Naturaleza

Mudan el refugio de fauna de Punta Colorada a Bella Vista

El municipio de Solís ofreció el nuevo destino para la ONG SOS Rescate.

Cerca del mar: decenas de voluntarios han trabajado con SOS Rescate para salvar animales. Foto: archivo El País.
Decenas de voluntarios han trabajado con SOS Rescate para salvar animales. Foto: Archivo

El centro SOS Rescate de Fauna Marina mudará sus actividades a un local ubicado en la zona de Bella Vista. La novedad se conoció en las últimas horas de ayer.

En un conflicto que enfrentó a varias partes, la solución llegó a partir de una mediación llevada adelante por el edil blanco Rodrigo Blas con el responsable de la ONG, Richard Tesore.

El alcalde del municipio de Solís, Hernán Ciganda, fue por su parte quien ofreció el citado local para que Tesore pueda instalarse en el mismo.

La propuesta quedó aceptada tras una reunión celebrada el pasado martes con Blás, Ciganda, el presidente de la Junta Departamental de Maldonado, Luis Artola, y el director de higiene de la Intendencia de Maldonado, Jorge Píriz.

El acuerdo no solo se limita a la cesión del local ubicado sobre la faja costera de Bella Vista, sino que también Tesore contará con el apoyo del citado munipio, del legislativo departamental y de la Intendencia de Maldonado.

Mientras se buscaba encontrar una solución, el diputado Walter Verri, presidente de la Comisión Especial sobre Tenencia Responsable y Bienestar Animal había declarado que estaba claro que la Intendencia de Maldonado necesitaba recuperar un espacio público que los vecinos estaban reclamando. Al mismo tiempo, el diputado reconocía que la ONG "ha cumplido una función muy destacada, muy valiosa".

La Intendencia y la ONG se vieron últimamente enfrentadas públicamente luego de que un grupo de vecinos de Punta Colorada reclamara a la comuna que quitase de la playa las construcciones de la ONG.

Ante la mudanza a Bella Vista, un paraje turístico del este del país que sigue viendo crecer su cotización, se desconoce hasta ahora si hubo algún contacto con los vecinos de esa zona costera que recibirá al centro de rescate, ni tampoco se aclara cuál será la zona que podrá abarcarse por el emprendimiento de la ONG, y hasta dónde quizás se afecte el entorno de la playa.

La comuna de Maldonado había manejado con anterioridad un proyecto que incluía un traslado de los animales en recuperación desde Punta Colorada a la Reserva de Fauna del Cerro Pan de Azúcar, para que sean alimentados y reciban cuidados veterinarios.

Entonces se indicaba que además, sobre la playa, se conservarían algunas piletas para el adiestramiento y trabajo durante ciertas horas del día, para que los animales rescatados vuelvan al agua, mientras funcionara una especie de museo.

Como lo ha contado Tesore a El País en más de una entrevista, ya lleva unos 27 años atendiendo animales marinos heridos. Sus primeros pacientes habían sido 50 pingüinos que un día dejó de atender la Reserva de Pan de Azúcar.

Como en aquellos primeros días del centro de rescate, Tesore siguió viviendo en una casa precaria en la playa de Punta Colorada, cuando aún no se había dado el boom posterior a la crisis de 2002.

Allí se fueron sumando piscinas o "encierros" para ayudar a la recuperación de gaviotas deshidratadas, lobos marinos con problemas respiratorios, tortugas con contusión intestinal por plásticos y anzuelos y pingüinos empetrolados, animales que últimamente eran acercados por la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos, la intendencia fernandina o particulares.

Últimos tiempos.

En enero del año pasado ya se anunciaba que, si bien en más de dos décadas la ONG nunca había cerrado sus puertas, con un presupuesto mensual de funcionamiento cercano a los US$ 3.500, estaba pasando por una situación crítica.

Faltaban fondos para lo cotidiano y para gastos demandados por tormentas y turbonadas que en 2016 afectaron las instalaciones y exigieron obras costeadas por empresarios privados que conocieron el emprendimiento de Tesore cuando eran escolares y pudieron visitar el centro de rescate, un lugar y una tarea que los sensibilizó y acercó más a la fauna marina en riesgo.

Otro de los ingresos habituales eran las entradas que se vendían sobre todo en verano, pero que estaban limitadas ya que en un sitio en donde los animales están en recuperación, el exceso de visitantes los termina estresando.

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