LA MARCHA DE LA PANDEMIA

Estudian flexibilizar las visitas a residenciales para el Día de la Madre

El Día de la Madre es para los residenciales de adultos mayores uno de los días de mayor movimiento: entradas de visitas y salidas de residentes que van a pasar la jornada a la casa de sus hijos.

En los residenciales de adultos mayores ya recibieron su segunda dosis de Pfizer. Foto: Estefanía Leal
En los residenciales de adultos mayores ya recibieron su segunda dosis de Pfizer. Foto: Estefanía Leal

El Día de la Madre es para los residenciales de adultos mayores uno de los días de mayor movimiento: entradas de visitas y salidas de residentes que van a pasar la jornada a la casa de sus hijos. Pero la pandemia del COVID-19 puso en jaque ese ritual y por eso el Ministerio de Salud Pública (MSP) estudia ahora la viabilidad de flexibilizar los reencuentros.

La decisión se parece mucho al escenario de la reapertura de las escuelas: por un lado, Uruguay atraviesa la peor fase de la epidemia, ayer se superó el acumulado de 2.500 muertes con COVID-19 y el grupo de científicos que asesora al gobierno dijo, en un informe publicado ayer, que no es esperable” que en mayo las vacunas puedan bajar casos y que el país está en una “situación muy grave”.

Pero por otro lado, el impacto emocional de tantos meses de encierro y casi nulo contacto de los residentes con sus familiares está constituyendo lo que la geriatra Natalia Lladó llama “una segunda pandemia dentro de la pandemia”.

Para complejizar aún más la decisión, en el 99,3% de los residenciales de Montevideo ya se han vacunado. De todas formas, no necesariamente los visitantes están inmunizados y, de estarlo, hasta el momento no hay una evidencia fehaciente que indique que la vacunación evita la transmisión viral.

Vacunas de Pfizer y BioNTech. Foto: Retuers.
Vacunas de Pfizer y BioNTech. Foto: Retuers.

La posibilidad de flexibilizar las visitas para el Día de la Madre estuvo a estudio esta semana en la comisión asesora de vacunas. Tras una breve discusión, los médicos y científicos participantes entendieron que no era competencia de ese grupo científico la determinación de una política para la que carecen de la evidencia que les permita adoptar un criterio. En particular, porque aquellos países que ya han flexibilizado las visitas a residenciales lo hicieron en un escenario epidemiológico más controlado que el que atraviesa Uruguay, en tanto que la vacunación era una garantía extra.

Los adultos mayores -y con mayor énfasis algunos de los que viven en residenciales que suman patologías geriátricas, cognitivas y otras comorbilidades- son quienes presentan más riesgo de contraer una enfermedad grave ante una infección del nuevo coronavirus.

El 22 de abril de 2020 se notificó el primer caso positivo en un residencial (un paciente de 91 años) y desde entonces han fallecido cerca de 185 residentes. A fin de año representaban un sexto de las muertes con COVID-19 en Uruguay. A comienzos de abril eran la octava parte. Y ahora menos de la décima.

Pese a la mejora en los guarismos de defunciones, estos establecimientos no están exentos de brotes. De hecho, en su última comparecencia ante el Parlamento, las autoridades sanitarias señalaron que había 87 brotes en residenciales (el MSP define un brote la ocurrencia de dos o más casos confirmados en un lugar).

Esa combinación de espacios cerrados y de población de riesgo ha hecho que durante casi un año las visitas se hayan restringido al mínimo. En la actualidad rige cierta flexibilidad que fue aquella autorizada en las fiestas de fin de año: visitas cortas, en lo posible en espacios al aire libre, con medidas de protección y distancia.

Ayer la Sociedad Uruguaya de Gerontología y Geriatría emitió un comunicado en el que consideró que, pese a la vacunación, convendría continuar con el régimen de visita actual. En la misiva, esa sociedad científica sugirió que los visitantes informen si han recibido las dos dosis contra el COVID-19, a excepción de los menores de 18 años, que deben avisar cualquier posible exposición de riesgo. También se llama a los visitanes a no compartir objetos, a no permanecer más de media hora y a evitar sacar los residentes de los establecimientos.

“Es difícil porque estamos acostumbrados que el Día de la Madre es de celebración en una casa, de un almuerzo conjunto, pero esta vez no es recomendable y es preferible una visita corta en el propio residencial”, explicó Lladó.

Lo bueno de la vacunación, en este caso de residentes y visitantes, es que se permite el “contacto físico por períodos cortos”. Eso, dijo la geriatra, “es importante ante una población que está demostrando altos niveles de angustia y depresión”.

Lladó sugiere que, si la locación lo permite, sería deseable que los residenciales habiliten un espacio cerrado y bien ventilado de uso exclusivo para las visitas. “En verano se podía hacer los encuentros al aire libre, pero ahora, con la entrada del frío, se hará cada vez más difícil mantener ese régimen”.

Las particularidades de los establecimientos no siempre lo permiten. En la comparecencia parlamentaria, la subdirectora de Salud, María Luján Giudici, contó que un residencial de Montevideo “no abrió las puertas a los vacunadores y tres habían cambiado de dirección y no comunicaron” a las autoridades.

Hubo otros diez residenciales a los que no pudieron acceder los vacunadores en fecha, pero porque se estaba a la espera de los resultados de hisopados. Algo similar ocurrió en el interior, donde la vacunación avanzó un poco más lenta en este tipo de establecimientos de larga estadía.

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