VIVIR EN LA CALLE

Puertas de locales y bancos de 18 de Julio se mantienen como refugios para indigentes

Más de 20 personas duermen en las puertas de locales y bancos de la principal avenida.

La mayoría de los indigentes se levanta a las 5:30 para evitar el movimiento matinal. Foto: Fernando Ponzetto
La mayoría de los indigentes se levanta a las 5:30 para evitar el movimiento matinal. Foto: Fernando Ponzetto

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Faltan 10 minutos para las 11 de la noche. El movimiento en 18 de Julio comenzó a mermar hace ya algunas horas; las cortinas de los comercios están bajas y solo se escucha el sonido de algunos autos y ómnibus o de algún grupo de amigos que camina por la zona. En ese ambiente, al menos 20 personas intentan descansar a lo largo de los 3.6 kilómetros de la principal avenida, en bancos, plazas, puertas de peluquerías y edificios oficiales.

En un rincón de la Plaza Cagancha se ve a lo lejos unos pies por detrás de una estructura en obra. Al acercarse, los pies se multiplican: hay ocho personas que están tiradas en la vereda arriba de colchones y tapados con mantas; en algunos casos no se les ve ni la cabeza, la mayoría de ellos duerme. Tres, están sentados conversando.

Óscar, de 32 años, es uno de ellos. Hace 12 días que quedó en situación de calle, algo que se ve reflejado en su vestimenta: un jean y una remera azul aún en buenas condiciones. Antes había estado casi un año durmiendo en las veredas hasta que consiguió un trabajo como guardia de seguridad que le permitió quedarse en un refugio de forma permanente. Allí entraba a las 6 de la tarde, cenaba y al otro día a las 8 de la mañana desayunaba y se iba a trabajar. A los pocos meses la empresa cerró. Le dieron ocho meses para conseguir un trabajo, si no debía abandonar el refugio.

“Hablé con una asistente social, me dio las pautas a seguir, mandé currículum pero no encontré nada. A los 8 meses me dijeron que el tiempo se había vencido, que al otro día debía ir a ‘Puerta de Entrada’ a ver si había un lugar en otro refugio, pero no había nada por lo que tuve que volver a la calle”, cuenta. En ese momento decidió pasar por la Plaza Cagancha, el lugar donde había dormido durante tantas noches unos años atrás, y se encontró con varias personas allí, entre ellas a Fernando Finocchietti a quien conocía de su anterior vez en la calle. En aquella ocasión, pasó casi todo el invierno en esa situación y se alimentaba de las comidas que suelen ofrecer las oenegés. Pero esta vez, dice, debido a la época del año, no pasan tanto. Por eso todos los días se revuelve para comer buscando en los contenedores.

Muchas personas en situación de calle eligen dormir en 18 de Julio debido a la cantidad de locales que tienen techo para resguardarse. Foto: Camila Beltrán
Muchas personas en situación de calle eligen dormir en 18 de Julio debido a la cantidad de locales que tienen techo para resguardarse. Foto: Camila Beltrán

Los vecinos de los edificios de la plaza, asegura, los miran con desprecio. “Nos hacen sentir mal, pero uno no está acá porque quiere”, agrega.
Su amigo Fernando también descansa en este sitio luego de que su casa se le incendiara. Si bien podría encontrar un techo para vivir, prefiere estar en la calle acompañando a otros que duermen en la vía pública. “Yo estoy acá por voluntad propia. Paso por las mismas necesidades: ir a juntar puchos, ir a un bar y pedir para ir al baño o pedir comida”, cuenta.

Le molesta que la gente del entorno los critique. “Acá no hay ningún adicto. Y la mayoría es gente mayor”, señala. Y cuestionó a quienes merodean la plaza drogándose.

Óscar cree que ahora la calle “está más tranquila” respecto de la última vez que estuvo. “Antes éramos como 15 durmiendo acá, todos estaban consumiendo y noche por medio había peleas con cuchillos. Ahora ya no pasa eso, pero lo que sí he notado es que, en general, hay mucha más gente en situación de calle”, comenta.

Todas las mañanas y algunas noches, Antonio Villares (58) pasa a saludar a sus compañeros de la Plaza Cagancha y se queda un rato charlando. Aunque desde hace un mes y medio duerme en una pensión, dice que sabe lo que es dormir en la vereda porque así vivió durante muchos años. Si bien ahora tiene un techo propio que lo paga su hermano -“6 palitos sale”, aclara- a él le gusta la calle; por eso cada vez que puede se levanta, se afeita, se baña, se lava los dientes y dice “me voy para la Plaza Cagancha o a la Plaza de los Bomberos porque ese es mi lugar”.

En una recorrida realizada por El País en la noche del pasado miércoles 27 de febrero, fueron encontradas 20 personas en situación de calle a lo largo de toda la Avenida 18 de Julio. Foto: Francisco Flores
Foto: Francisco Flores

A metros del Mides

Las arrugas y el tono pausado para hablar de Julio denotan una edad superior a las seis décadas. Pero Julio tiene 48 y “hace años” vive en la calle. Acostado en un local comercial de 18 de Julio y Javier Barrios Amorín, a metros del Ministerio de Desarrollo Social, escucha un partido de Defensor Sporting en una radio de las de antes, que compró con lo que gana cuidando coches. A su alrededor hay una botella de agua, otra de Fanta. Viste un gorro de lana que combate el rocío que cae en la madrugada. También tenía al alcance un palo de 50 centímetros para defenderse de algún delincuente que suele intentar robarle. “Por lo general acá te encontrás con cualquier mugre (…) Después de la una, acá es tierra de nadie”, dijo.

Muchos indigentes prefieren dormir en la calle antes que ir a un refugio. Foto: Francisco Flores
Muchos indigentes prefieren dormir en la calle antes que ir a un refugio. Foto: Francisco Flores

Julio, oriundo de Nueva Palmira, descansa en las puertas de un local comercial junto a un joven que conoce hace cuatro meses. Los vecinos le dieron un acolchado y una frazada para tener un sueño más reparador. La dueña del local comercial le permitió descansar allí siempre y cuando mantuviera el lugar limpio.

“Me llevo bien con todo el mundo. Teniendo educación no tenés problema”, aseguró. Julio duerme hasta las seis de la mañana. Sabe que a esa hora se tiene que ir. Luego, se va a cuidar coches en la cuadra de Barrios Amorín. La opción de ir a un refugio siempre la descarta, por seguridad.

El Ministerio de Desarrollo Social, situado a media cuadra de donde dormiría Julio esa noche, estima que hay más de 600 personas en situación de calle en todo el país.

En el último año, esa cartera admitió que esta cifra “ha aumentado”.

El “techo” preferido de hombres sin techo

En 18 de Julio entre Magallanes y Minas se ubica la sede del Banco República, el techo favorito de los sin techo. El gran alero y las puertas giratorias lo hacen un lugar “ideal” para sentirse a resguardo.

Cristóbal María Rivero Torres -así lo repetirá en más de una ocasión el dueño del nombre- tiene 69 años y está recostado sobre la puerta de entrada al banco y sentado arriba de un pedazo de cartón para evitar que la cerámica enfríe su cuerpo. No lleva nada consigo: ni manta, ni agua, ni una mochila; solo una campera amarilla, un pantalón y zapatos negros. En el bolsillo tiene un papel blanco, doblado en cuatro, del que no se despega en ningún momento. Al abrirlo aparece su cara, pero en vez de tener la abundante barba y pelo canoso, se lo ve con el pelo corto y afeitado. Se trata de su registro de buena conducta, en donde se prueba que no tiene antecedentes penales. “Tengo los papeles de la calle por si me lo pide la policía. No tengo antecedentes así que ahora yo me duermo acá tranquilo y chau”, dijo Cristóbal María Rivero Torres.

En una recorrida realizada por El País en la noche del pasado miércoles 27 de febrero, fueron encontradas 20 personas en situación de calle a lo largo de toda la Avenida 18 de Julio. Foto: Francisco Flores
El Mides estima que hay más de 600 personas en situación de calle en todo el país.Foto: Francisco Flores

Hace un día que está en la puerta del banco porque prefiere ir rotando de lugar, pero hace tantos años que está en situación de calle que ya no recuerda exactamente cuánto. Antes de estar en la calle fue diariero junto a su padre y también boxeador. Dice que no va a los refugios “porque la gente no es buena, y si te pueden robar, te roban”. “No podés ir al baño porque a la vuelta siempre te falta algo”, sostienen con firmeza.

Debajo del Banco Itaú de 18 de julio y Alejandro Beisso, está sentado Jorge Santurio, de 59 años. Desde hace dos meses, cuando no pudo pagar más los 8 mil pesos de la pensión, esa esquina pasó a ser el lugar donde pernocta cada noche. No suelta en ningún momento su carrito de supermercado cargado hasta arriba. Allí tiene una manta que usa para tirar en la calle y vender los objetos que encuentra en la vía pública o al lado de los contenedores. Encuentra de todo: desde ropa a cualquier otro objeto. Con eso a veces logra sacar $ 200 o $ 300 por día, pero otras veces no saca nada. A las 5.30 de la mañana, antes de que empiece el movimiento en esa zona de la capital, agarra sus cosas y se va.

Al igual que Cristóbal, Jorge prefiere estar en la calle a dormir en un refugio. “Entrás con zapatillas y te vas descalzo. Te roban todo. Prefiero estar acá, más seguro”, afirma. Su único compañero por las noches es el termo y el mate. La yerba se la dan en la estación de servicio al igual que el agua caliente.

Vino de Salto hace 10 años buscando trabajo. “Allá no hay trabajo, pero acá menos”, dice resignado y cuenta que para él, cada vez hay más gente en situación de calle.

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