EFECTOS COLATERALES

Por la epidemia del coronavirus se llenó el campo de familias citadinas

La decisión familiar de salir de la ciudad es similar a la que otras generaciones de uruguayos tomaron en otros tiempos de epidemias o crisis sanitarias.

Las casas de campo volvieron a estar habitadas. Foto: Archivo El País
Las casas de campo volvieron a estar habitadas. Foto: Archivo El País

El COVID-19 cambió el paisaje del campo uruguayo, en particular en horas de la noche. Desde el 13 de marzo la mayor parte de las viviendas rurales están iluminadas. Otro tanto viene ocurriendo en los balnearios. Muchos propietarios de casas cercanas a las playas encontraron refugio cerca del mar.

La decisión familiar de salir de la ciudad es similar a la que otras generaciones de uruguayos tomaron en otros tiempos. La historia recuerda las salidas masivas durante las epidemias de los años 1857 y 1871. En aquel tiempo miles de personas se instalaron en las estancias y en las casas quinta del Miguelete y el Prado. En el campo se prohibía el acceso de toda persona a caballo o en carreta, en casos de extrema necesidad se debía ingresas caminando, durante varias leguas, para demostrar el buen estado de salud.

Una de las ventajas del mundo rural es que las posibilidades de acceder a los alimentos está más a la mano. Sin embargo, hay que tomar en cuenta la distancia de los centros asistenciales. De hecho, muchas familias tienen resuelto que si se aprueba la cuarentena obligatoria volverán a las ciudades.

“Es como en los tiempos de nuestros abuelos, el virus repobló la campaña”, apunta Santiago, un productor de Marmarajá en Lavalleja, cerca del límite con Maldonado. Familias enteras dejaron la ciudad para ir a pasar lo que dure la epidemia al aire libre.

En campaña es muy difícil aburrirse. “Siempre hay cosas para hacer, nosotros acondicionamos la casa que estaba venida a menos y nos vinimos cuando dijeron que los gurises no iban a tener más clases”, contó Laura desde una estancia cercana a Fraile Muerto en Cerro Largo.

Eduardo se jubiló hace poco, logró vender su empresa y se dispuso a disfrutar de la tranquilidad del tiempo laboral. Así lo encontró la epidemia. Su esposa tiene algunos problemas de salud y está dentro de las personas con más riesgo.

No lo pensó dos veces. Cargó su coche de víveres y se fue para la casa de campo. “Acá no preciso nada, tengo carne, verduras, peces en el tajamar, dos escopetas, un revólver y una bolsa llena de balas. Acá nos vamos a quedar”, dijo el reciente jubilado.

Mientras tanto, Jorge Simeone, presidente de la Corporación Turística de Rocha, confirmó a El País un incremento en el uso de las viviendas de veraneo a partir de la crisis sanitaria. El empresario mencionó que la mayor parte de los operadores de la zona resolvió cerrar sus establecimientos o reducirlos.

“Hemos recibido consultas de personas que quieren venir a pasar la cuarentena a nuestros balnearios, les hemos respondido que no es posible, que por ahora no podemos. La Corporación se suma al pedido de que todo el mundo se quede en sus casas”, destacó el empresario.

Por otro lado, apuntó que hay cierta “resistencia” por parte de los comerciantes con respecto a las personas que se han instalado en la zona desde que comenzó la crisis sanitaria. “Queremos resguardar nuestro lugar, ya vendrán tiempos mejores”, dijo.

Otros operadores, que prefirieron no ser identificados, dijeron que no van a arrendar debido a los problemas logísticos que podría deparar un brote en la zona balnearia.

“Estamos muy lejos de los hospitales que cuentan con respiradores, cualquier traslado puede llevar más de una hora. Sería un desastre humanitario si se producen varios casos al mismo tiempo en esta zona, no habría forma de atenderlos”, dijo un operador.

Por otro lado, Villa Serrana y Marco de los Reyes en Lavalleja fueron cerrados por decisión de la Intendencia Departamental. Un residente en Villa Serrana dijo que la mitad de los pobladores está dentro del grupo de y que “varios” propietarios se instalaron.

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