Un homenaje al trabajo

Fotos a cielo abierto por los 140 años de la enseñanza de oficios

El Centro de Fotografía inauguró en galería del Prado una muestra con la historia de la UTU.

Aquellos años: una de las divisiones de alumnos, 1882. (Archivo: Museo del Centro Cultural “Doctor Pedro Figari”). Foto: CDF
Aquellos años: una de las divisiones de alumnos, 1882. (Archivo: Museo del Centro Cultural “Doctor Pedro Figari”). Foto: CDF

En la primera modernización del Uruguay, durante el período denominado del militarismo, hace 140 años, quedó aprobada la apertura de la Escuela de Artes y Oficios. Allí se enseñaría herrería, carpintería, zapatería, encuadernación, dibujo, música, tipografía, talabartería, platería y escultura, así como educación primaria, con clases de lectura, escritura y aritmética. Corrían los tiempos del gobierno provisorio del coronel Lorenzo Latorre y el nuevo centro educativo nacería en principio en la órbita del Ministerio de Guerra y Marina, por lo cual su primer director también fue un militar, el sargento José Sosa.

La población a recibir en calidad de pupilos era solo de varones, niños "descarriados", "incorregibles", algunos de los cuales ya habían pasado por comisarías luego de cometer diversas infracciones o bien eran entregados a la policía por sus propias madres, que se declaraban incapaces de encauzarlos por el buen camino.

Esa historia de la enseñanza, semilla de la UTU que surgiría ya entrado el siglo XX, en la década de 1940, es el motivo de una muestra inaugurada ayer en la Fotogalería Prado y que podrá visitarse hasta el 1° de octubre.

Las primeras aulas de aquel reformatorio eran precarias y se armaron en las instalaciones de los talleres de la Maestranza del Parque Viejo, ubicado en un amplio terreno delimitado por la calle "del Carmen" (actual Víctor Haedo) y un camino llamado de los "33", (actual calle República).

Con la intención de ampliarla, en 1880 se había ya determinado una mudanza a un establecimiento de 18 de Julio esquina Caiguá (actual Eduardo Acevedo), en donde está ahora el edificio de la Universidad de la República. De los 178 alumnos ingresados en 1879 se pasó a 360 en aquel año del traslado locativo y a 460 en 1885.

Primeras alumnas: taller de Estampado. S.f (Archivo Fotográfico del CETP -UTU). Foto: CDF
Primeras alumnas: taller de Estampado. S.f (Archivo Fotográfico del CETP -UTU). Foto: CDF

Dos años después, un decreto dispuso que la escuela pasara al Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, comenzando así su etapa como institución civil. Y en1889 quedó bajo la égida de la Comisión Nacional de Caridad y Beneficencia Pública, trasladándose al año siguiente al edificio del barrio Palermo que hoy es la sede central del CETP.

Ya en el siglo XX, en 1908 cesó la tutela de la Comisión de Caridad y la escuela se volvió una dependencia del Ministerio de Industrias, Trabajo e Instrucción Pública.

Camino al arte.

Los tiempos de la vinculación de Pedro Figari con este centro de formación empezaron en 1910 pero fue en el ´15 que asumió como director. Hacía casi tres décadas que se habían emitido críticas acerca del régimen disciplinario aplicado en la escuela, que llevaba a repetidas quejas por malos tratamientos y castigos bárbaros denunciados en la prensa, por ejemplo en el periódico El Siglo.

Los historiadores han reunido algunas pruebas curiosas en torno a ese sistema, por ejemplo un cartel que anunciaba: "El que eche a perder la madera por tercera vez al hacer los ejercicios será arrestado".

El proyecto, sin embargo, llegó a ser destacado como eficaz, por ejemplo en su nivel productivo, de uniformes, mantas, botas y municiones para el ejército, impresos para la administración pública, barcos para la armada y hasta algunos muebles para los jerarcas de la institución. Igualmente fue bien considerado su papel en la educación musical.

Se dijo a su favor que forjaba por un lado al instrumentista profesional con la severidad y perfección de un gran conservatorio europeo. Y algunos apuntaron incluso que aquellos internos, huérfanos muchos de ellos, eran acercados al carácter del Conservatorio napolitano o veneciano del siglo XVI. Sea como sea, en la escuela hubo un cambio de timón fuerte, para consagrar un nuevo enfoque pedagógico, de la mano de Pedro Figari, el abogado, el legislador, el periodista, el escritor, el artista plástico que defendió lo nativo, como se aprecia en sus pinturas que recrean desde los pericones camperos hasta los candombes urbanos.

