ODONTOLOGÍA EN URUGUAY

La Facultad que le puso fin al dolor

Hace 90 años se colocó la piedra fundamental y hace 80 que ya estaba en pie el edificio.

La Facultad que le puso fin al dolor .

El oficio más maldito del mundo fue el de sacamuelas, "no sirven sino para despoblar bocas y adelantar la vejez", decía Quevedo en el siglo XVI, cuando los médicos no aparecían aún preocupados por resolver los problemas de la boca y dejaban la tarea a charlatanes que en las plazas convertían en un espectáculo lo único que hacían además de hablar: extraer dientes sin anestesia con una llave pelícano.

La dentistería se mantuvo así despreciada hasta el siglo XVIII y todavía entonces era habitual que los sacamuelas hicieran sus exhibiciones en los pueblos europeos, escoltados por músicos que metían estruendo para silenciar los gritos de los pacientes. Algunos de esos personajes (que "suplantaron" a los clérigos medievales encargados de las cirugías, asistidos ni más ni menos que por barberos) pisaron con su arte las plazuelas coloniales de Montevideo, aunque ya a 30 o 40 años de entrada la república, la modernización comenzaba a proponer otro escenario.

El doctor Pablo Escudero, que fue profesor de Anatomía de la Facultad Odontología y docente de historia, dijo a El País que de esa época "hay múltiples datos de consultorios desparramados por la ciudad" y existía la policía sanitaria para impedir tales prácticas y estar en alerta "a la publicidad que se hacía en los periódicos", a la vez que se conminaba a quienes no tenían título a obtenerlo o revalidarlo.

"Durante la Edad Media, el Renacimiento y aún en los siglos XVII y XVIII era común sí que existieran en Europa dentistas ambulantes que trabajaban en lugares públicos, llevaban frecuentemente animales exóticos, bufones y también se hacían acompañar por bandas musicales, con mucha percusión y vientos para hacer todo el ruido posible y disimular los efectos sonoros indeseados de sus tratamientos. Algunos vestían ropas ridículas, pretenciosas, otros simulaban sacar un diente de la boca del paciente y en realidad eran dientes de vaca, que se veían bien aunque los observadores estuvieran lejos, o peor aún, llevaban en su mano gusanos que luego fingían sacar de la boca de los pacientes", relata el doctor Pablo Escudero, autor de una detallada historia de los orígenes de su profesión por estas tierras.

Diente a diente.

La Escuela de Odontología funcionaba desde 1916 en parte de lo que hoy es la Facultad de Química, un lugar adecuado al principio pero insuficiente poco después al aumentar la matrícula, y debido también a las mejoras en la enseñanza. Diez años más adelante, en 1926, se decide edificar el Hospital de Clínicas, el Instituto de Higiene y el edificio para la Escuela de Odontología.

"Se piensa ubicarla en un terreno cercano a la Facultad de Medicina y hasta se elabora un primer juego de planos a cargo del arquitecto Lerena Acevedo. Pero no convence el terreno y al no encontrar otros en las cercanías, la plana mayor de la Escuela sale a buscar por Montevideo", cuenta Escudero.

Así es que descubren un predio en Arenal Grande y Dante; se intenta comprar, sus dueños piden más que el valor de mercado, se apunta a la expropiación y finalmente consiguen adquirirlo.

Hace 90 años, el 27 de mayo de 1928 es colocada la Piedra Fundamental del nuevo edificio y en diciembre se llama a un concurso de proyectos. El ganador es el presentado por los arquitectos Juan Antonio Rius y Rodolfo Amargós.

"Pero antes de comenzar las obras ocurre la visita de C.C. Burlingame, experto estadounidense en edificaciones universitarias de salud. Este aconseja que la Facultad (ya había pasado de ser Escuela a Facultad) debe estar asentada en el mismo predio que el Hospital de Clínicas, creando un polo de edificios de la salud".

El puente.

En 1930, la Facultad de Odontología aprueba este cambio y es elegido el emplazamiento actual. Se suceden algunos intentos para ceder un piso entero a la Facultad por parte del Hospital de Clínicas, "que son rechazados con gran inteligencia por el doctor Negrotto, decano en ese momento", explica Escudero.

Finalmente en 1936 se encarga al arquitecto Rius un nuevo proyecto y la obra es licitada, adjudicándose a la empresa Adolfo Shaw. La edificación prácticamente se concluye en 1938, hace 80 años, pero falta el equipamiento.

"El comienzo de la Segunda Guerra Mundial complica las cosas porque los equipos, en gran parte, eran alemanes, y sus barcos ya no surcaban el océano con tranquilidad. Pero la embajada británica intermedia para asegurar que lleguen".

El 12 de julio de 1940 se inaugura oficialmente el edificio de la Facultad; "era el último día de Sartori como decano y además, circunstancialmente, era el Rector interino de la Universidad. Justicia Divina le dirán unos, casualidad otros", comenta Pablo Escudero.

El edificio original contaba con 6.700 metros cuadrados y actualmente, producto de varias ampliaciones, cuenta con 10.400 metros cuadrados.

En un trabajo del arquitecto Marcelo Roux y equipo de 2015 (Anticipaciones: dos máquinas en sombra) se afirma que "de la perspectiva del proyecto que obtiene el primer premio del concurso a cargo de los arquitectos Rius y Amargós, se observa que la propuesta original tenía un mayor talante expresionista que la construida, y de hecho fue elogiada por Le Corbusier en su visita a Montevideo en el año 1929".

En el fallo del jurado de aquel concurso se sostenía que "las ventajas del primer premio están concretadas en su buena composición general, diferenciación y agrupación de funciones, comodidad, facilidad de funcionamiento y adaptación al terreno".

La dirección de la obra fue entonces encomendada a los autores del proyecto premiado, debido a "la urgencia con que se necesita este nuevo edificio". Ellos "se han puesto inmediatamente a confeccionar los planos definitivos, de manera que pronto contará esa Facultad con el local que su rápido crecimiento y constante progreso le exigen imperiosamente".

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados