A LA INTERNA DEL NEGOCIO NARCO MINORISTA

Máscaras, silbidos y vigilantes: radiografía de una boca de drogas

Se adoptan medidas de seguridad para neutralizar los allanamientos de la Policía y para protegerlas de robos de “mexicanos” o bandas rivales.

Venta de drogas en el Cerro. Foto: Francisco Flores.
La Policía realiza videovigilancias para obtener pruebas contra las bocas de drogas. Foto: Francisco Flores.

La “boca de Jano” se encuentra en un barrio periférico de Pando. No funciona en una sola casa, sino que está constituida de varias viviendas cercanas del barrio Estadio de Pando.

La investigación fiscal y de la Policía comenzó con denuncias anónimas de vecinos y se completó con tareas de videovigilancia realizadas durante meses en el entorno de la “boca de drogas”.

El martes 11, un equipo de investigadores de la Zona II de la Policía de Pando realizó una vigilancia en una boca de venta de estupefacientes ubicada en la calle 17 Metros y Florida. Los policías sospechaban que Jano estaba en el lugar.

Al caer la tarde, vieron salir a un joven del lugar. Esperaron que se alejara lo suficiente de la “boca de drogas” y lo detuvieron sin llamar la atención. El testigo, identificado como A., llevaba encima dos envoltorios de papel blanco conteniendo una sustancia amarillenta (pasta base).

A. dijo a los policías que había comprado la droga en la “boca de Jano”. Luego relató la operativa del lugar y afirmó que un muchacho de unos 20 años, que utilizaba una máscara para no ser identificado, atendía a los consumidores. Ese muchacho, agregó, le había vendido pasta base a $ 50 el “chasqui” (una dosis oscila de 0,1 a 0,5 gramos).

El miércoles 19, los investigadores policiales capturaron al traficante en la casa de un familiar. Posteriormente, los policías se dirigieron a la “boca de Jano”. Allí incautaron una moto marca Pulson denunciada como robada y el celular de Jano. También decomisaron una máscara de bruja, dinero, cogollos de cannabis sativa, recortes de nylon, cintas y una moto.

El abogado de Jano, Martín Frustaci, acordó con el fiscal de Pando, Rodrigo Carámbula, la realización de un proceso abreviado. Posteriormente, el juez pandense, Duvi Teixidor, condenó a Jano por tráfico de drogas y receptación.

La seguridad.

Además de las máscaras, los vendedores de una “boca de drogas” cuentan con la seguridad brindada por “vigilantes” y cámaras de seguridad, según afirmaron a El País investigadores de brigadas antidrogas.

Esas medidas de seguridad se adoptan no solo para neutralizar los allanamientos de la Policía a la “boca de drogas”, sino también para protegerla de robos de “mexicanos” o bandas rivales. Los “mexicanos” son grupos de cuatro cinco integrantes, la mayoría de ellos adolescentes. Se dedican a asaltar “bocas de drogas”. Eso se denomina en el submundo criminal como “mexicanear”.

Para ver si el que se acerca es amigo o no, están los “vigilantes” o “perros”. Son personas de bajo rango o adictos que tienen deudas elevadas con la banda.

Se instalan en el cordón de la vereda o contra un muro a unos 50 o 60 metros de la “boca”. Más cerca de la casa se ubican otros “vigilantes”. Al percibir una presencia sospechosa o un patrullero, los custodias se comunican entre sí y con la “boca” mediante silbidos. Si la situación lo amerita, la droga se esconde en minutos y los traficantes se arman con revólveres y pistolas.

En ocasiones, los lugareños colaboran con el narco avisando del inminente operativo. “Los vecinos son leales a los traficantes. Cuando tienen problemas en pagar la luz y el agua, los narcos les dan $ 3.000. Sin embargo, aquellos que se enfrentan a la delincuentes corren riesgo de vida y deben irse del barrio”, dijo un comisario con experiencia en barrios marginales.

La estrategia.

Como modalidad para pasar desapercibido, los dueños de las “bocas de drogas” utilizan comercios minoristas como fachadas. Los rubros más usados son venta de comida para animales o autoservices generalmente vacíos, según las fuentes.

Mediante esos negocios, el traficante justifica los ingresos de dinero. Por eso la Policía reclama una mayor presencia de la Dirección General Impositiva (DGI) y del Banco de Previsión Social (BPS) en los barrios periféricos de Montevideo y de capitales departamentales.

Matías Sosa, un traficante de San José detenido el miércoles 5 y procesado por la Justicia por tráfico de drogas, tenía en la capital maragata un bar y un autoservice producto del dinero generado narcotráfico (ver nota aparte).

Otro sistema de protección radica en la ausencia del dueño de la “boca” en el lugar. Para atender a los consumidores, el dueño utiliza a personas que ocupan los escalafones más bajos de la banda. Si estos son procesados, la organización no queda afectada.

Una medida similar se adopta con la droga a ser vendida en la “boca”. Los traficantes siempre manejan poca cantidad de cocaína, pasta base y marihuana. De esa forma, en caso de que llegue la Policía, las pérdidas son escasas.

Durante un allanamiento, si la Policía demora un minuto en ingresar a la “boca de drogas”, los traficantes esconden las sustancias en alcantarillas o en ranchos vecinos.

En las bocas hay lugares que se denominan “achique”. Se trata de habitaciones casi en penumbras con sofás destartalados y colchones sin sábanas. Ambientan esos lugares para que los hombres estén allí el máximo tiempo posible consumiendo y se endeuden. En cambio, según narró una fiscal de larga experiencia en el combate a las drogas, las adictas son violadas a menudo cuando están bajo los efectos de estupefacientes. Ha habido denuncias al respecto.

La droga oculta debajo del mostrador

Matías Sosa es un conocido traficante de drogas de San José. Fue procesado por la Justicia tras una investigación de la fiscal especializada en Estupefacientes, Mónica Ferrero, y de la Dirección de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas, informó El País el lunes pasa- do. Según el expediente, la investigación policial probó que Sosa tenía un bar y un autoservice. En la Fiscalía, Sosa declaró que había vendido el bar y el autoservice a otra persona aunque no hubo documentos de por medio. La Policía logró probar que, en una camioneta de otra persona, Sosa y el comprador de los negocios fueron a adquirir drogas. Poco después, ambos regresaron al bar. Una filmación muestra a los dos hombres manipulando una bolsa con droga. Luego Sosa y su acompañante ingresaron al bar. La filmación del interior del comercio revela que un trabajador del comercio esconde la bolsa con droga encima de una heladera y luego debajo del mostrador, según dijo la fuente. Ese operario, que carecía de antecedentes penales, fue condenado por la Justicia por un delito de asistencia al narcotráfico. Enfrentará una pena de prisión de 14 meses. Durante siete meses realizará trabajos comunitarios y en los otros siete sufrirá una prisión domiciliara nocturna. En tanto, el dueño del bar y quien lo acompañó a buscar la droga, fueron imputados por complicidad de tráfico de drogas. Otro amigo de Sosa fue procesado por tráfico interno de armas, luego de que la Policía lo encontrara con armamento y 6.216 municiones de grueso calibre. Fue condenado a dos años y seis meses de penitenciaría.

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