Eso se reflejará en los motivos de los objetos producidos en cerámica, vitraux o trabajos en tela, con los recursos ensayados en el diseño artesanal, los motivos de la flora y fauna nacionales, así como también con los de utilería prehispánica indoamericana, según ha enseñado el arquitecto e historiador del arte Gabriel Peluffo.

"El fin de la Escuela es la enseñanza de las ciencias y del arte en sus aplicaciones industriales (...) instruir al mayor número de personas, sin distinciones de ninguna clase, dándose además, cursos especiales para obreros en horas y días que a estos más les convenga. Y modelar el criterio y el ingenio del alumno más aún que su manualidad...", afirmaba Figari en su proyecto de reorganización de la institución, en donde solo se mantuvo durante dos años pero estableciendo bases que se proyectarían por algunas décadas.

Desde entonces la enseñanza técnica creció, la escuela dejó de ser un instituto correctivo, y la matrícula comenzó a crecer, hasta una explosión que se dio en 1939, cuando había anotados más de 9.000 alumnos en varias escuelas industriales y agrarias, tanto en Montevideo como en ciudades del interior de Uruguay.

Entre 1916 y 1942 se registraron dos etapas de la escuela, hasta el 34 la del Consejo Superior de la Enseñanza Industrial, y hasta el 42 la de la Dirección General de la Enseñanza Industrial. Fue justamente a partir de 1916 que quedó suprimido el sistema de internados y en 1917 comenzaron a dictarse cursos para las mujeres. También se puso en marcha una paulatina descentralización de la enseñanza, abriéndose escuelas industriales en los barrios de Montevideo y en las ciudades y pueblos del interior, lo que dio lugar a las escuelas agrario-industriales que cubrían casi todos los rubros de la producción agropecuaria. Igualmente fueron abiertos cursos nocturnos para obreros y aprendices.

Dos etapas.

El Consejo Superior de la Enseñanza Industrial contaba con 4.708 alumnos en 1932 y al año siguiente con 5.917; en escuelas del interior 2.356, en escuelas de Montevideo 3.059, en Cursos Nocturnos 422, y en cursos de telefonistas 80.

Creación y orden: taller de Dibujo (1915 -1917). (Archivo Fotográfico del CETP -UTU). Foto: CDF
Creación y orden: taller de Dibujo (1915 -1917). (Archivo Fotográfico del CETP -UTU). Foto: CDF

La Ley de abril de 1934 creó la Dirección General de la Enseñanza Industrial y después de la extensión hacia todo el país, con compra de terrenos y construcción de edificaciones para dar clase, el 9 de septiembre de 1942, durante el gobierno del general Alfredo Baldomir se crearía la Universidad del Trabajo del Uruguay, la clásica UTU, que alcanzó la autonomía al año siguiente.

Esta institución nació bien parada sobre múltiples pilares: la Escuela de Mecánica y Electrotecnia, la Escuela de Industrias de la Construcción, la Escuela de Industrias Femeninas, la Escuela de Artes Gráficas, la Escuela de Industrias Navales, la Escuela de Artes Plásticas, la Escuela de Plástica Decorativa y una Sección Comercio y Cálculo Mercantil. También se impartían en distintos locales Cursos Complementarios Nocturnos para Obreros y en el edificio central funcionaban un Museo Tecnológico y un Laboratorio de Exámenes Médico Pedagógicos. En el interior del país había 16 escuelas agrario industriales y 3 en organización, 5 escuelas industriales, 5 escuelas especializadas y 6 de cursos de industria femeninas.

En 1960 la UTU poseía un total de 66 escuelas además de talleres y cursos en formación, y en el1962 llegó a las 95. El número de alumnos aumentaba a ritmo acelerado por la calidad de la enseñanza y la apertura de nuevas clases prácticas y teóricas, en 1942 hubo 10.400 inscriptos, en 1946 era 12.588 y para 1962 llegaban a los 21.206.

Al avanzar esa década, el deterioro empero empezó a evidenciarse en todos los niveles de la enseñanza, como puede leerse en varios trabajos dedicados a documentar las cifras que permiten dibujar la gráfica de ascensos y caídas. Las escuelas agrarias, por ejemplo, que tuvieron 3.650 alumnos en 1939 bajaron a 550 en 1961, en este caso debido al despoblamiento de la campaña. PRODUCCIÓN: CARLOS CIPRIANI LÓPEZ.

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