MALDONADO

Iglesia de Piria abandonada, sin visitas, pero con intrusos

El Municipio de Piriápolis no tiene fondos para cuidar ruinas icónicas.

Entrada lateral a la iglesia de Piria, entre pastizales y puestos de venta de leña. Foto: Carlos Cipriani López.
Entrada lateral a la iglesia de Piria, entre pastizales y puestos de venta de leña. Foto: Carlos Cipriani López.

Antes de acercarse demasiado para comprobar si había un golpeador de puertas, el cronista batió palmas como suele hacerse al acercarse a una casa de campo para anunciar la llegada o saber si adentro hay alguien.

El atardecer y una llovizna errante habían ganado al sábado otoñal cuando de pronto se sumó el crujido de un ala del portón de madera. Salió un hombre con aspecto de humilde pastor y enseguida el intercambio de palabras con él fue cordial pero básico.

Dijo que los perros no eran de temer, y el gato tampoco, hizo una señal autorizando el ingreso, contó que estaba allí para cuidar -desde hacía veinte años- y que justo en ese momento debía salir a hacer un mandado. Se subió entonces a un ciclomotor, saludó sin plegarias y partió raudamente hacia el oeste, al tiempo que se apagaron las voces de dos o tres personas que estaban en el entorno, mascullando.

A poco más de cien años de que allí comenzara a construirse la iglesia, por mandato de Francisco Piria y bajo inspiración de la arquitectura medieval, el paseo casual comenzaba a ser nota. Primero, porque después de tareas de limpieza de matorrales que se realizaron el año pasado para abrir el espacio durante el Día del Patrimonio, ningún emprendimiento aparecía a la vista en materia de resguardo, rescate o conservación de estructuras. Segundo, porque en charla posterior con Mario Invernizzi, el alcalde de Piriápolis, quedó al descubierto que el hombre con pinta de pastor en realidad es uno de los ocupantes ilegales del predio y de una construcción o galpón lateral que tienen cerrado con candados.

Otro lateral del templo. Foto: Carlos Cipriani López.
Otro lateral del templo. Foto: Carlos Cipriani López.

Contra ellos hay planteada ante la Justicia una demanda de desalojo pero mientras corren los plazos legales el templo perdura de la mano de Dios, no sin riesgos para los imprudentes, inocentes o desinformados visitantes que se exponen no solo a posibles desmoronamientos de revoques o ladrillos durante décadas a la intemperie y sin mantenimiento, sino al desprendimiento de algunas de las chapas que aún siguen abulonadas en las alturas, aleteando en días ventosos como si imitaran a las docenas de palomas que pueblan los recovecos o se paran sobre el armazón o esqueleto de las bóvedas, que llegaron a estar completamente cubiertas cuando funcionó un aserradero y depósito de leña o cuando quiso echar raíces un proyecto religioso de peruanos.

Invernizzi explica que en varios puntos del terreno que tiene forma de T se habían colocado rejas, cercos y carteles advirtiendo por el peligro de derrumbe, pero todas las trabas y señales fueron robadas.

El torreón visto desde el interior de la iglesia en ruinas. Foto: Carlos Cipriani López.
El torreón visto desde el interior de la iglesia en ruinas. Foto: Carlos Cipriani López.

-¿En qué se está ahora, mientras en algunas páginas de internet figura que el sitio es visitable sábados y domingos, algo que incluso también repiten vecinos del Barrio Obrero?-. Solo en nuevos peritajes para redefinir un diagnóstico acerca del estado de la edificación y costos del mantenimiento básico. El Municipio no tiene fondos para ejecutar obra o hacer mucho más, y se perdió el contacto con alemanes interesados en el rescate de los vestigios góticos, por su valor íntrínseco, cultural, es decir, solo considerándolos como pilares de una ruina emblemática y segura para turistas. Desde que se anunció el interés de particulares de hacer la donación a la comuna, por 2011, hasta que se concretó la enajenación en 2014, y aún más acá en el tiempo, hubo gestiones oficiosas, extraoficiales y oficiales para defender ese patrimonio, pero sin manifiesto apoyo a nivel nacional. El concejal suplente de Invernizzi, el arquitecto Gustavo Sosa, recibido en la Universidad Weimar de Alemania, mantuvo contactos con la embajada de ese país en Uruguay, pero falleció sin ver concretado su esfuerzo y la aspiración de la Asociación Civil Uruguaya para la Preservación del Patrimonio de Piriápolis de mantener una obra sacra que articula economía de materiales con solidez, luces y alturas. Alquimia pura.

Papeles y cintas

Entre los hechizos y huelgas de picapiedras

- La iglesia de Piria, ubicada en el kilómetro 2 de la Ruta 37, que une Piriápolis y Pan de Azúcar, ha desatado numerosas leyendas, relatos o historias de la vida pública y la privada. Los testimonios enseñan, por ejemplo, que por 1906 desde Piriápolis partieron hacia Montevideo cientos de picapedreros, italianos, catalanes o mallorquines, socialistas o anarquistas que en estas tierras se sindicalizaron y llegaron a preocupar al empresario Piria, al punto que éste, atento a textos y contextos, sabedor de que las esposas de esos obreros eran católicas o religiosas, decidió proyectar la iglesia, como forma de contrarrestar la bravura en acción y en marcha. El alcalde Mario Invernizzi recuerda aquellos episodios y afirma sonriente que de no ser cierta toda la trama, sí es amena, interesante.

- En los planos originales de Piriápolis, la iglesia emergía exactamente en el centro, frente a una plaza de donde salían las avenidas de estilo parisino pero sin considerar, nada más ni nada menos que la topografía del lugar, sus cerros.

- En la papelería sobre el tema se adjudica la construcción al arquitecto Alfredo Jones Brown, el autor del edificio del London-París y el IAVA en Montevideo y del Argentino Hotel en Piriápolis. También es reiterada la información acerca de cómo la Iglesia Católica no aceptó consagrar el templo que Piria le habría intentado donar. Entre muchos argumentos se ha escrito que el desencuentro se debió a la filiación masónica de Piria, que en verdad duró poco en el tiempo. También se apunta como punto de distanciamiento los afanes alquímicos de Piria, los símbolos fijados y su alusión a las “brujerías”, las transmutaciones.

- En la década de 1990, allí había un cartel que parecía darle al edificio su destino original:“Iglesia de la Dormición de María Madre de Dios. Reconstrucción de esta obra de Don Francisco Piria. Propiedad privada. No pasar.” Eso puede rastrearse en la novela de Juan Grompone “Asesinato en el Hotel de Baños”. La iglesia también quedó registrada en el documental “Ciudadano Piria”, dirigido por Gustavo Mendoza, exhibido en 2015 en el festival Atlantidoc, en el Salón Dorado del Argentino Hotel y en el Festival de Cine Under de Buenos Aires.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)