Políticas que fracasan período tras período

Planes de reciclaje siguen sin dar resultados anunciados por IMM

Martínez dijo en campaña que haría entre 8 y 10 plantas. Hoy funcionan 2.

Una de las 4 plantas que dejó la administración de Ana Olivera, de las que hoy solo funcionan 2. Foto: archivo El País.
Una de las 4 plantas que dejó la administración Olivera; hoy solo funcionan 2. Foto: Archivo.

Plantas de reciclaje, empleos en fábricas de pastas y en la construcción. Las alternativas laborales que previó la Intendencia de Montevideo para los clasificadores de residuos y que han sido implementadas en los dos últimos períodos no han dado los resultados anunciados. Tampoco los planes para sacar valor de la basura, que incluyeron contenedores naranjas en la zona de recolección municipal, bolsas del mismo color en los supermercados, campañas educativas y un tímido intento de cambiar los caballos y los carritos por "motocarros".

Durante la campaña electoral de 2015, el hoy intendente Daniel Martínez dijo al programa Santo y Seña de Canal 4 que construiría "entre 8 y 10 plantas de preclasificación" en un período de "tres a cinco años". Los tiempos y los datos de la realidad indican que el jefe comunal no podrá cumplir con su promesa de campaña.

En el marco de la Ley de Envases, se montaron bajo la pasada administración de Ana Olivera cuatro plantas de clasificación que dieron trabajo a 128 personas. En los tres años que van de la administración Martínez no se ha construido ninguna.

Esas 128 personas representarían el 4% del total de los clasificadores, que son 3.188 según el último censo realizado en el período pasado, aunque la Ucrus asegura que son más de 9.000. Para afinar las cifras, la IMM está haciendo un nuevo registro, cuya metodología ya ha sido cuestionada por el sindicato de los clasificadores.

Pero la situación con las plantas es más complicada. El director de Desarrollo Ambiental de la Intendencia de Montevideo, Fernando Puntigliano, reveló la semana pasada a la Junta Departamental que solo dos de ellas están funcionando.

"Tenemos que entender que, en realidad, existe una ilusión de que el proceso de clasificación va a terminar incluyendo a todos los clasificadores. Esto no es así, además de que el conjunto de clasificadores es mutante en el tiempo. Es decir, las personas que hoy son clasificadores mañana no lo son y están en un ramo y en otro", destacó el director de Desarrollo Ambiental.

Puntigliano concurrió a la Junta para explicar la marcha de los planes de reciclaje y reconversión laboral de los clasificadores. Y obtener la anuencia de los ediles para suscribir con el Mides un segundo fideicomiso que permita ampliar las plantas y, eventualmente, construir alguna más.

Contenedor con falla.

Las plantas reciben los residuos para clasificar de dos fuentes bien distintas: los contenedores naranjas de la empresa CAP (ubicados en las áreas centrales de la ciudad) y las grandes superficies comerciales. Puntigliano explicó que estos últimos se reciben "en mejores condiciones" y por tanto son más aprovechables. Y que hay un "problema" con los recipientes naranjas de la empresa privada.

"El diseño del contenedor tiene un problema en la parte inferior, que hace que se moje fácilmente y contamine el material. Cuando este llega a la planta de clasificación no está en condiciones, tiene un alto nivel de rechazo", precisó.

Director de Desarrollo Ambiental de la IMM: “el diseño del contenedor tiene un problema en la parte inferior, que hace que se moje y contamine el material”. Foto: Darwin Borrelli.
Director de Desarrollo Ambiental de la IMM: “el diseño del contenedor tiene un problema en la parte inferior". Foto: Darwin Borrelli.

El jerarca también responsabilizó a la población por el fracaso de los programas de reciclaje. "Todo esto también tiene que ver con razones culturales. Hay gente que no entiende. Estamos destinando mucho más esfuerzo para este presupuesto para la comunicación y la educación. Estamos haciendo un análisis crítico de cómo podemos trabajar. Vamos a fortalecer la cultura de la clasificación. Vamos a mejorar la información de la clasificación, y vamos a tratar de mejorar con CAP, en un mediano plazo, la calidad de la recolección", indicó.

Planes fracasados.

Durante el período pasado, la intendenta Ana Olivera ensayó algunos planes para dar trabajo a los clasificadores en la construcción y en fábricas de pastas, pero éstos abarcaron a unas pocas decenas de personas y finalmente no prosperaron.

En el flujo de dinero del fideicomiso que ahora la comuna pretende reeditar, hay distintas fuentes de ingresos para el sistema: la Cámara de Industrias, las ventas de los residuos separados, la propia Intendencia y el Mides.

Puntigliano admitió que se cometieron "errores" con el primer fideicomiso, aunque dijo que estos se han capitalizado como "lecciones aprendidas".

"Uno podrá hacer un análisis crítico sobre la evolución que tuvo, pero nosotros no lo hacemos para echar culpas a quien fue responsable de A o de B, sino que hacemos un análisis crítico para construir, en el nuevo fideicomiso, algo que tiene que funcionar mejor. Esa es la filosofía con que estamos encarando la gestión. Porque errores cometemos todos. Estamos hablando de la Dirección de Desarrollo Ambiental. Yo no hablo de las personas, pero acá asumo como persona que yo mismo cometí algunos errores y los reconocí públicamente", destacó el jerarca.

Puntigliano fue interpelado en la Comisión de Legislación y Apelaciones de la Junta por el edil nacionalista Javier Barrios Bove, quien dijo que las respuestas del jerarca reflejan "el absoluto fracaso" de los planes de reciclaje de la Intendencia de Montevideo y "el total incumplimiento de las promesas de campaña del intendente Daniel Martínez, quien dijo que iba a construir entre 8 y 10 plantas de clasificación, con lo que aseguró se solucionaría el problema de la basura".

"No solo no hizo ninguna de las plantas prometidas, sino que además ahora dos de las cuatro que dejó Ana Olivera están cerradas", sentenció el legislador departamental.

reciclaje

El contexto mundial no ayuda

Como en otros países, la situación del mercado internacional del reciclaje está teniendo impactos en Uruguay. A fines de marzo, una delegación de la Unión de Clasificadores de Residuos Urbanos Sólidos (Ucrus) se movilizó hacia el Ministerio de Trabajo para reclamar un sueldo mínimo de $ 30.000 para las personas que trabajan en las plantas de clasificación. Pero hay otro tema de fondo que preocupa a la Ucrus: China anunció que no quiere ser más el vertedero del planeta. Y prohibió las importaciones de ciertos residuos sólidos desde el extranjero, medida que ya se anticipaba que podía tener efectos importantes sobre la industria mundial del reciclaje.

El presidente de Ucrus, Juan Carlos Silva, dijo a El País que la empresa uruguaya Pamer, que les compra la mayoría de los materiales que recogen de las calles y las usinas de basura, "dejó de tomarnos el cartón y el papel porque ya no se lo puede vender a China". Esta coyuntura se junta con una de las principales reivindicaciones del sindicato: que los clasificadores sean considerados trabajadores y que la tarea que realizan se reconozca como un servicio, para poder acceder a un salario.

Hasta ahora, estos reclamos no han sido de recibo por parte de las autoridades.

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