Coleccionista de sellos de correos

Filatelista uruguayo fue premiado en Chile

El Exfil 2018 lo distinguió por su colección de tortugas. Estuvo a un punto de lograr la medalla de oro.

Estuvo a un punto de lograr la medalla de oro. Foto: Enzo Bellini
Estuvo a un punto de lograr la medalla de oro. Foto: Enzo Bellini

Le volvió a picar el bichito con 36 años tras leer una nota que publicó El País. "Filatelista uruguayo premiado en Japón", decía aquel titular de 2006 que disparó su curiosidad.

Bellini todavía conserva aquel recorte que tenía como protagonistas al arquitecto Miguel García y a su colección centrada en faros.

"Empecé a averiguar cómo era el sistema para competir a nivel global, leí los reglamentos específicos de la Federación Internacional de Filatelia (FIF) y vi que era bastante complicado. Se exige determinada calidad de materiales, buscar bocetos, piezas importantes y únicas para mejorar el puntaje en las competencias", comenta.

Acumula más de 20 torneos de filatelia a nivel local e internacional por sus colecciones temáticas tituladas "Mini Morris, el pequeño gigante", y "Las Tortugas, un éxito evolutivo sin- gular".

Participó de la Exposición Filatélica Continental (Exfil 2018) que se hizo en Chile entre el 9 y el 13 de octubre. Concursó con su colección de tortugas y obtuvo la medalla Vermeil Grande. Sacó 89 y le faltó un punto para llevarse la de oro.

novato.

Debutó en el Mundial de Filatelia que se celebró el año pasado en Brasil con buen desempeño: consiguió otra medalla Vermeil Grande y llegó a los 86 puntos.

Se define como un novato en este hobby al que dedica dos horas diarias después de su trabajo formal como veterinario.

Su profesión y su gusto por los reptiles lo inspiraron a crear una primera colección dedicada a las tortugas en 2006.

Estuvo a un punto de lograr la medalla de oro. Foto: Enzo Bellini
Foto: Enzo Bellini

El primer sello que adquirió fue un boceto de Carlos Menck Freire que lleva la firma del dibujante, y tiene carácter de pieza única.

El último proviene de Malí, lo pagó 30 dólares, y es una prueba imperforada, "la etapa anterior a la emisión del sello".

Tiene material filatélico de todos los continentes, incluso de países que ya no existen. Imposible enumerar y calcular pero son miles de sellos, sobres con cartas, y enteros postales. "Antes la gente agarraba un sobre, despegaba el sellito y lo guardaba. Hoy lo más importante es conservar la carta entera porque podés encontrar algo con más valor que el sello. Por ejemplo, una marca especial de un barco que hizo un único viaje, o tuvo un accidente. Esas son piezas que valen", dice.

Bellini tiene un par con historias interesante. Entre sus cartas figura una que salió de Nueva Guinea hacia las Islas Caimán, el primer territorio en emitir sellos con tortugas. Coincidió que la tarifa que pusieron no era la correcta, hubo que agregar sellos de otros países, y esas marcas especiales de 1903 resultaron bastante valiosas.

Se compró un Mini Morris hace un lustro, corre carreras de rally histórico, y su fanatismo por el modelo lo motivó a crear una colección basada en estos autos tres años atrás.

"Hay solo 19 sellos de Mini Morris en el mundo y los tengo todos. También le agregué otras cuestiones sobre historias y tendré alrededor de 100 en esta colección", señala.

Mutación.

Nació en Mercedes, donde vive y ejerce como veterinario. Los primeros sellos que consiguió fueron por cartas que enviaba a las embajadas de los distintos países en Montevideo.

Accedía sobre todo a sellos de Uruguay y Argentina, y si bien conserva aquellos ejemplares por el valor afectivo, "no rinden a nivel competitivo".

Hoy la modalidad de adquisición cambió y todo se consigue a través de internet: Mercado Libre, Ebay, y sitios más específicos como Caphila, Corinphila y Delcampe. "Comprás, pagás y te lo envían por carta", explica.

Se consiguen sellos de un dólar, pero hay piezas únicas a 30 mil, a las que él no accede. A veces compra lotes de diez, se queda con el que tiene una tortuga o un Mini Morris, vende el sobrante, y así se refinancia.

"Pasa como con las obras de arte, pero en vez de adquirir cuadros, se compran sellos caros. Uno de 50 mil dólares en 10 años puede valer 200 mil", dice.

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