Un centro escolar diferente

Los padres más guardianes de la educación de sus hijos

Más de 30 familias gestionan la escuela Pindó a la que asisten sus chicos.

Natural: el entorno verde de la escuela ubicada en Marindia favorece el contacto directo con la naturaleza y las actividades al aire libre. Foto: Centro Educativo Pindó
Natural: el entorno verde de la escuela ubicada en Marindia favorece el contacto directo con la naturaleza y las actividades al aire libre. Foto: Centro Educativo Pindó

Ocho familias tomaron la decisión de mover su residencia de Montevideo a Marindia en 2012 motivadas por potenciar su contacto directo con la naturaleza. A la mudanza se le sumó otra coincidencia: todos habían sido padres recientemente.

La red entre estos vecinos empezó a tejerse por contactos en común. Juan Russi recuerda que él y su esposa llegaron porque los invitó una pareja que participó en Nacer Mejor, organización que acompaña a los padres durante la preparación de partos en las casas. Después de que nació su primogénito Joaquín (6), los Russi decidieron acercarse a estas reuniones.

Se hicieron amigos y en estos intercambios descubrieron gran afinidad. Las charlas sobre la crianza de sus hijos se volvieron cada vez más frecuentes. Evaluaron las propuestas educativas que existían en la zona y cayeron en la cuenta de que ninguna se enmarcaba dentro de sus pretensiones pedagógicas. Así que optaron por gestionar su propio colegio que bautizaron Centro Educativo Pindó en honor al libro infantil Una Pindó, de Susana Olaondo.

Los valores e intereses compartidos se trasladaron al lugar donde sus hijos reciben educación formal. En Pindó no se usa plástico, prefieren maderas, lanas y telas. Les enseñan reciclaje y compostaje.

Hay tres niños que llevan la merienda para los 50 alumnos cada día. Se rigen por un calendario y prestan atención a que la dieta sea balanceada y sana.

El colectivo de padres se reúne cada dos meses para forjar los acuerdos que estructuran el accionar de la escuela. Las tareas se dividen según las comisiones: mantenimiento, comunicación, embellecimiento, pedagogía, legal y administración. Se exige que al menos un padre de las 30 familias involucradas participe en el qué hacer del centro educativo.

Escuela viva.

Pindó tiene 50 alumnos que cursan desde preescolar hasta quinto año. Es una escuela viva: crece en función de las necesidades educativas de los usuarios.

"La primaria surgió porque una niña tenía que pasar a primer grado y se decidió acompañarla en ese proceso. Pindó crece en la medida que el alumno más grande requiere cursar un grado más", cuenta Juan Russi, padre de Joaquín y Domingo.

El plan es crear sexto grado para completar la primaria, y culminar los trámites de habilitación en el Ministerio de Educación y Cultura. Los padres no saben qué harán cuando sus hijos tengan que ir a Secundaria, pero varios miran con buenos ojos el proyecto del colegio Rudolf Steiner. Este instituto de pedagogía Waldorf compró un terreno en Solymar para construir un liceo.

Énfasis. en la primera infancia se prioriza la educación emocional.
Énfasis. en la primera infancia se prioriza la educación emocional.

Modo Waldorf.

Las ocho familias fundadoras hicieron énfasis en que las actividades del preescolar se rigieran por el vínculo con la naturaleza. Alquilaron una chacra de dos hectáreas repleta de árboles y animales sobre la Ruta 34 y contrataron a dos maestros para los 12 primeros alumnos.

"La dinámica consistía en replicar las propuestas hogareñas en un entorno de escolarización: el cuidado, la cocina y los juegos", cuenta Russi.

Dos años después advirtieron que debían moverse un lugar más cerca de la costa para captar más alumnos. De lo contrario, el proyecto dejaría de ser sostenible. Salieron a buscar un predio y se toparon con una manzana donde había funcionado un parador "que tenía gran pinta de escuela: un patio circular con una edificación en el medio. Y sin vecinos cerca. Fue mágico cómo apareció".

Tienen "afinidad" con la pedagogía Waldorf, aunque no hicieron el proceso para ser reconocidos por este sistema educativo alemán. Pero sí aplican sus instrumentos y técnicas. Consideran esencial respetar los ciclos y tiempos de aprendizaje de cada niño.

En la primera infancia se prioriza la maduración emocional sobre lo cognitivo. El trabajo en valoración y autoestima está muy marcado.

Desde primer grado en adelante aprenden a tocar la flauta, trabajan con telares, lanas y se enfocan en la huerta.

No existe la figura del director; en su lugar hay una coordinadora de docentes. El clásico boletín se suplanta por devoluciones conceptuales. Las maestras se reúnen dos veces por año con los padres y entablan estrategias que ayuden a los niños a superar dificultades. Procuran lograr coherencia entre el mensaje del colegio y el hogar.

Hubo padres que dieron marcha atrás y cambiaron a sus hijos de colegio. "Llegan buscando una escuela pero después un tiempo adentro se dan cuenta de que la opción es mucho más que eso por la implicancia personal que conlleva. Supone trabajar como adulto y persona para entrar en una frecuencia que permita co crear la escuela de tus hijos", dice Russi.

Todos o ninguno: los acuerdos son consensuados en la escuela

Este colectivo considera "natural" que los padres se involucren con la educación de sus hijos. Gestionar la escuela es ir un paso más allá, pero entienden que es "hacerse cargo de una dimensión que venía implícita cuando decidimos tener hijos", explica Juan Russi.

Pindó se financia con el pago de una cuota mensual por alumno y con la participación de los padres en la gestión y el trabajo en las comisiones. Las decisiones se toman en consenso. "Tenemos un fin común superior acordado y se conversa hasta que todos estemos de acuerdo sobre cuál es la mejor decisión".

Si bien al principio las reuniones podían extenderse más de la cuenta, pasado un tiempo "la energía empieza a fluir" hacia un lugar donde la persona logra dejar de lado su ego y apostar al bien común.

La clave está en lograr identificar cuál es el lugar real que ocupa cada miembro del colectivo en ese círculo y evitar las ideas preconcebidas de cómo uno quiere que sean las cosas.

Aprenden a trabajar en pos del beneficio del conjunto: "se toma o no se toma lo que aporto pero no me siento afectado individualmente si mi idea se lleva adelante o no".

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