UN GRITO DIVERSO

Los muchos feminismos del 8M

La variopinta consigna del Día de la Mujer resonó ayer en una marea de diez cuadras.

Día de la mujer. Foto: Gerardo Pérez.
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Si el año pasado el sonido predominante fue un silencio amargo producto de un femicidio que abrió la jornada, este año se impuso el grito: el colectivo, el individual, el reivindicativo. Si el año pasado el color fue el negro, con pincelazos de violeta, este año todo fue violeta con manchas de varios tonos.

Y si el año pasado el reclamo central, prácticamente único, fue que parasen de matar a las mujeres, este 8 de marzo las proclamas se multiplicaron. Las canciones, las pancartas y los grupos que protagonizaron la marcha, fueron reflejo de que dentro del feminismo, un único movimiento que lucha por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, hay una infinidad de batallas que dar.

Distintas caras en la marcha que ayer partió de Plaza Libertad hasta la UdelaR. Foto: Gerardo Pérez
Distintas caras en la marcha que ayer partió de Plaza Libertad hasta la UdelaR. Foto: Gerardo Pérez

Ayer, poco antes de las 18.30, una multitud comenzó a avanzar por 18 de Julio, para una caminata que se repitió en ciudades de todo el mundo. Las primeras filas estuvieron en Plaza Libertad y la recorrida llegó hasta la explanada de la Universidad de la República, donde se leyó de forma espontánea (sin escenario, sin micrófono, con un par de megáfonos) una de las varias proclamas que había circulado en las horas previas, la de la Coordinadora de Feminismos del Uruguay. El grito de “¡Viva la huelga feminista!” se mezcló entones con el bullicio de los grupos que sobre las 21.00 ya se iban dispersando, y con los tambores de La Melaza que repiqueteaban desde la Plaza de los Bomberos.

Plaza de Cagancha en el #8M. Foto: Tomer Urwicz
Plaza de Cagancha en el #8M. Foto: Tomer Urwicz

La de ayer no fue una marcha del feminismo, sino de los feminismos. Bajo la bandera del 8M cupo el ruidoso silencio que contiene el dolor de Mujeres de Negro, y la algarabía desenfrenada de adolescentes que saltaban al ritmo de: “¡Mujer, escucha, únete a la lucha!”.

El feminismo es uno de esos “ismos” a los que la generalización no le sienta bien. La avenida central de Montevideo fue testigo, un vez más, de una manifestación que año a año se va haciendo más diversa. Ayer estaban los políticos a pura selfie y los anarquistas que bregaban por “la muerte al macho y al Estado”. Estaban las que hacían una cadena con las manos para que los hombres, al menos por una vez, no ocuparan el protagonismo, y estaban las que marchaban junto a sus esposos exigiendo la equidad salarial. Estaban las que grafiteaban algunas vidrieras, amparadas en el anonimato que da una careta y una capucha, y estaban las que desfilaban sin esconder nada, con los pechos al aire, aguantando el frío y gritando que el cuerpo es suyo.

Miles salieron a la calle para reclamar el derecho a la igualdad, para denunciar las injusticias que padecen día a día y para recordar a las que ya no están. Foto: Gerardo Pérez
Miles salieron a la calle para reclamar el derecho a la igualdad Foto: Gerardo Pérez

Estaban todas, y eso se notó en más de diez cuadras de marcha en las que se repartieron decenas de miles de mujeres, una buena cantidad de hombres -más allá de que en los días previos, las organizaciones insistieron en que los hombres no marcharan, o lo hicieran en las últimas filas- y varias figuras políticas. Los precandidatos del Frente Amplio Daniel Martínez, Óscar Andrade y Mario Bergara; la precandidata del Partido Nacional Verónica Alonso, la ministra de Educación y Cultura María Julia Muñoz y la vicepresidenta de la República Lucía Topolansky junto a José Mujica, acompañaron la manifestación. También la precandidata frentista Carolina Cosse.

Estaban todas, unidas por la misma causa, apostando a la fuerza colectiva, pero repartidas en pequeños ejércitos identificados con sus propias remeras, maquillajes, pancartas e incluso formas de manifestarse. El cartel del Colectivo Mujeres en Lucha afirmaba: “Nos quieren sumisas. Nos tienen combativas. Juntas contra el patriarcado y el capitalismo”. El del Encuentro de Feministas Diversas, bordado a mano, enfatizaba: “Juntas somos poderosas”. Los grupos pequeños detrás de los carteles de “Las evangélicas también marchamos contra la violencia de género” y “La fe cristiana nos compromete con la justicia de género” caminaban juntos. Las mujeres murguistas, a cara pintada, paraban su marcha y extendían un letrero rojo de “Sin nosotras no hay carnaval”; hacían ruido, mucho ruido, y de golpe corrían un tramo para después parar, respirar, y repetir la secuencia. Otras barrían las desigualdades con escobas de ramas y hojas; otras bailaban y cantaban que el amor nos guía; otras improvisaban fogatas en la calle y otras, unas pocas, dejaban bombachas manchadas de rojo sangre frente a la Iglesia del Cordón, que no se salvó del ataque (ver nota aparte). A viva voz, un grupo pequeño, pero ruidoso representaba la “Resistencia gorda”, y repartía pegotines contra “la dictadura de la delgadez”.

Día de la mujer. Foto: Gerardo Pérez.
Día de la mujer. Foto: Gerardo Pérez.

Ayer, 18 de Julio fue una vez más, el espacio donde todas las puntas del discurso feminista se encontraron, para dejar en claro que la lucha es por un cambio profundo, de raíz. Si los carteles hablaban de sumisión, de poder, de violencia de género, de diferencias y de estándares de belleza; si los cánticos iban sobre patriarcado, sobre la indiferencia del gobierno o sobre la respuesta colectiva al daño individual, es porque a esta rebelión la hacen un crisol de situaciones perpetuadas a lo largo de la historia.

Ayer, la diversidad fue protagonista, y a medida que uno se metía en esa suerte de marea feminista, los microclimas iban reflejando la variedad de emociones que en la mayoría de los casos, va por dentro. Ahí estaban el enojo más radical, contra el sistema y sus patrones repetidos; el dolor que generan las ausencias, la libertad de poder reclamar por los derechos y, entre tantas cosas, la alegría de no saberse solas.

La iglesia del Cordón, víctima de las radicales

La fachada de la iglesia del Cordón fue, por segundo año consecutivo, la muestra de la cara más radical de la marcha. Ni las vallas amarillas que rodeaban el templo ni los policías escudados en la puerta pudieron frenar el ataque de pintura roja. Las que lanzaron los proyectiles eran tres o cuatro chicas, con buzos negros y grises con capucha, guantes y caretas. Anónimas.

Algunos grupos, los más rimbombantes, alentaron ese vandalismo y les cantaron a los policías que custodiaban la iglesia: “No son obreros / No son trabajadores / son los milicos cuidando violadores”. Pero otras muchas mujeres que marchaban pedían que pararan con el escrache.

La iglesia del Cordón fue vandalizada. Foto: Tomer Urwicz.
La iglesia del Cordón fue vandalizada. Foto: Tomer Urwicz.

La ministra de Cultura, María Julia Muñoz, fue una de esas mujeres indignadas con la actitud de las vándalas. “La manifestación no va por este lado. Con las Mujeres de Negro venimos hace años marchando en forma pacífica. Esto (señala los rastros del atentado) nos parece lamentable”.

En Twitter, la Iglesia católica de Montevideo criticó “un hecho que lamentablemente se repite: bombas de pintura en la iglesia del Cordón”.
El rol que la Iglesia católica le ha dado a la mujer y su oposición a la despenalización del aborto han sido criticados desde el origen del movimiento feminista. Pero también se reprocha en la interna de la propia religión. El colegio católico Santa Elena pidió que la iglesia se revise y reconozca la igualdad de las mujeres: “Hoy nos duele nuestra Iglesia. Porque a la mujer se le ha privado de tener el lugar igualitario que le corresponde”.

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