ENTREVISTA

Irune Aguirrezabal: "Uruguay tiene leyes, pero no igualdad para la mujer"

El término “democracia” surgió hace 26 siglos. La “democracia paritaria” que, entre otros objetivos, busca la representación política equitativa entre el hombre y la mujer, data de apenas 26 años. 

Irune Aguirrezabal. Foto: Darwin Borrelli
“El liberalismo y el marxismo se olvidaron de las mujeres”, dice la experta. Foto: Darwin Borrelli

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Y entre sus principales estudiosas -y promotoras- está la licenciada en Derecho vasca Irune Aguirrezabal. ONU Mujeres la trajo a Uruguay, para participar en el Congreso Nacional de Ciencia Política, y la experta desmenuzó las relaciones de las mujeres y el poder en el país.

-“Democracia paritaria”, ¿para qué?

-Para que, por fin, la gobernanza sea plural y pueda así responder a los retos del siglo XXI. Sin mujeres, no tenemos democracia de calidad ni tenemos a disposición todas las inteligencias que puede aportar la humanidad. Hay un déficit de representación de las mujeres en todos los poderes del Estado.

-¿Cuál es la realidad de Uruguay?

-América Latina está lejos. Uruguay también. ¿De qué? De Canadá y de varios países europeos que, más que paridad, han logrado una igualdad de oportunidades. El debate de la “democracia paritaria” es reciente. Surge en Europa, en la cumbre de Atenas, en 1992. Desde entonces se empezó a hablar de representación equilibrada: un rango que va de una relación máxima de 40% a 60% de cada sexo. En América Latina, los países entendieron que se debía aproximar al 50/50. Pero, ¿qué le pasó a América Latina? Ha avanzado un montón en leyes de paridad, a veces más que países europeos, pero eso no se tradujo en una igualdad sustantiva, práctica.

-¿Qué significa?

-En el desarrollo institucional, se han logrado cambios. En el llamado “empoderamiento” de la mujer, América Latina corre de atrás.

-Las encuestas de opinión pública muestran que la ciudadanía estaría afín a que la mujer llegue al poder. ¿Qué es lo que traba esa intención?

-La cultura está transformándose. Pero la cultura es también estructural, está en el bar, en la casa y hasta en la cama. El machismo está. Europa lo que ha hecho más efectivo es ir cambiando la cultura patriarcal.

-La democracia, similar a como la conocemos, nace en Grecia. ¿Es ese país también la cuna de una nueva democracia o es la misma transformada?

-Es fantástico que las mujeres, en 1992, se vayan a la cuna de la democracia para decir: “la democracia se olvidó de nosotras”. Pero no solo Atenas se olvidó. Incluso la Revolución Francesa, esa que pregonó la ciudadanía civil, excluyó a las mujeres. Se lo han olvidado los ilustrados del liberalismo y también el marxismo. Pensemos que el sufragio femenino es recién del siglo XX, ¿qué ha pasado el resto del tiempo “democrático”?

-¿Cuál es la “receta” para ese cambio que, según dice, le faltaría dar a la democracia?

-Las leyes de cuota estaban pensadas para ir incrementando la participación política de las mujeres. Para el año 2000 se iría a alcanzar el 50/50. Sin embargo, el promedio mundial es del 24%. Y Uruguay está todavía por debajo de ese promedio.

-¿Qué le sigue a las leyes de cuotas?

-No son un fin. En los países nórdicos no hay leyes de cuotas y, sin embargo, son de los que más aplican la paridad. Los propios partidos políticos establecieron sus reglas paritarias. Las cuotas son temporales mientras dura la discriminación, pero de fondo importa el cambio conceptual.

-¿Por qué los representantes políticos deberían ser un prorrateo de los colectivos sociales? ¿Eso no iría contra las minorías?

-Las discriminaciones afirmativas nacen justamente para las minorías: cuotas para entrar a la universidad, a trabajos en el Estado. En Francia las paritistas dice que el representante lo es de toda la nación. Pero esa nación está dividida en una categoría que está por encima de cualquier otra: hombres y mujeres. No se trata de defender los derechos de un colectivo, sino de ser plural en la representación. Uruguay tiene, por ejemplo, una inequidad respecto a los afrodescendientes. Pero, por encima de cualquier otra categoría, somos hombres y mujeres.

-Más que el sexo, dicen algunos, importan los méritos. Hoy las mujeres entran y egresan de las universidades más mujeres que hombres. ¿Eso puede hacer un efecto inverso a largo plazo?

-Yo quiero volver a este país dentro de cinco años, cuando sean ellas las candidatas a presidente, y leer en un periódico que ellas, además del género, son válidas. Claro que las mujeres son válidas. La humanidad ha ocultado que la primera científica detrás del internet fue una mujer.

Irune Aguirrezabal. Foto: Darwin Borrelli
Irune Aguirrezabal. Foto: Darwin Borrelli

-¿Qué está trancando a las mujeres?

-La carga. Ellas empiezan a correr y tienen que encargarse de hacer las tareas domésticas, pensar qué vianda llevarán al colegio los hijos y encima tienen que competir con sus pares hombres a la interna de su partido. Es una carrera desigual.

-La elección nacional de octubre no tendrá ninguna mujer candidata a la Presidencia. ¿Qué nos dice?

-En este país ni siquiera hubo mujeres como candidatas a vice. Recién ahora.

-Argentina y Brasil tuvieron a mujeres en la Presidencia, ¿eso significa que dieron un paso más?

-Es un paso importante. Un cargo como la Presidencia de un país da visibilidad para las niñas que vienen atrás. ¿Qué niña hoy en Uruguay dice “de grande quiero ser presidenta”? Son caminos que allanan.

-En algunos países existe el Ministerio de la Mujer. En Uruguay estaba en la idea de algún partido y se quitó del programa. ¿Cambia en algo esa institución?

-Si un país, como Uruguay, decide que el instituto que mira la transversalidad de las políticas de género sea una simple dirección y no un ministerio, está dando una señal. Quienes hemos trabajado en gobiernos sabemos que para poder incidir hay que estar pegado al presidente. Que la cuestión de género adquiera carácter ministerial es lo mínimo que debería preocuparse los partidos políticos en una campaña electoral.

-José Mujica, a raíz de la fórmula paritaria del Frente Amplio, dijo: “Es muy superficial cierto griterío feminista que no pone la carne en la parrilla (…) hay feminismos que hay que practicar en los barrios pobres, en donde hay que acompañar a las mujeres que quedan solas, que tienen problemas de vivienda porque los hombre disparan dentro de la pobreza. Ahí hay que poner el foco y no veo la actitud feminista de romperse el alma trabajando para ayudar a esas mujeres que pagan por un lado por ser mujer y por el otro por ser pobres”. ¿Le asiste razón?

-Detrás del discurso del Estado de bienestar, no podemos dejar de lado el empoderamiento político. Esa es la disociación que hay en Uruguay. Uruguay ha luchado en la línea de mejorar las brechas de inequidad, pero eso no puede ir sin la equidad de género. El marxismo se olvidó de las mujeres.

-¿Hay feminismos que son “palo en la rueda” para el propio feminismo?

-El “palo en la rueda” está en el miedo.

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