LA IMPORTANCIA DEL LIDERAZGO

Mario Riorda: “En las crisis la voz oficial es la voz rectora”

En las crisis todo cambia y, comenta el cientista político, “lo que importa es la capacidad de reacción de los liderazgos”.

Mario Riorda, presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales. Foto: Leonardo Mainé
Mario Riorda, presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales. Foto: Leonardo Mainé

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Bill Clinton había llegado a la Presidencia de Estados Unidos tras la famosa frase: “Es la economía, estúpido”. Pero ahora, ante la pandemia de COVID-19, es la economía y la salud.

Esta puja es una de las novedades que trae la coyuntura que afecta al mundo, dice Mario Riorda, presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales. Y según cómo se comporten los liderazgos, al final de cuentas las medidas pueden resultar un impulso político o un boomerang que se vuelve en contra. En las crisis todo cambia y, comenta el cientista político, “lo que importa es la capacidad de reacción de los liderazgos”.

-Tanto en Uruguay como en Argentina, la pandemia en curso llega justo al inicio de nuevos gobiernos. ¿Qué impacto político puede tener?

-Ambos son liderazgos más apegados a la institucionalidad, y con componentes más orientados a la cooperación. Los dos tienen similitudes: son nuevos y necesitan consenso, han tenido más tiempo para reaccionar, aprendiendo de la experiencia de los países europeos y asiáticos. Desconozco los efectos políticos en Uruguay, pero en Argentina, más allá de las medidas concretas, el presidente argentino avanzó con decisiones derivadas de recomendaciones internacionales de organismos especializados y con otras de mitigación económica que gozan de consenso ciudadano y de acuerdo político. Antes de declarar el aislamiento obligatorio, reunió a todos los gobernadores del país. Logró un consenso multinivel, multipartidario e interno para decidir, transmitiendo además con aplomo, cautela y decisión. Actualmente su nivel de aprobación pública es altísimo.

-¿Las crisis sirven a los políticos con baja popularidad?

-Jamás hay que confundir popularidad con liderazgo, pues la sociedad se recuesta en liderazgos en situaciones de incertidumbre, con efectividad de la comunicación del riesgo. Ahí, hay varias cosas a atender. Una da confianza, con la otra se cambian actitudes. Investigaciones refuerzan la idea de que el miedo y la modificación de hábitos se rutinizan y ellos genera relajamientos, autocomplacencia. Resguardarse ante el exceso de aparición pública y de la autocelebración siempre será bueno, máxime si hay pronósticos de crisis. Pero no hay un patrón de a quiénes favorecen o perjudican. Pareciera que se castiga a quienes niegan y minimizan la situación.

-En Argentina parece que la llamada “grieta” cedió ante la emergencia sanitaria. En Uruguay, donde a priori no había tal grieta, sucedió lo contrario: ¿qué nos dicen estos escenarios de nuestros sistemas políticos?

-Cada caso es un mundo. En Argentina el presidente necesita mantener un halo de fuertes criterios republicanos. En Uruguay hay respuestas derivadas de la nueva agenda gubernamental y sus restricciones, que se mezclaron con reclamos preventivos de la dificultad económica y social que seguramente vendrá. Habrá que ver la racionalidad de uno y otro lado para que esas posturas diferentes puedan encauzarse en respuestas con consenso. El gobierno deberá escuchar y entender que cualquier medida no impacta a todos por igual, los sindicatos tendrán que comprender la gravedad y capacidad adaptativa y a la oposición (el Frente Amplio), le implicará concientizarse de su nuevo rol.

-Bajo la idea de “esto no es política, es asunto de Estado”, ¿se termina despreciando a la política?

-Siempre que se niegue “lo político” como estética o como contenido, hay alguna especie de negación de la política, pero mucho más de las ideologías. Varios académicos me dejaron traslucir que ese uso, en la coyuntura uruguaya, responde a no caer en el oportunismo, lo que comparto y celebro. Pero siempre desde gobiernos conservadores e incluso liberales, sea en circunstancias de rutina o en contextos de emergencia, aparece una oportunidad para no asumir posturas conservadoras y negar -a veces mucho, a veces con sutilezas- las diferencias de enfoques ideológicos que nutren decisiones y políticas.

-¿Las crisis anulan las llamadas lunas de miel presidenciales?

-Ni siquiera las crisis. No hay más lunas de miel con los gobiernos. Es un concepto romántico del siglo pasado. Las demandas priman y no tienen tiempo ni espacio. Las crisis de confrontación en la región del año pasado anularon los períodos de gracia de los nuevos gobernantes. Lo que importa es la capacidad de reacción de los liderazgos.

-Hay quienes sostienen que, en tiempos de crisis, la voz oficial es la más autorizada a hablar y que no se puede contrarrestar. ¿Es así?

