Cambios en los hábitos de los uruguayos

¿El reloj es una pérdida de tiempo?

Al igual que el despertador de mesa, ya casi nadie lo usa. El celular es rey.

Función: los adultos usan el reloj por la hora y para los jóvenes el cometido es más bien estético. Foto: archivo El País.
Adultos usan el reloj por la hora y para los jóvenes el cometido es más bien estético. Foto: archivo El País.

El día que Gustavo Cuitiño cumplió 15 años su padre le regaló el primer reloj. Usó con orgullo ese objeto de lujo para la época porque llevarlo en la muñeca era sinónimo de estatus. Cuando su hijo estaba por celebrar su aniversario número 15 le dijo, "¿te compro un reloj?" dando por hecho que la respuesta sería un entusiasta sí, pero el adolescente le contestó: "estás loco papá, quiero un par de championes".

El señor que sacó adelante su familia y hogar gracias a su trabajo como relojero hoy esboza una sonrisa poco feliz al mencionar que solo uno de sus hijos usa ese artículo preciado que les dio de comer durante años. Gustavo se lamenta de que el curso que hizo en UTU ya no exista más y que su oficio esté en peligro de extinción.

"El día que desaparezcan los relojeros seguirán usando y tirando", menciona, y adelanta que en un par de semanas bajará la cortina de La Hora porque "este negocio cumplió un ciclo".

No está tan errado. Beatriz trabaja en El Mundo de los Relojes y dice que muy pocos clientes piden artículos caros. Temen que se los roben en la calle y aprovechan que hoy se venden a precios accesibles. Solo algunas personas mayores están dispuestas a desembolsar diez mil pesos en un reloj. Los jóvenes buscan que sean económicos, aunque duren menos.

El concepto del use y tire ha matado el oficio que Daniel desempeña hace 45 años. Cuando entrega el presupuesto de un arreglo o dice el costo de cambiar la pila, varios clientes de Micro Técnica dan marcha atrás y optan por comprarse uno nuevo de menor calidad.

"Viene gente a cambiar la pila que me dice que se lo regalaron cuando cargó nafta. Todo es descartable", se ríe Gustavo.

Batalla.

A Beatriz le consta que los relojes caros todavía se usan porque entran a su local a achicar las mallas, pero prefieren comprarlos en el exterior, ya que valen la mitad. Las compras por internet son peor enemigo que el celular para el negocio. Los adquieren sin garantía en pos de aparentar.

Muchos adultos no se acostumbran a sacar el teléfono para saber en qué hora viven y siguen llevando relojes en la muñeca. Pero entre las nuevas generaciones la función principal pierde ventaja y sobrevive por cuestiones estéticas. El reloj es un accesorio, lo compran para combinar con la ropa sin importa la marca, ni la calidad.

Cambios.

Emilio Volpe empezó a importar piezas para distintos modelos de relojes e instaló La casa de la fornitura en 1973. El negocio fue un éxito durante la época del reloj mecánico y automático ya que involucraba muchas piezas (cuerdas, agujas, ruedas) engranadas para poder funcionar, y eso requería reparaciones más frecuentes.

El yerno de Emilio Volpe, Gustavo Cuitiño, recuerda una tarde que fue récord en el local: atendieron 266 personas y cada uno llevó varios repuestos. También llegaba gente con encargos de relojeros que vivían en el interior. "Era una mina de oro y todo cash, sin tarjetas".

El reloj electrónico cambió la historia y Gustavo intentó adaptarse al desafío tecnológico: él y su cuñado le compraron el negocio a su suegro y en 1995 empezaron a importar pilas y herramientas para relojería y joyería. Repuntaron, pero hubo otro tropiezo. Cuando el suegro y el cuñado de Gustavo murieron tuvo que vender La casa de la fornitura y empezar de cero. Abrió La Hora en la calle Convención, a una cuadra del negocio familiar.

Lo que más dinero le deja es reparar relojes antiguos que tienen gran valor afectivo porque llevan dos o tres generaciones en la familia. La limpieza, lubricación y encastillado de piezas para que vuelvan a funcionar con exactitud ronda los cuatro mil pesos, pero en el último mes Gustavo hizo menos de seis trabajos de ese estilo.

Está decidido a cerrar el negocio, aunque el dinero de la jubilación no le alcance, ya que prefiere ganar en tranquilidad.

"Mi suegro me contaba que antes de instalarse por su cuenta tenía dos cajas de zapatos llenas de relojes pulsera para arreglar, o sea unos 50 por semana. Hoy vienen acá y me dicen, ¿me achicás la malla de este reloj que me compré por internet? Yo me río. Uno estudió un oficio para andar achichando mallas de relojes que otros traen por internet".

Ciclos cumplidos en mercados obsoletos

Hace 45 años que Daniel repara y restaura relojes antiguos y es uno de los pocos que se mantiene en el rubro. Así como hoy es difícil encontrar piezas y repuestos, en un tiempo costará muchísimo ubicar a alguien que pueda arreglar los relojes, ya que en la UTU dejó de haber cursos de relojería, y hay un solo taller personalizado en la escuela Ma-Pa, que tiene una carga 20 horas en total.

Los relojes de pared antiguos de cuerda y péndulo dejaron de fabricarse, al igual que los que son de pulsera a cuerda. Reparar uno automático cuesta alrededor de $1.800 y el que es cuerda $1.000. Los pocos que los llevan a arreglar lo hacen porque ese objeto tiene valor afectivo o a razón de su buena calidad. Y siempre es gente mayor. Solo entra un joven si lo heredó. Hay piezas específicas que ya no se importan y son imposibles de conseguir. Cuando Daniel no encuentra en su stock consulta con algún colega, y en el peor de los casos le dice al cliente que no tiene solución. El trabajo de restauración es el favorito de Gustavo Cuitiño porque requiere manualidad. "Al haber pocos repuestos te da la chance de fabricarlos vos. También se pueden adaptar piezas de relojes viejos que siguen funcionando por ser máquinas fieles. Desvestir un santo para vestir a otro sigue vigente".

Sobrevivir más barato

Alarma de la vieja escuela - Vive y perdura en los hogares

Es cada vez más extraño entrar a un cuarto y ver despertadores en las mesitas de luz, pero Ricardo, de Atlanthis relojería y joyería, dice que muchos de sus clientes han dejado de usar el celular para volver a la alarma tradicional porque el teléfono no les genera confianza. Las fallas son variadas: se queda sin batería porque no carga y no suena, o la persona se equivoca en un número y suena a la hora equivocada. Algunos optan por gastar entre 200 y 500 pesos en un despertador a llegar tarde a trabajar. En El mundo de los relojes muchos clientes comentan que prefieren la alarma de la vieja escuela por razones de salud, ya que dormir con el celular al lado de la cama es negativo por las radiaciones que emite. Y, además, es una buena forma de evitar engancharse con el aparato antes de ir a descansar.

No es hora de gastar - Los jóvenes quieren relojes económicos

La venta de relojes de lujo creció considerablemente a nivel mundial entre 2006 y 2017: de 22 millones de dólares a 37. Pero Uruguay no está a tono con esta realidad, ya que los pocos que invierten dinero en este artículo son adultos mayores que no se acostumbran a mirar la hora en el celular. A los jóvenes, en cambio, no les importa que sean de una buena marca o de calidad, porque no están dispuestos a invertir más de mil pesos. No se estila hacer grandes reparaciones, salvo cambiar pilas y correas porque con precios tan accesibles conviene usar y tirar. Compran mucho por internet y según Lilián, de Relojería Renata "los traen a cambiar la pila y son muy vulgares: se les cae la marca, el número o el dibujito".

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