DISCRIMINACIÓN POR GÉNERO

Por identidad u orientación sexual, un tercio de gays dice que sufrió violencia en el trabajo

En el Día del Orgullo LGBTI, una encuesta que abarca a América Latina muestra que la discriminación sigue latente entre los uruguayos.

Marcha por la Diversidad en Montevideo. Foto: Fernando Ponzetto (Archivo)
Marcha por la Diversidad en Montevideo. Foto: Fernando Ponzetto (Archivo)

Un tercio de los homosexuales, lesbianas -y otras denominaciones de la diversidad- en Uruguay dice haber sido discriminado en su trabajo en el último año. ¿Por qué? Por su identidad sexual, su orientación sexual o una mezcla de amabas.

Al menos eso revela la primera Encuesta Latinoamericana sobre Diversidad Sexual, acoso, violencia y discriminación en el ámbito laboral. Se trata de un sondeo regional exploratorio, no necesariamente estadísticamente representativo porque se desconoce cuántas personas reúne la diversidad sexual, a cuyos datos accedió El País y se publican en el Día del Orgullo LGBTI.

Tomorrow night Stonewall. Aquella calurosa madruga del 28 de junio de 1969, a la salida del bar de Nueva York al que la Policía había irrumpido una hora antes, el señor M. escribió en el pavimento esas tres palabras en inglés (su traducción al español podría ser: “Mañana por la noche en Stonewall”). Era un mensaje para su novio, para el resto de sus amigos gays que habían sido golpeados, pero, sin proponérselo, para el conjunto de la sociedad. Era un acto de rebeldía, que en Estados Unidos comparan a cuando la afrodescendiente Rosa Parks se negó a cederle su asiento del ómnibus a un blanco. Era una inscripción de “orgullo”.

En homenaje a aquellos disturbios en el bar Stonewall, cada 28 de junio se conmemora el Día Internacional del Orgullo LGBTI. Una celebración que, más de medio siglo después de los acontecimientos, ha sumado letras a la sigla que describe la diversidad sexual (de hecho, la “T” de trans, la “I” de intersex, y la “Q” de queer ni siquiera eran mencionadas en 1969). Y también ha incorporado leyes antidiscriminación.

Pero según la psicóloga María José Scaniello, responsable de la investigación en Uruguay, “el país tiene una legislación que, respecto a la región, es avanzada. Pero sabemos que estas leyes, que en el fondo derivan de políticas, no han evitado del todo la discriminación existente”.

Tanto es así que, según el sondeo regional, siete de cada diez uruguayos que trabajan y se autodefinen como parte de la población LGBTI entienden que, a lo largo de su vida laboral, han vivido una experiencia que podría ser definida como violencia. Y si bien el promedio en América Latina es más alto (alcanza el 74%), Scaniello explica que, a la hora de enfrentarse a un listado concreto de hechos discriminatorios, “la mayoría de encuestados de todos los países parece verse reflejada”.

Emmannuelle es uno de ellos. Su nombre -el que él eligió y no sus padres que la habían llamado María Eloísa- duplica todas las consonantes “para demostrar lo difícil” que ha sido su vida. Y el último de esos obstáculos empieza en el sexto piso del Hospital de Clínicas, donde trabajaba como técnico en electrónica.

“Cuando empecé el proceso de cambio de sexo”, recuerda con una voz que alguna vez fue de mujer y ahora empieza a tener la ronquera varonil, “la administrativa que trabajaba a mi lado dejó de hablarme”.

Los pares del equipo de trabajo suelen ser, en un 33%, los principales promotores de los hechos de violencia en el que se sintieron víctimas los encuestados. Y quienes les siguen en el triste ranking de perpetradores, según la encuesta, son los jefes (en el 24% de los casos).

Así aconteció con Emmannuelle. Porque cuando lo fueron corriendo de sus ámbitos de trabajo y tras una discusión con su jefa, ella le empezó a decir: “Eloísa, para mí siempre vas a ser Eloísa…”.

La identidad sexual es, por definición, cómo se percibe una persona a sí misma. Eso puede coincidir con el sexo asignado (cisgénero) o no (trans). La orientación sexual, en cambio, es por quién uno se siente atraído (personas del mismo sexo, bi…).

En este sentido, la orientación sexual es, hasta por una razón de porcentaje poblacional, el principal motivo de discriminación que han manifestado los encuestados. Casi siempre se trata de una violencia simbólica (una broma, aislamiento del equipo de trabajo, quejas por la vestimenta, etc.), en menor medida una violencia institucional (imposibilidad de ascensos, salariales, despidos), y en menos medida aún la agresión física.

Pero muy pocos, concluye Scaniello, de MSN Consultorías, se animan a denunciar “por temor a represalias”. De los encuestados, el 84% jamás lo ha hecho. Emmannuelle se animó tras varios meses de hostigamiento. Pero su caso, dice, “no ha tenido avances hasta ahora”.

Ficha técnica

La Encuesta Latinoamericana sobre Diversidad Sexual, acoso, violencia y discriminación en el ámbito laboral fue realizada a 1.500 personas LGBTIQ+ de la región y que trabajan. Fue divulgada por redes sociales y consistió en un cuestionario online, anónimo, que estuvo abierto hasta el 14 de junio.

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