha de jardín. Foto: Marcelo Bonjour
Con estilo: fachada del palacio construido especialmente para celebrar fiestas, con las dos glorietas más recientes y antorcha de jardín. Foto: Marcelo Bonjour

Pasaron 20 años desde la reapertura del Hotel del Prado, restaurado, ampliado y acondicionado para ser escenario de fiestas sociales y últimamente también de diversos eventos promovidos por empresas de múltiples rubros.

El palacete, construido a comienzos del siglo XX según el proyecto de los arquitectos Juan Veltroni y Jules Knab y declarado Monumento Histórico Nacional en 1975, continúa manteniendo su singularidad tanto por su diseño como por el enclave privilegiado, en un rincón del Prado, rodeado de una imponente vegetación y entre senderos serpenteantes.

La edificación fue inaugurada el 15 de septiembre de 1912 y por aquellos tiempos recibía a familias de la clase alta que disfrutaban del salón de té, el casino y las celebraciones de gala, algunas de las cuales pasaron a la historia por la presencia de visitantes ilustres, por ejemplo. el rey Eduardo VIII, que estuvo en 1925, cuando aún era el príncipe de Gales.

Si bien nunca funcionó como alojamiento, se lo conoce como Hotel del Prado porque se construyó sobre los cimientos del antiguo hospedaje "El Recreo del Prado", en donde era tradicional que los recién casados de todo el país pasaran su luna de miel.

Jorge Lombardo, uno de los socios del emprendimiento que ganó la licitación convocada por la Intendencia de Montevideo hace dos décadas, recordó a El País que además de recuperar la construcción, los detalles ornamentales, la carpintería de pisos y puertas, la tapicería de sillas y los cortinados, hubo una ampliación que dio buenos frutos: las dos glorietas laterales. "Esto estaba muy abandonado, hicimos una obra muy grande para adaptarlo a las necesidades y poder trabajar con un mayor volumen de gente, porque las salas quedaban un poco chicas", afirma Lombardo.

En la etapa abierta en 1998, las fiestas convocaban a más invitados que en la actualidad, se hacían de pronto con hasta 400 personas, que a veces quedaban separadas entre sí debido a la estructura de la planta edilicia. Hoy por el contrario, las dos alas suponen una ventaja puesto que es posible organizar dos fiestas distintas el mismo día a la misma hora, cada una con no más de 150 invitados distribuidos a la vez en un área para los más jóvenes, sobre todo en los cumpleaños de 15, y otra para los mayores, algo distanciada de los decibeles de la música que inunda las madrugadas de los fines de semana. Sea para organizar estas fiestas o las bodas, el gran diferencial en comparación con otras propuestas, es sin duda el propio salón parisino, pensado para grandes celebraciones.

El público que elige el Hotel del Prado, también para festejar cumpleaños de veteranos, de 50 o 60 años, hoy es amplio y variado. Pero las fiestas de 15 convocan en su mayoría a familias de barrios cercanos y muchachos que concurren a los liceos de la zona.

Con la moda de las chacras, el Hotel del Prado debió sortear momentos difíciles, pero pasó el temporal. "Tuvimos distintas etapas y hubo que adaptarse a cada una de ellas", sostiene Lombardo.

"En la actualidad debemos vender dos fiestas, para entre las dos hacer 250 o 300 cubiertos, que era lo que hacíamos antes en una sola fiesta. En enero y febrero hay muy pocas fiestas, vamos a pérdida. Con las vacaciones de julio y las de septiembre también hay una baja. Marzo y abril en cambio es alta temporada, no nos alcanzan los fines de semana", dice Lombardo, satisfecho por la reciente firma de la cesión del hotel por 10 años más.

AMPLIACIONES Y MANTENIMIENTO.

Aportes al barrio y la comunidad

El Hotel del Prado comprende un área de 1.200 metros delimitada por las calles Carlos María Pena, Julio Mendilaharsu y Gabriela Mistral, en un parque público y sitio de recreo fundado en el año 1873. En la explanada que antecede a las escalinatas de acceso se observa hoy el resultado de los trabajos de mantenimiento en el asfalto. La contraprestación que los empresarios dan a la Intendencia de Montevideo es un alquiler mensual y esas obras, como asimismo la reciente ampliación de los depósitos. También se brindan partidas al municipio para colaborar con comedores sociales de la zona. Otro requisito que ya se había exigido durante la primera administración comunal del intendente Mariano Arana fue el servicio del salón de té, como forma de ampliar el público del hotel, que hoy tiene promociones y en donde a diario trabajan unas quince personas, a las que se suman los empleados necesarios para los eventos de fin de semana: 25. En los exteriores del edificio, los graffiteros obligan además a tareas de mantenimiento casi rutinarias. Tres personas están en planilla para esos trabajos de pintura y limpieza.

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