-En tiempos de crisis, combinados con riesgo, necesariamente la voz oficial debe constituirse en voz rectora para aportar certidumbre frente al exceso de incertidumbre y miedo algunas veces. Incluso, también demanda dimensiones judiciales y punitivas como una necesidad de efectividad ¿Riesgos de ello? Tensiones con la libertad. Es una constante en situaciones donde la sociedad debe adaptarse imperativamente a un nuevo orden.

Lacalle Pou, este jueves en conferencia de prensa. Foto: Pablo S.Fernández
Lacalle y parte de su equipo de gobierno en conferencia de prensa. Foto: Pablo S.Fernández

-Japón siguió la estrategia del silencio: cuanto menos “pánico” genero, mejor. ¿Sirve de algo o lo ideal es la trasparencia informativa por más dolorosa que sea?

-No es la tendencia dominante. Además, hay factores culturales que permiten ordenar y coordinar acciones en algunas sociedades que no tienen que ver con nuestra realidad. Hay que entender dos cosas. Una, como sostiene Trudie Lang, profesor del Global Health Research en la Universidad Oxford, “Para que un mensaje de salud pública tenga éxito, debe llegar al 80% de la población”. Y la otra es que, sin que se torne paralizante, debe existir una cantidad de miedo como motor persuasivo que tenga activada la alarma que produce el riesgo. El desafío de cualquier gobierno nacional es ajustar la coordinación del riesgo para no restar eficacia a la comunicación del riesgo que, como propia política pública, se transforma en un derecho ciudadano irrenunciable.

-A veces habla un vocero, otras un ministro o el presidente. ¿Cuál es la clave para comunicar bien en la coyuntura actual?

-Lo importante es que se logre una “orquestación de las vocerías”. No necesariamente un vocero único porque eso es imposible para un gobierno nacional o de gran escala. Pero sí orden, conferencias estables con hora y lugar, prohibirse y autorregularse que cualquier autoridad pueda opinar, establecimiento de cuentas digitales oficiales rectoras, entre otros elementos.

-Los líderes más tildados de populistas en el continente (Bolsonaro, Amlo y Trump) son los tres que han tomado medidas más laxas y hasta casi ningunearon la pandemia. ¿Casualidad?

-No lo sé. Sí sé que ellos protagonizan excesos retóricos xenófobos, de retórica nacionalista politizada en contra de alguien, de exceso de retórica bélica, pero además con una fuerte subestimación o negacionismo deliberado al inicio, cosa que en Estados Unidos ha cambiado drásticamente ya, y parcialmente en México.

-¿Qué clivajes despierta esta pandemia?

-Algunos clivajes muy asimétricos como pueden ser posiciones dogmáticas irracionales versus científicas. Pero otras gigantes que tendrán consecuencias enormes como nacionalismo versus globalización, Estado versus mercado, desigualdad versus igualdad, consumo versus frugalidad. Y una enorme que empieza a cristalizarse con mucha fuerza ahora que es salud vs. economía.

-¿Estamos preparados para lo que puede venir?

-Una reflexión se me ocurre, derivada del pensador «Bifo» Berardi cuando provoca afirmando que “no estamos preparados culturalmente para pensar el estancamiento como condición de largo plazo, no estamos preparados para pensar la frugalidad, el compartir. No estamos preparados para disociar el placer del consumo”. Esta situación de aislamiento y distancia social está generando vivencias únicas.

Información con errores en tiempos de coronavirus
Coronavirus. Foto: AFP

“El 65% de la información, según un estudio del Instituto Reuters se consume fuera de los medios convencionales. Solo en los dos primeros meses del 2020, desde la aparición del virus, la firma de ciberseguridad Check Point señaló más de 4.000 sitios web relacionados con el coronavirus que incluyen palabras como “corona” o “covid” y que son el 50% más maliciosos que los dominios registrados en el mismo período”.

El cientista político Mario Riorda sigue al dedillo el avance informativo durante esta pandemia. Sin embargo, advierte citando a la Unesco, “no todo es cuestión de fake news. Sí hay ‘desinformación cuando aparece información falsa y creada deliberadamente para dañar a una persona, grupo social, organización o país’. Pero es más significativa la ‘información errónea’ en esta pandemia, que representa información falsa, pero no creada con la intención de causar daño; o la ‘mala información’, basada en la realidad, pero utilizada para infligir daño a una persona, grupo social, organización o país con objetivos de oportunismo político, social o económico”.

En el Río de la Plata, el impacto informativo también está dado por los ejemplos de España e Italia. Pero, según el experto, “la gran toma de conciencia es que afectó con dureza a los países desarrollados y los del hemisferio norte, y viene afectado más tardíamente a los del hemisferio sur. Pero además, afecta transversalmente a todos, sean príncipes, primeros ministros o población vulnerable”.

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