PANTALLAZOS URBANOS

En Radio City escuchan ofertas

Alquilan o venden el excine y teatro que dejó de ser templo de la iglesia Dios es Amor.

Foto: archivo El País
Fachada del Radio City en la década de 1970. Foto: archivo El País

Cinco volquetas cargadas con asientos y respaldos de butacas fueron levantadas este fin de semana por camiones con grúa. La tarea fue parte de la limpieza y acondicionamiento básico del edificio de 2.630 metros cuadrados ubicado en la calle Héctor Gutiérrez Ruiz 1269, entre San José y Soriano, que se ofrece en venta o en alquiler, ahora que ya ha sido desocupado por su último arrendatario, la iglesia pentecostal Dios es Amor.

Dentro de esta construcción proyectada para cine, donde marcó una época el Radio City, se mantienen estructuras originales que también sirvieron al destino de teatro, como ser dos camarines; hay una sala de grabación en las alturas, 7 baños y subsuelo. En la planta baja perduran instaladas unas 450 butacas, en el primer piso se mantienen otras 150 y 250 más en el segundo piso, quedando espacio para montar 400 más, considerando que la capacidad establecida fue de 1.236 butacas.

El propietario es un particular que prefiere mantenerse en el anonimato, tiene 83 años y compró el inmueble cuando todavía era sala para exhibición de películas. Desde siempre se opuso a que se reconvirtiera en parking y consiguió mantener el negocio en picada hasta mediados de la década de 1980, pasando cuatro años después a convertirlo en Music Hall o teatro, lo que se extendió hasta la entrada de los ´90. Poco más adelante llegó la moda de los templos y durante dos décadas allí se desplegaron los ritos de los religiosos que ya decidieron mudarse y en breve abrirán su nueva casa en otro ex cine, el Plaza. El representante del dueño del Radio City, Humberto a secas, informó a El País que ya se presentaron interesados, con ofertas diversas, desde gente de teatro a productores de una escuela de canto.

Hasta el momento en cambio ningún jerarca de la Intendencia capitalina ha tomado contacto, aunque existe una propuesta para el restablecimiento de la sala que fue seleccionada entre las 257 recibidas a través de la plataforma digital Montevideo Decide. En la misma se sugiere que también exista una cafetería y una librería.

A lo largo de cincuenta años, en el Radio City se estrenaron 1.618 films, con una época de esplendor a fines de los ’50, cuando exhibió en exclusividad material en CinemaScope de la 20th Century Fox. Los cinéfilos memoriosos recuerdan que en su pantalla se dieron dos estrenos nacionales: Radio Candelario (en 1939) y la co-producción uruguayo-argentina Los tres mosqueteros (en 1946).

El edificio tal cual está en la actualidad. Foto: Leonardo Mainé
El edificio tal cual está en la actualidad. Foto: Leonardo Mainé

En materia de cines de Montevideo, el Radio City, obra del arquitecto y pintor uruguayo Rafael Ruano, es un ejemplo de sala con adscripción al art déco en muchos sentidos de decoración y composición, si bien algo tardío (del 9 de julio de 1937) y vinculado con la arquitectura moderna más ortodoxa.

En tanto por falta de mantenimiento han desaparecido elementos característicos, por ejemplo las letras con el nombre del cine, en la fachada se mantiene el imponente vidriado, y se puede admirar el amplio pórtico, el foyer en triple altura, o el acceso a la platea media con signos zodiacales grabados en bronce.

Entre los tiempos. 

