Drama familiar: reclaman atención de la ANV

Una lucha contra el desalojo

María Silva dejó de pagar su casa cuando su hijase enfermó; ahora se la quieren rematar.

María Silva junto a su hija Cintia de 23 años; reclaman a la ANV que no le rematen su casa ya que tienen la intención de pagar. Foto: Marcelo Bonjour.
María Silva junto a su hija Cintia de 23 años; reclaman a la ANV que no le rematen su casa ya que tienen la intención de pagar. Foto: Marcelo Bonjour.

Hace cuatro años la vida de María Silva y su familia cambió por completo. A su hija, Cintia, en ese entonces de 19 años, le diagnosticaron cáncer en el brazo —un tumor grado 4— lo que llevó a que tanto Silva como su marido tuvieran que ajustar su vida y su economía a esa nueva realidad.

Hacía tan solo un mes que la joven —madre soltera— había tenido una niña, por lo que Silva debió dedicarse de lleno a cuidar a su nieta recién nacida, mientras que la joven era acompañada por su padre a los estudios y tratamientos de quimioterapia.

"Al poco tiempo, cuando vimos que la cosa se empezaba a complicar, decidimos ir a la Agencia Nacional de Vivienda (ANV) para hablar y explicarles que por nuestra situación se nos iba a hacer imposible poder pagar la cuota de la vivienda que en ese momento era de unos $ 1.500 por mes", contó Silva.

Pero, según comentó, en la Agencia no les dieron "ni la hora"; lo único que le dijeron era que tenían que pagar. "Yo no iba a dejar que mi hija se muriera por pagar la deuda", sostuvo.

Dos años después, cuando Cintia se recuperó —aunque debieron amputarle el brazo derecho— la familia comenzó a restablecerse poco a poco, por lo que Silva volvió a la ANV con la intención de retomar el pago de la cuota.

"A la señora que nos atendió no le importó lo que nos había sucedido y nos dijo que la deuda ascendía a 45.000 pesos y que debíamos pagar ese monto todo junto, de lo contrario nos iríamos a la calle", contó.

Pero la familia no disponía de esa cantidad de dinero en ese momento. "Recién nos estábamos acomodando y todavía mi hija debía ser internada semanalmente como parte de la recuperación", dijo.

Remate.

Dejaron pasar un tiempo y volvieron a intentar. "Le volvimos a decir a la ANV que nuestra intención era pagar, que no queríamos vivir de arriba, pero que podíamos empezar a saldar la deuda en cuotas, porque no teníamos para pagar el monto total de la deuda que habíamos acumulado en dos años", indicó.

En este caso, la respuesta que recibieron fue otra, lo que les dio algo de esperanza.

"Nos dijeron que nos quedáramos tranquilas, que iban a mandar una visitadora a nuestra casa", recordó. Pero el tiempo pasó y la visitadora nunca apareció. Las constantes llamadas por parte de Silva recibían siempre la misma respuesta: que su pedido estaba en proceso. Hasta que finalmente Silva se rindió y dejó de intentar.

Hace pocos días una alguacil llegó a la puerta de la vivienda de la familia, ubicada en el Complejo CH 25 en el Cerrito de la Victoria, y les informó que su vivienda iría a remate y que el lanzamiento sería el 30 de julio.

"Nos explicó que debíamos ir dos días antes del lanzamiento a pedir una prórroga y que el juez debería de otorgárnosla debido a que estamos en invierno, hay una niña chica y hay una persona discapacitada. Justo le amputaron el brazo derecho", explicó.

Luego de la noticia volvieron a la Agencia Nacional de Vivienda. "Nos dijeron que la deuda había aumentado a 116 mil pesos, que pagando ese monto regularizaríamos la situación, no nos dieron ninguna otra opción, pero la realidad es que no tengo ese dinero. ¿De dónde los saco? Es imposible", sostuvo preocupada.

El Mides.

En la casa de Silva son cuatro integrantes: además de ella viven su marido, su hija y su nieta. Y actualmente el único que cuenta con un trabajo es el esposo.

"Antes trabajaba en el sector de limpieza pero desde que pasó todo esto me enfermé. Me estoy haciendo una serie de estudios, yendo de médico en médico. Aún no saben si el problema es la vesícula, si es gastritis o qué", contó Silva.

Su hija, en tanto, cobra "una triste pensión por discapacidad", según la define la mujer. Es por dos años y medio y luego deberá volver a hacer "todo el papeleo". "Quién sabe si se la vuelven a dar. Buscó trabajo pero no ha conseguido", dijo Silva.

Su indignación no solo es con la Agencia Nacional de Vivienda, también está molesta con el Mides. "Desde hace tiempo están realojando a gente que no paga nada, rompen los apartamentos y no tienen consideración con uno que hace años que está acá. Nosotros pagamos todos los meses antes de que se enfermara mi hija. ¿Qué hago, voy al Mides y pido realojo en mi propia casa?", se preguntó irónicamente. Dice que no tiene a dónde ir, por lo que está dispuesta a hacer lo que sea con tal de que no los saquen de su casa.

