LA OTRA CARA DE LA PANDEMIA

Gimnasios: crece la informalidad y el 10% de los locales han cerrado por el COVID-19

El 50% del personal se encuentra en seguro de paro y la cantidad de locales que cerraron sus puertas seguramente aumentará tras el verano.

Hombre levanta pesas en un gimnasio. Foto: AFP.
Lourdes Rapalín dijo a El País que el 10% de los locales cerraron. Foto: AFP.

El anuncio del Bohemios, comunicando poco antes de la Navidad el cierre de sus puertas a causa de la pandemia, fue un cimbronazo para el mundo de los clubes deportivos. El 1° de diciembre el presidente Luis Lacalle Pou había anunciado la suspensión de las actividades en los gimnasios cerrados. Luego, indicó que se podrían retomar siempre y cuando redujeran el aforo al 30%, medida que continúa vigente hasta hoy.

Esto ha hecho que muchos comenzaran a realizar actividades al aire libre, en espacios públicos como la rambla, parques o plazas, como forma de mantenerse activos y -sobre todo- no perder a sus socios. Pero, la Cámara Uruguaya de Gimnasios y Afines (CUGA) advierte que esta situación ha fomentado la informalidad. Y que la realidad del sector, en medio de una temporada de verano en la que los servicios tienen normalmente una caída, es acuciante.

Lourdes Rapalín, vocera de la CUGA (que agrupa a unos 1.900 gimnasios y afines) y dueña de Bethel Spa, dijo a El País que el 10% de los locales han cerrado y que la cifra seguramente aumentará tras el verano. También indicó que el 50% del personal se encuentra en seguro de paro.

“El impacto económico ha sido terrible. Mucho gimnasio ha cerrado y se ha fomentado la informalidad. Hay gente que no puede mantener los costos de los alquileres y que tiene a personas con cuotas pagadas a las que optaron por llevarlas al aire libre. Algunos están en la formalidad, pero otros no, porque no hay controles”, indicó.

“Son unos 1.900 los gimnasios regularizados en todo el país que generan 50.000 empleos directos, porque hay que sumar muchas cosas, como por ejemplo la limpieza que te obliga a contratar la intendencia. Y produzcas o no residuos, tenés que pagarla igual. Hay otro montón de servicios que son tercerizados”, agregó.

CUGA viene haciendo un relevamiento para identificar a los locales que detuvieron la actividad por el verano y los que lo harán para siempre.

En el caso de Bethel Spa, que tenía más de 2.000 socios, 800 no renovaron su inscripción en diciembre. “Siempre renuevan los primeros días de diciembre y contratan toda la anualidad. Creemos que en marzo o abril van a volver, que es gente que se fue de vacaciones, pero eso es una pauta de la pérdida de dinero”, anotó Rapalín.

“El tema es que si esas 800 personas no están, vas a precisar menos personal. Y no sé incluso si vas a precisar los locales”, agregó.

Gimnasio. Foto: Pixabay.
Muchos gimnasios pequeños han desaparecido para siempre. Foto: Pixabay.

Los grandes. 

Algunos clubes grandes, como el Defensor Sporting, han logrado recuperar socios con la habilitación de sus piscinas, aunque el aforo -y el temor natural de la gente por la pandemia- los continúa condicionando.

“En junio abrimos el club solo con gimnasio y con un aforo limitado, sin piscina ni vestuarios. En setiembre abrimos las piscinas y hubo un aumento importante de socios. Después volvimos a tener una caída del 25% en diciembre, por las medidas del gobierno”, señaló a El País el gerente de la institución, Tabaré Suárez.

“Igualmente el club no bajó ninguna de las actividades y se mantuvo en el cronograma que habitualmente tiene, obviamente con menos gente y respetando los aforos. También se hizo un plan de funcionamiento operativo con actividades en espacios que tenemos al aire libre, como la cancha de frontón, la de básquetbol y otros dos lugares a los que trasladamos el área de pesas y aparatos. Es decir que lo que era gimnasio no se vio afectado, aunque sí el tema de la piscina. Ahora la volvemos a reabrir desde el 1° de febrero, sin vestuarios, como lo están haciendo los demás clubes. Hay socios que quieren reactivar su venida por la reapertura de la piscina”, agregó.

El gerente del Defensor Sporting indicó que la institución llegó a perder el 75% de sus socios y que los fue recuperando al reabrir sus puertas en junio, creciendo en el entorno del 10% o el 12% por mes, hasta que hubo una nueva retracción del 25% en diciembre por las medidas del gobierno. “Seguimos con una capacidad ociosa dentro del club. Lo importante para nosotros fue que nuestro sistema de licencias (por el cual se pasa a pagar una cuota mínima cuando no se usan las instalaciones) mantuvo a los socios vinculados al club. Eso hizo que se borrara muy poca gente. Hicimos licencias sin límites por la pandemia, antes teníamos licencias por verano, por viajes o por determinadas situaciones de cada socio. Nosotros no podemos obligar al socio a venir si considera que hay un riesgo”, indicó.

Consultado sobre la afectación al personal, Suárez señaló: “Enviamos a gente al seguro de paro en diciembre por la reducción de las actividades de piscina. También abrimos la colonia de vacaciones con un aforo de 300 niños, cuando lo habitual son 600. Ahí también se tuvo que disminuir el personal. Todavía tenemos gente en el seguro de paro, pero poca”.

Los chicos. 

Por un tema de tradición y escala, los clubes grandes han tenido más espalda para soportar los embates de la pandemia por el coronavirus. Muchos gimnasios pequeños han desaparecido para siempre. Y otros se mantienen como pueden.

Mauro Serrano, dueño del gimnasio que funciona dentro del club La Estacada de Punta Carretas, dijo que la actividad se encuentra en su peor momento.

“Esto es una montaña rusa, nunca terminás de acomodarte con la pandemia. Te habilitan, después bajás, después volvés a subir. Pero, cuando creés que estás por remontar, volvés a caer. En diciembre nosotros trabajamos al aire libre, pero con la mitad de la gente. Y lo hicimos más bien para brindar un servicio y no cerrar por completo. Como gimnasio pequeño, fue más el trabajo que pusimos que lo que pudimos sacar de ganancia”, declaró Serrano a El País.

El docente explicó que el gimnasio ha logrado mantenerse a flote porque el club que le arrienda el espacio hizo un descuento en el alquiler.

“Con la reapertura después de diciembre vino la primera quincena de enero, en la que siempre se cae la gente. Hemos trabajado también solo para que el gimnasio siga abierto, porque entre la pandemia y las vacaciones, no nos dio para nada”, indicó.

“Seguimos pagando BPS y DGI normalmente, no recibimos ningún descuento por parte del gobierno. Con el aforo del 30% estamos trabajando ahora con un máximo de ocho personas, que vienen con reserva de hora. Hay clubes grandes que tienen con qué aguantar, pero nosotros no. Y eso que no tenemos empleados, somos nosotros mismos los que trabajamos”, concluyó Serrano.

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