El levantamiento del Radio City no supuso un emprendimiento aislado, fue parte de una saga de grandes cines que emergieron entre 1936 y 1941, como el Metro, el Ambassador y el Trocadero. Pero al elegirse el lugar en donde colocar la piedra fundamental del Radio City sí se grabó a fuego una singularidad naciente: la sustitución de arquitectura de importancia en un tejido urbano ya compacto. Porque el Radio City fue erigido sobre el predio en donde debió demolerse el fantástico Teatro Catalunya, inaugurado el 23 de agosto de 1918, según diseño del catalán Federico Purcalla Grau y bajo inspiración en el arte de Gaudi. Tenía una platea con 550 sillones, café y confitería, con foyer hacia la saliente balconada de la fachada hecha con ladrillo prensado rojo, piedra y aplicaciones de mosaico y losetas ornamentadas con reflejos metálicos. En el segundo piso estaban los palcos y tertulias para algo más de 500 personas, mientras que la cazuela y la galería con capacidad para 900 espectadores se distribuían en los pisos 3, 4 y 5. Este teatro impulsado por el Centro Catalá fundado en 1910, había pasado a denominarse Albéniz y hacia 1928 se convirtió en la Casa del Arte, una especie de antecedente de la Comedia Nacional y el Teatro Independiente a la vez, en la órbita del Ministerio de Instrucción Pública.
Y en tren de sumar anédotas, también debe recordarse, como lo hizo Pablo Montero Zorrilla en “Montevideo y sus teatros” que, en el inicio de la década de 1930, en ese recinto interpretó su poesía Federico García Lorca.

Pero más que en el papel, de eso que es memoria colectiva no hay nada para defender como sí en cambio ocurre con el Radio City, surgido en tiempos marcados por anhelos de progreso y modernización que en realidad habían despuntado por 1920 y se extendieron durante veinte años junto a expectativas de una nueva concepción urbana que arribaba para renovar referentes estéticos del siglo XIX y fundar un nuevo “paisaje” y una nueva forma de ver. Como se advierte en un libro de Mariano Arana, Andrés Mazzini, Cecilia Ponte y Salvador Schelotto, el art déco apareció justamente asociado a la liberalización de costumbres, a la amortiguación de diferencias entre los estratos sociales, con espectáculos masivos y tecnologías de vanguardia.

Art Déco

Otras salas y un caso ejemplar: el Metro

Con su universo de objetos, el art déco rindió culto en simultánea a lo íntimo y lo mundano, supuso un enlace entre razón y decoración. En Uruguay, los investigadores encontraron que ya en 1924 hubo permisos para construir obras que eran art déco, y el concurso para la Aduana es aún anterior, del 23. En el mundo de los cines, además del Radio City, el Trocadero (que también dejó paso a una iglesia y ahora a una tienda) es otro ejemplo de adscripción al art déco. El edificio de un cine situado frente a la Intendencia de Montevideo, que se llamaba Azul y donde hace tiempo funciona un local de McDonalds, mantiene asimismo sencillos elementos de art déco.

Frente a eso, el Metro, de San José y Zelmar Michelini, que perdura como teatro, implicó un modelo integral, “quizás de los más significativos y vinculados a lo que es un diseño de difusión internacional: el uso en el techo de las líneas en zig zag aunque en realidad es plano, las luminarias, las alfombras, el tratamiento de los colores, el uso de la iluminación”, explica el arquitecto Andrés Mazzini.

Otros ejemplos fueron los cines Coventry, el Mogador o el Eliseo, este último clásico pero con art déco de la vertiente francesa.

Historia de biógrafo de Francia a EE.UU.

En el período de auge del art déco, de 1924 a 1944, había un promedio de 75 salas de cine funcionando en Montevideo, cifra que se duplicaría en los años 50, al igual que sucedió con la venta de entradas.

Por los cuarenta se vendían seis millones de boletos y se llegó a 20 millones en el 54. Otro mundo, en verdad, que en materia arquitectónica dejó testimonio de la influencia de la cultura francesa en Uruguay, porque hubo un art déco de neto cuño francés, pero también otro que legó las alusiones a la arquitectura de Estados Unidos, al skyline de los rascacielos de Nueva York.

En unos y otros casos quedó presente la asociación del arte y la arquitectura a los por entonces tiempos emergentes de una vida lúdica, con horas para el ocio. Frontones quebrados, grandes paños vidriados, acentuación de accesos, el uso de redientes y canaletas son parte de una tendencia que explotó en la exposición histórica de París de 1925 y que al año siguiente viajó a Estados Unidos.

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