"No contamos con un presupuesto para irnos a otro lugar. Tampoco voy a ir a armar lío a la puerta de la Agencia porque uno no es así. Uno es pobre, bien educado y necesita la casa; pero necesitamos una solución", sostuvo.

Miguel Di Ruocco, ex edil nacionalista y actual asesor del senador Luis Lacalle Pou en materia de Vivienda, dijo a El País que la ANV "no puede ser tan insensible de echar de su casa a una familia con una hija con cáncer y que les nieguen un convenio de pago para ubicar a gente del Mides que está en situación de calle".

"El presidente de la ANV, Francisco Beltrame, dijo recientemente en un programa de televisión que la Agencia está estudiando casos especiales para resolver. Bueno, este es un caso especial, sin dudas. Estamos hablando de una familia que vive allí desde hace 30 años y que se atrasó en los pagos por un problema realmente grave y constatable de salud", sentenció Di Ruocco.

La enfermedad.

Cintia tenía 19 años y estaba embarazada cuando una tarde detectó un bulto del tamaño de una picadura de mosquito en su muñeca derecha. En ese momento, según cuenta su madre, "no le dieron mucha importancia". Pero el bulto comenzó a crecer, por lo que cuando tenía cinco meses de gestación decidieron consultar al médico.

"La llevamos al Hospital de Clínicas para que la vieran. El médico que la atendió le dijo que era una tendinitis, pero como estaba embarazada no podían hacer nada. Yo protesté porque eso se inflamaba cada vez más y yo sabía que no era una tendinitis", explicó Silva.

El médico mantuvo su diagnóstico pero le dijo a Cintia que cuando naciera el bebé volviera a controlarse. "Cuando tuvo a la nena, el bulto que había comenzado en la muñeca se le había extendido casi hasta el antebrazo, por lo que luego del parto volvió a consultar al médico", recordó su madre.

Tras varias placas y una biopsia descubrieron que lo que tenía Cintia era un sarcoma en el hueso de la muñeca y era grado 4, "el estado más grave", aclara Silva. A partir de allí "fue toda una peripecia".

"La trataron con quimio en la Fundación Pérez Scremini, pero el tumor no se iba, por lo que decidieron operarla y amputarle el brazo a la altura del codo. Por suerte no continuó subiendo, sino hoy no estaba viva", dijo. Contó que fueron nueve meses "tremendos". "Cuando pensamos que todo se había encauzado, nos dijeron que le quedaban otros dos años más con placas, controles y estudios", dijo.

Según cuenta su madre, tras la enfermedad, a Cintia le dieron una pensión por discapacidad pero al tiempo se la quitaron ya que no era de por vida.

"Estuvo dos años sin nada, solo con la asignación de madre soltera porque el padre de su hija no se hizo cargo y se borró", contó Silva. Recién el año pasado volvieron a dársela.

El Mides, según cuenta, le denegó todo. "Tendrían que haberle dado canastas por un tiempo, pero lo único que le dieron fueron dos tiques y después nunca más nada", dijo. "No es que no pagamos porque no queríamos, es porque no podíamos", concluyó la madre.

Vivir en complejos con problemas edilicios y sin mantenimiento
La vivienda: el Complejo de viviendas CH 25 en el barrio Cerrito de la Victoria donde viven María y Cintia junto a su familia. Foto: Marcelo Bonjour.

En la zona de General Flores y Chimborazo hay tres complejos habitacionales. El CH 25, donde vive Cintia y María Silva, el CH 33 y el CH 42. En todos ellos hay más de 400 familias, acostumbradas como muchas otras de Montevideo a lidiar con los problemas que hostigan a buena parte de los edificios que alguna vez formaron parte de la cartera del Banco Hipotecario del Uruguay, y que desde hace muchos años se encuentran en manos de la Agencia Nacional de Vivienda (ANV).

Algunos de los vecinos se mudaron hace más de 40 años a unidades que eran "provisorias" y en las que no vivirían más de tres años, hasta ser realojados. Como en la mayoría de los complejos de la ANV, el CH 25, el 33 y el 42 no tienen mantenimiento desde hace décadas. Esto ha hecho que sus habitantes convivan con todo tipo de dificultades, incluso con situaciones peligrosas para la salud de niños y adultos, como humedades y filtraciones de agua hacia las instalaciones eléctricas, muchas de las cuales son vetustas. También hay habitaciones clausuradas por riesgo, desprendimientos de materiales de balcones y caminería en mal estado que complica el ingreso y la salida del barrio.

Juan Carlos, uno de los vecinos del CH 33, dijo a El País que en una de las habitaciones de su casa tiene desde hace más de un año una lata de duraznos en el piso para contener una gotera y que esta situación en otras unidades es peor. "Hay un vecino que tiene que poner baldes", aseguró.

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